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EL CINE EN LA PEQUEÑA PANTALLA

El cenit de Greta Garbo

El ciclo dedicado estas semanas a Greta Garbo, que hasta ahora ha podido contentar a los amantes de los mitos, de la nostalgia, puede este jueves contentar también a los amantes del arte. La reina Cristina de Suecia lo es. Quizá también es su mejor película, por encima de Margarita Gautier, Ninotchka y La mujer de las dos caras.El mito de Garbo, y no es esto un defecto siempre y cuando aceptemos prescindir de la lección histórica y del didactismo, que en cine pocas veces conduce a buen puerto, se antepone al mito Cristina y es el personaje histórico el que se hace actriz, figura, leyenda. Así lo entendió Rotiben Mamoulian, quien, el mismo año en que dirigiera a Marlene Dietrich en El cantar de los cantares, aceptó el desafío de moldear una de las siluetas más preciadas del cine de todos los tiempos. Greta, claro está -y eso lo sabía Mamoulian como lo sabemos todos, mucho más ahora, tras este ciclo-, no era una gran actriz, a duras penas llegaba a discreta. Pero tenía un magnetismo especial que el cineasta aprovechó hasta los límites, sometiéndola, vestida de hombre y con un gran chambergo, a un papel andrógino que explotó todas sus ambigüedades. Como la película es de un barroquismo casi sternbergiano, contiene decorados estilizados que rozan la abstracción, contrasta simbólicamente las sombras negras de pasillos y salones con la blanca nieve de los falsos exteriores y llega en vestuario al delirio, el resultado es de un extraño hechizo visual, además de torrencialmente romántica, lado éste que toca el paroxismo -sin caer jamás en el ridículo, ojo- en las escenas de la noche de amor en el hotel.

Mamoulian, en fin, saca partido del mito Garbo, demuestra que había motivo para su inmortalidad. Es la cumbre del ciclo y puede, sin lugar a dudas, considerarse La reina Cristina de Suecia una obra maestra.

La reina Cristina de Suecia se emite hoy, por TVE-2, a las 22.10.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de octubre de 1986