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Veintiún heridos en nuevos enfrentamientos con la Guardia Civil en Reinosa

Veintiuna personas resultaron heridas ayer en Reinosa como consecuencia de nuevos enfrentamientos entre vecinos de la localidad cántabra y la Guardia Civil. Los incidentes se originaron cuando varios cientos de personas impidieron durante varias horas la normal circulación de trenes y vehículos rodados. Los manifestantes originaron un caos ferroviario, con seis trenes detenidos a varios kilómetros de la población cántabra. Tres heridos, de carácter grave, con fractura de tobillo, fueron evacuados a Santander.

Según Joaquín Durán, médico del ambulatorio de la Seguridad Social en Reinosa, 21 vecinos necesitaron asistencia, si bien, sólo tres revisten caracter de gravedad, porque sus lesiones tardarán más de un mes en curar. En los tres casos se trata de fracturas de tobillo producidas, al parecer, en carreras durante los disturbios. Cecilio Fernandéz González, de 38 años, José M. Fernández Corada y Angelines Cuevas Pérez, ambos de 39 años, sufrieron idéntica lesión y hubieron de ser trasladados a la residencia de Valdecilla en Santander.Aproximadamente a las cuatro de la tarde de ayer, varias decenas de trabajadores se apartaron de su concentración habitual en los jardines de Cupido para desplazarse hasta la estación cercana de Renfe, donde procedieron a arrastrar un vagón mercante situado en una vía muerta, hasta la vía principal, convirtiéndolo en barricada para conseguir que el Talgo, cuya llegada camino de Madrid se esperaba minutos más tarde, quedara retenido.

Unos 50 guardias civiles, equipados con material antidisturbios, que aún no habían retornado a sus bases se concentraron en la estación tras abrirse paso mediante disparos de pelotas y botes de humo sobre numerosos grupos de vecinos. Para entonces, Renfe había tomado la precaución de detener el Talgo (12 unidades, unos 80 viajeros) en la estación próxima de Lantueno, a ocho kilómetros, mientras un grupo de operarios del ferrocarril se, desplazaba hasta el cercano paso a nivel de Matamorosa, donde estaba volcado el vagón, a fin de tratar de restablecer el tráfico. Otros piquetes intentaban, simultáneamente, levantar los carriles, y rechazaban a la fuerza pública con lanzamiento de piedras, bolas de rodamiento y otros proyectiles.

Tres horas después del estallido de estos nuevos brotes de desorden, la situación permanecía invariable en Reinosa: la fuerza pública protegía la vía, y repelía, con los medios ya descritos, a centenares de jóvenes trabajadores y vecinos situados en las calles adyacentes a la estación. Unas 700 personas que no participan en las refriegas, localizadas en ambas orillas de la vía férrea, avanzaron pacíficamente por la avenida principal hasta la plaza de España, donde se alza el Ayuntamiento. Por los servicios de megafonía de dos helicópteros, al filo de las siete de la tarde, fueron invitadas a retornar a sus casas, aunque muchas de ellas decidieron esperar acontecimientos en los soportales cercanos, mientras se dejaba sentir un frio invernal.

A las diez de la noche, el Talgo Madrid-Santander estaba detenido en Mataporquera y Renfe aseguraba que llegaría a la capital, pero sin poder precisar el retraso total.

Numerosos refuerzos

Los disturbios habían comenzado realmente con una inofensiva cacerolada protagonizada por gran parte de la población entre las 22.30 y las 23.15 del viernes, mientras, simultáneamente, en los pueblos de la comarca se golpeaban las campanas de las iglesias. Bajo una temperatura inferior a cero grados y chispeando nieve, los reinosanos convirtieron durante largos minutos su ciudad en una tremenda bulla. Numerosos vehículos haciendo estrepitoso uso de sus cláxones recorrieron el casco urbano.

[Fuertes contingentes de las unidades antidisturbios de la Guardia civil, informa Efe, fueron enviados anoche a Reinosa, para reforzar a los miembros del cuerpo que se encuetran en esta localidad, según fuentes del propio cuerpo. Los refuerzos proceden de León y Madrid y trasladan material antidisturbios, así como varias tanquetas].

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de abril de 1987

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