Cartas al director
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Miajadas

Hace ya mucho tiempo que no leo los artículos que publica en su periódico Rosa Montero, a quien no tengo el gusto de conocer. Hoy, sin embargo, 21 de febrero, lo he hecho con el titulado Honor. No volveré a caer en semejante debilidad. Lo que esa señorita dice podría haberlo dicho de manera decorosa y civil, pero, al parecer, su fuerza comunicante se basa en la procacidad, el insulto y la descalificación individual y colectiva de aquel o aquellos con quienes está disconforme. Da la impresión de que esperase este comentario por parte de sus amigos y conocidos: "¡Qué barbaridad! Es tremenda esta Rosa Montero", tal como podría decirse respecto de la fuerza de un lanzador de barra o del niño deslenguado que rompiera, hace cosa de tres cuartos de siglo, con las reglas de urbanidad del entonces titulado Juanito.La lectura del mencionado artículo ha tenido para mí una compensación: la de recordar con mucha simpatía la villa de Miajadas (Cáceres), de gente laboriosa, convivente y cortés, entre quienes estuve hace cosa de cinco años.- Escritor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 26 de febrero de 1987.

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