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La cueva en que murieron tres niños en Huelva había sido tapada con tablones y arena

La cueva de Huelva donde fueron encontrados, la noche del pasado jueves, los cadáveres de los niños Jesús Carrasco Guerrero, Javier Martín Pérez y José Antonio Narváez Toscano, todos de 10 años de edad, había sido tapada desde el exterior con tablones de madera y arena, según confirmó el comisario jefe de la Policía Nacional de Huelva, quien no descartó la intervención de terceras personas en el suceso. Debido a ello, continúan las investigaciones iniciadas por el Juzgado de Instrucción número 3 de la capital onubense.

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Todos los indicios parecen confirmar que los tres niños fallecieron mientras jugaban, afirmó ayer el delegado de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía en Huelva, Diego Marín. En la tarde de ayer fueron enterrados los tres niños en el cementerio onubense de La Soledad. Según fuentes oficiales, la autopsia de los tres escolares indica que fallecieron por asfixia debido a inhalación de gases, probablemente a causa de una hoguera.Los niños fueron encontrados sin vida la noche del pasado jueves en una cavidad de dos metros de profundidad dentro de una casa en ruinas situada cerca del colegio Molière, donde cursaban quinto de EGB.

Los tres escolares habían acudido por la mañana, junto al resto de sus compañeros de clase, a una sesión infantil de la XII edición del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva; posteriormente fueron trasladados de nuevo al colegio. La alarma por su desaparición se produjo al mediodía, cuando sus padres confirmaron al centro Molière, conocido como el "colegio francés", que no habían acudido a comer.

La búsqueda se inició entonces, y a las siete de la tarde se presentó una denuncia en la comisaría. Dos horas después, los cadáveres fueron encontrados en la cueva.

La localización de los cuerpos se produjo gracias a dos chaquetones de los muchachos, encontrados por uno de sus profesores y el portero del colegio en la zona donde posteriormente fueron hallados los niños. José Beltrán Rodríguez, profesor que descubrió la ropa, declaró que reconoció una de ellas. "Miré por allí, pero no vi nada de nada".

José Beltrán, que identificó en primer término los cadáveres, manifestó que "pudo tratarse de un juego de niños en el que han perdido la vida, aunque ellos podrían haber salido por sus propios medios". Explicó que los niños no eran agresivos, "su comportamiento en clase era normal y no tenían enemigos". Profesores y compañeros de las víctimas reconocieron que el lugar del suceso es una zona habitual de juegos aprovechado para hacer hogueras.

Al parecer, varios padres de compañeros de los niños afirmaron, nada más conocer la desaparición de los tres escolares, que sus hijos habían estado en la misma zona, pero que volvieron a casa, como lo hacían habitualmente.

El delegado de Educación y Ciencia en Huelva del Ejecutivo autónomo, Diego Marín, tras la misa celebrada ayer a las 11 de la mañana en el patio de la escuela, calificó de "lamentable" esta muerte, producida de una "manera horrible". El delegado de Educación y Ciencia aseguró también que "todos los indicios parecen confirmar que murieron jugando".

Marín añadió que "habría que poner una bomba para que desaparecieran todas las cuevas de los cabezos de la ciudad y las casas derruidas".

Tras el primer examen ocular realizado a los cadáveres, no se observaron síntomas aparentes de violencia externa, tal como confirmó el responsable de la comisaría onubense. Por otra parte, testigos presentes en los alrededores de la cueva cuando fueron extraídos los cuerpos sin vida aseguraron que los niños tenían restos de tierra en las uñas, "como si hubieran intentado salir".

El colegio Molière, con unos 700 alumnos, paralizó ayer sus actividades docentes. En su puerta tenía colocado un cartel que decía: "Las clases se suspenden por defunción de los alumnos Javier, Jesús y José Antonio, de quinto curso".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de diciembre de 1986

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