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El general Díez-Alegría falleció ayer en Madrid de un cáncer de próstata

El teniente general del Ejército Manuel Díez-Alegría, de 80 años, en situación de reserva, falleció ayer sobre las 18.45 en la policlínica Naval de Madrid, donde había ingresado el pasado 8 de enero afectado por un cáncer de próstata. Hacia las ocho de la tarde se instaló la capilla ardiente con los restos mortales del teniente general en la misma policlínica.

Nada más conocerse la noticia del fallecimiento del teniente general, los Reyes de España enviaron un telegrama de condolencia a la viuda del militar, Concepción Frax. Entre las personalidades que acudieron a la capilla ardiente se encontraban el jefe de la Casa Real, Marqués de Mondéjar; el jefe del Estado Mayor del Ejercito, teniente general Miguel Iñiguez del Moral; el ex ministro de Defensa, teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, y el presidente del Consejo General del Poder Judicial, Antonio Hernández Gil.Gutiérrez Mellado, que permaneció en la capilla ardiente durante más de una hora, señaló, al abandonar la políclinica, que la muerte de Díez-Alegría representa "una pérdida de primer orden para España y el Ejército. Era un general que dio mucho prestigio a las Fuerzas Armadas y a nuestro ejército, en todo el mundo, también en el mundo civil. Como persona tenía unas cualidades humanas muy difíciles de superar", subrayó el ex ministro de Defensa.

A las 13 horas de hoy se celebrará en el citado centro hospitalario una misa de corpore insepulto por el fallecido a la que está previsto que asistan las primeras autoridades del Ministerio de Defensa y altos mandos militares. El entierro está previsto para mañana jueves.

El ministro de Defensa, Narcís Serra, declaró, tras conocer el fallecimiento del teniente general Díez-Alegría, que éste rindió en su vida importantes servicios a España y que era un hombre "fiel a sus ideas y coherente con ellas". Por su parte, Manuel Fraga calificó al fallecido como "un hombre extraordinario tanto por lo que ha hecho, como por lo que ha dicho, como por lo que no le dejaron hacer". También expresaron su pesar por la muerte de Díez-Alegría, entre otros, Óscar Alzaga, presidente del PDP; Agustín Rodríguez Sahagún, portavoz del CDS en el Congreso; y Pedro Laín Entralgo, presidente de la Real Academia de la Lengua, a la que el fallecido pertenecía desde enero de 1980.

El teniente general Díez Alegría, en la etapa final del franquismo se caracterizó por actuar públicamente con un talante abierto y liberal que le valió la simpatía de los círculos más progresistas de la sociedad española.

En junio de 1974, tras un viaje a Rumania, Manuel Díez-Alegria fue cesado como jefe del Alto Estado Mayor del Ejército. Era considerado como un liberal, y a menudo, como un posible líder político de los años de la transición.

Aunque comenzó su carrera militar durante la guerra civil, era juzgado por la ultraderecha como demasiado intelectual. Los ultras le reprochaban su toma de posición pública en favor de las medidas de clemencia hacia los objetores de conciencia, así como las medidas de precaución que tomó contra los excesos posibles de la extrema derecha tras la muerte del presidente Carrero Blanco.

En su libro Ejército y Sociedad, sostenía que el Ejército "es un órgano del Estado que debe ser un instrumento de todos los ciudadanos.

El Ejército no debe imponerse a ellos, sino que si el Gobierno decide servir los intereses de un grupo social en detrimento de los derechos de los ciudadanos, el Ejército tiene la obligación de restaurar estos derechos".

Por otra parte, en 1975, en su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, exponía la filosofía, el pensamiento, que habían inspirado sus continuos trabajos para poner en orden la maquinaria militar española, esfuerzos que él había iniciado cuando fue director del Centro de Estudios Superiores de la Defensa Nacional (CESEDEN), y que trató de poner en vigor siendo jefe del Alto Estado Mayor, bajo la dirección del almirante Carrero Blanco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de febrero de 1987