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Crítica:

'Cabra, marcado para morir', filme sobre el campesino brasileño

El espacio El ojo de cristal emite esta noche el largometraje brasileño Cabra, marcado para morir, de Eduardo Coutinho. Un filme que empezó a rodarse en 1964 en el noreste brasileño y que se proponía narrar la historia de Joáo Pedro Teixeira, líder campesino asesinado dos años antes. El rodaje fue interrumpido por el golpe militar del 31 de marzo de ese mismo año, produciéndose detenciones entre los miembros del equipo y la confiscación del material. Diecisiete años después, Coutinho culminó este documento fílmico sobre la historia del campesino brasileño.El proyecto comienza en realidad en 1962, cuando Coutinho, teniendo que sustituir a un cámara del Centro Popular de Cultura (CPC), filma una manifestación de protesta por la muerte del líder campesino João Pedro Teixeira, de cuya historia, por aquel entonces, apenas conoce nada. A su vuelta a Río de Janeiro, el presidente del CPC le ofrece la dirección de un largometraje que en principio habrá de basarse en O Río, de João Cabral. Sin el acuerdo de éste, el proyecto se concreta en lo que será ya Cabra, marcado para morir, un documental sobre João Pedro Teixeira y los movimientos organizativos del campesinado del noreste brasileño.

Cabra, marcado para morir se emite hoy por TVE-2 a las 21

55.

Coutinho toma contacto con la viuda de Teixeira, Elizabeth, y con familiares y campesinos de la región, y se inicia el rodaje, que es interrumpido por el golpe de Estado militar. En 1979, tras haber vuelto en varias ocasiones a la región donde filmara Cabra para realizar una serie de documentales, comienza a ver las posibilidades concretas de retomar el antiguo proyecto. No rueda nada aún, pero procura enterarse del paradero de aquellos campesinos que habían intervenido en su filme, en especial el de Elizabeth, que desde 1964 vive en la clandestinidad bajo un falso nombre. Su propósito es recoger las reacciones de aquellos protagonistas y reconstruir a partir de las primeras filmaciones los itinerarios vitales de estas personas, que han experimentado, igual que el director, importantes cambios desde aquel 1964.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de diciembre de 1986