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LA LIGA, EN EL AIRE

El Barcelona ganó a un desmotivado Real Madrid

Se han salvado. Al menos, por una semana. Y quien sabe si, a partir de ahora, remontarán el vuelo. El Barcelona ganó anoche, sufriendo durante los últimos minutos, a un desangelado Real Madrid, que salió a no perder, volvió a dar muestras de su fragilidad defensiva y mantiene intactas sus aspiraciones ligueras, aunque no haya ganado ni uno solo de los cuatro encuentros que le han enfrentado a los azulgrana. El conjunto barcelonista consiguió en el primer tiempo una ventaja suficiente (2-0), sobre todo teniendo en cuenta las pocas ganas de vencer que traía el Madrid y la desafortunada tarde-noche de Butragueño. Roberto abrió el marcador con el segundo penalti del campeonato, ocho meses después de que le señalasen el primero en Palma. Lineker dejó sentado a So lana y marcó la diferencia. Y Hugo sorprendió a Zubizarreta. Eso fue casi todo. Aunque buena parte de la gent blaugrana pensara que esta victoria era engordar para morir, lo cierto es que les sirvió para derrotar al único rival que les interesa doblegar, al Real Madrid.Algún día, alguien le pasará cuentas a Beenhakker. De momento, ha perdido la Copa de Europa y anoche, en un Camp Nou accesible, donde no hubo lleno ni mucho menos, donde se palpaba la tragedia, su equipo salió a contemporizar, a verlas venir, a empatar, tal vez pensando que es mucho más fácil ganar en Sarrià y derrotar a Spórting, Mallorca, Zaragoza y Español, que sacar provecho del Camp Nou. Y, claro, se equivocó. Los que siete días antes habían visto aquel portentoso Madrid, que ofreció el mejor espectáculo del campeonato en can perico, partiéndose el alma hasta el tiempo de descuento, sufrieron una gran decepción al comprobar que la gente de Mendoza cree haberlo hecho ya todo en este campeonato.

Los inventores del miedo escénico no supieron aprovechar el susto que todo barcelonista llevaba en el cuerpo. Los jugadores temían fracasar de nuevo. Los aficionados se negaban a asistir a la fiesta blanca. Los directivos sufrían ante la posibilidad de tener que abandonar el Camp Nou por el ascensor de servicio. Terry Venables se jugaba la renovación. Pero Beenhakker decidió esperar tiempos mejores, rivales más fáciles y escenarios menos majestuosos. Algún día, alguien le pasará cuentas a don Leo. No es justo ni esperable que el líder, el posible campeón, el favorito, tenga miedo a perder. Aunque vista esa defensa con marcajes individuales -primero Sanchis-Archibald y Solana-Lineker, luego Solana-Archibald y Mino-Lineker-, situada en línea y con la increíble novedad del libre incrustrado en esa raya, no es de extrañar que los dos británicos se escaparan siempre por piernas.

Los barcelonistas salieron excitados, motivados, pero nerviosos. Quisieron repetir aquellos dos goles relámpago de Lineker, aunque esta vez tenían suficiente con un gol más. Durante 54 minutos, todas las oportunidades fueron barcelonistas. El incansable trabajo de Calderé y Víctor, la sabiduría de Roberto, que jamás llegará a ser Schuster pero lo intenta, y la búsqueda desesperada del espacio libre de los británicos eran el anuncio de múltiples ocasiones. Calderé (m. 6), Migueli (8), Archibald -qué gol perdió, totalmente solo (9)-, Roberto (17) y Víctor (20) fueron la antesala del penalti.

Lograda la ventaja, el Barcelona se dejó querer. Se dieron cuenta de que este Madrid guardaba su pólvora para futuras confrontaciones. Beenhakker, que al final pareció echar la culpa a los suyos por no jugar mejor el primer tiempo, decidió adelantar las líneas y, justo el día que Hugo decidió volver a la vida, desapareció Butragueño. La segunda parte fue un quiero y no puedo del Madrid, donde un maltratado Michel -recibió todas las patadas del mundo- no lograba repetir el partidazo de Sarriá, Jankovic deambulaba sin demasiado sentido, Gordillo desaparecía al final y Martín Vázquez, maravilloso al inicio, acabó difuminado. Fue un segundo tiempo anodino que únicamente sirvió para que Beenhakker se arrepintiese de no haber salido a ganar desde el primer momento, pues cuando su equipo apretó, el caos, los despidos, ceses y lamentaciones volvieron a sobrevolar el Camp Nou.

El Barcelona había hecho todo el desgaste del partido, como era su obligación. Ganaron al Madrid merecidamente y mantienen una remota opción al título. El Real se enteró anoche de que éste era el último encuentro que podía jugar al empate. A partir de ahora, el miedo también le acompañará allí donde vaya.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de mayo de 1987

Más información

  • Roberto abrió el marcador con el segundo penalti del campeonato a favor de los azulgrana