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Luis Fernando Gómez Vizcarra

Instructor de la nueva fase del sumario sobre Banca Catalana

El pasado viernes, el magistrado Luis Fernando Gómez Vizcarra, titular del Juzgado número 12 de Barcelona, se convirtió en el nuevo instructor del sumario sobre Banca Catalana. La designación se hizo por sorteo, en el que participaron los 23 juzgados de instrucción de Barcelona, representados por otras tantas bolas de madera en una bolsa de tela roja. La delicada operación se celebró en el Decanato de los Juzgados de Instrucción ante numerosos jueces y con la expectación de periodistas y abogados, que esperaban al otro lado de la puerta. Al acabar el sorteo, un empleado salió al pasillo y a media voz exclamó: "El doce". Al unísono, los restantes 22 jueces de instrucción, así como los defensores de los ex directivos implicados en el sumario de Banca Catalana, suspiraron con alivio.

Luis Fernando Gómez Vizcarra, natural de Huesca, tiene 48 años, de los que 22 los ha dedicado a la administración de la justicia. Se incorporó a su actual puesto en Barcelona, el Juzgado de Instrucción número 12, hace ocho años, siendo actualmente el instructor con más antigüedad en el puesto en la capital catalana.Gómez Vizcarra es un hombre discreto al que no le apasiona la Prensa. Suele contestar con evasivas a los periodistas. No se le conocen afinidades políticas, pero se le incluye en la lista de funcionarios etiquetados con las referencias de "profesional" y "conservador".

Se trata de un juez que medita de forma prolongada sus decisiones importantes, como si no le importara el tiempo ni las presiones sociales. Su mesa de trabajo acostumbra a estar siempre limpia, sin un papel. Invita a la reflexión.

En esa línea, desde hace tres años trabaja y reflexiona sobre una complicada causa que tiene como protagonista un subastero arrepentido, José María Humbert, que le entregó una larga confesión denunciando las corrupciones cotidianas de los juzgados. Hasta ahora el juez sólo ha procesado al confeso.

Gómez Vizcarra también instruye las diligencias abiertas contra el jefe de los servicios de información de la Guardia Urbana de Barcelona, Fulgencio Ros, quien, al parecer, el 16 de julio de 1985 hirió de bala a un marroquí. Desde entonces, éste se encuentra hospitalizado e inválido, pero hasta el momento el juez no ha resuelto aún sobre la petición de procesamiento presentada contra el funcionario.

Por su mesa pasó también una querella criminal por presuntas injurias interpuesta por un ex responsable del grupo de homicidios de Barcelona, el inspector Emilio Monge, contra Luisa Conill, condenada a 37 años de cárcel por el secuestro y asesinato de una niña en Canovelles. La querella -entablada a raíz de unas declaraciones de la homicida a Televisión Española asegurando que había sido objeto de torturas y presiones durante su interrogatorio policial- acabó en el Juzgado de Terrassa, adonde la remitió el juez Gómez Vizcarra, que se consideró "no competente".

El habitual comportamiento social, discreto y cordial de este juez se truncó, sin embargo, en una ocasión, en marzo de 1985, después de una conversación telefónica subida de tono, cuando envió a la cárcel durante un fin de semana a una empleada del Servicio Municipal de Pompas Fúnebres de Barcelona por supuesta denegación de auxilio a la justicia, por negarse ésta a localizar a un forense para que certificase las causas de un fallecimiento. Dos días después decretó su libertad.

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