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Un psiquiatra proporciona simples analgésicos para combatir el 'mono'

Luis Aliño Díaz-Terán, psiquiatra, proporciona a los toxicómanos que acuden a su consulta un frasco con 12 cápsulas, grandes y de color rojo. El precio de las cápsulas, más un remedo de consulta psiquiátrica, asciende a 5.000 pesetas, según han declarado a este periódico varios de sus pacientes, que saben que están siendo explotados económicamente, aunque siguen acudiendo a la consulta para combatir el mono. Tanto las cápsulas, que no están registradas en Sanidad, como el hecho de que el médico las proporcione directamente al paciente han sido considerados como ilegales por fuentes de dicho ministerio.

Los toxicómanos consultados por este periódico, pacientes del doctor Aliño, afirmaron que este tipo de prácticas es mucho más frecuente de lo que se cree, y que el colegio de médicos, en el que impera un fuerte sentimiento corporativista, nunca ha tomado cartas en este tipo de asuntos. Primero fue con la metadona. "Muchos médicos se forraron facilitando recetas de metadona a los toxicómanos. Cuando el uso de la metadona se reguló", dicen los drogadictos, que prefieren no ser identificados, "han buscado otras vías".El negocio existe porque hay miles de adictos que por diversos motivos no quieren o no pueden recurrir a métodos de curación más drásticos, que les exigen un terrible esfuerzo personal y que, además, no son inmediatos y tienen que sufrir listas de espera.

"Con los médicos particulares no hay problema. Te recetan o te dan los medicamentos, se los pagas y en paz. Aliño dijo alguna vez que su medicamento no es español, que lo importa del extranjero", añadió uno de los toxicómanos en cuestión. "De todas formas, el precio es demasiado caro", terminó un joven en tratamiento, así que ahora intento conseguir frascos de otro medicamento similar en las farmacias. Te hace el mismo efecto, aunque tengas que tomar dos cápsulas a la vez, y vale menos de 300 pesetas".

La consulta del doctor Aliño se encuentra en el número 20 de la calle de Ayala. La sesión psiquiátrica, siempre según las manifestaciones de los toxicómanos, se reduce a una charla bastante trivial durante unos minutos. A continuación, el psiquiatra saca del cajón de su mesa un frasco pequeño, redondo, que contiene 12 cápsulas rojas de buen tamaño. El frasco no lleva envase, ni mención del nombre del medicamento, ni número de registro de Sanidad, ni prospecto con la posología, contraindicaciones o medidas a adoptar en caso de intoxicación, como es preceptivo en todos los medicamentos autorizados por Sanidad, los únicos que pueden ser administrados.

Síndrome de abstinencia

El paciente tampoco recibe ningún recibo por el precio de la consulta y del medicamento, que se eleva a 5.000 pesetas cada vez. Cuando se acaban las cápsulas, el paciente vuelve a la consulta y la historia se repite indefinidamente. Los toxicómanos consultados reconocen que no han dejado la drogadicción y que la adquisición de las cápsulas va dirigida fundamentalmente a precaverse contra los posibles síndromes de abstinencia.Un portavoz de la Unidad de Alimentación Sanitaria y Consumo del Ministerio de Sanidad afirmó que las prácticas del citado psiquiatra no son legales. En cuanto al suministro del medicamento, en cuestión, porque si no lleva envase, registro de Sanidad y nombre del producto, "es obvio que se le puede llamar clandestino. Incluso si fuera un medicamento importado tendría que haber sido adquirido a través del departamento de Medicación Extranjera. Por otra parte", añadió la fuente informativa, "los médicos no pueden dar medicamentos directamente a los pacientes. Su obligación es extender una receta y que luego el paciente compre el producto en una farmacia".

Luis Aliño reconoció que las cápsulas rojas son un simple analgésico, así como que la reglamentación sanitaria estipula que los medicamentos sólo pueden adquirirse en las farmacias. "Si se las proporciono directamente", afirmó, "es para evitar que puedan darse casos de tráfico de recetas, como ocurrió en su día con la metadona". Aliño afirmó que la cantidad cobrada incluye también la consulta.

"Al margen que con este tipo de pacientes no se puede hablar de caro o barato. Yo, y muchos otros compañeros de profesión, sufrimos una verdadera presión por parte de los toxicómanos y sus familias, que acuden a las consultas en estado de gran excitación y angustia y buscan y necesitan una solución rápida. Son las deficiencias de la administración sanitaria las que han arrojado sobre los médicos la atención inmediata a los pacientes".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de mayo de 1987

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