Dos muertos de un tiro en la sien en el hotel Meliá Princesa

Los cadáveres de Antonio Sánchez Bravo, de 54 años, y Antonio Ramírez Guanche, de 41, ambos con un balazo en la sien derecha, fueron encontrados ayer hacia las 19.15 en la habitación 1103 del hotel Meliá Princesa por el director gerente, Javier Perales.Antonio Sánchez Bravo era natural de Fuenteovejuna (Córdoba), y Antonio Ramírez Guanche, de Las Palmas de Gran Canaria.

Los dos hombres ocupaban esa habitación, para dos personas y situada en la planta 11ª del hotel, desde hace dos días. Ambos residían habitualmente en Estados Unidos, de donde llegaron recientemente, según consta en sus pasaportes, informó la Jefatura Superior de Policía.

Los cuerpos, que aparecían desnudos en la cama, tapados parcialmente con una sábana y en posición de decúbito prono (echados sobre el vientre), presentaban sendas heridas de bala en la sien derecha, y Antonio Ramírez tenía un revólver en su mano derecha, según la misma fuente.

El Meliá Princesa, uno de los nueve hoteles de cinco estrellas de la capital, con 12 pisos y 1.230 habitaciones, está situado en la calle de la Princesa, número 27, en el distrito de Moncloa.

Agentes del Grupo de Homicidios de la Brigada Regional de Policía Judicial de Madrid se han hecho cargo de las investigaciones. Hacia las ocho de la tarde, el juez de guardia, Carlos Valle, titular del Juzgado de Instrucción número 14, procedió al levantamiento de los cadáveres.

Un furgón trasladó a continuación los dos cuerpos al Instituto Anatómico Forense, donde hoy les será practicada la autopsia por Juan José Carrasco Gómez, forense del Juzgado número 14.

Silencio total

Ningún empleado del hotel quiso anoche facilitar información de ningún tipo sobre el suceso, alegando desconocer totalmente detalles y la ausencia del director gerente y el encargado de relaciones públicas.El hermetismo del personal de recepción llegaba hasta el extremo de declarar que desconocían si los fallecidos eran o no clientes habituales del establecimiento.

En la planta 11ª, donde ocurrieron las muertes violentas, la habitación 1103 estaba cerrada y sin precinto visible hacia las 21.45. No se observaba la presencia de personal de servicio en la planta, cuyos pasillos aparecían desiertos y tranquilos. Un cuarto de hora después, sin embargo, la presencia de los servicios de seguridad impedía a los informadores el acceso al piso undécimo.

El ambiente distendido que reinaba en el hotel a esa hora hace suponer que el levantamiento de los cadáveres pasé inadvertido para la generalidad de los clientes y visitantes.

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