Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:VISTO / OÍDO

Manda rosas un mahtó

"-He esperado toda mi vida la caricia de un hombre. En este día me encuentro ante él.-Me das más valor del que tengo.

-Veo en ti la visión de un niño, el niño que yo deseo dar a luz. Llamaré a este joven hombre m¡ esposo. Yo sé que este hombre plantará el regalo de su semilla en mí. Si él no me acepta, nunca conoceré a un hombre".

Hacía tiempo que no se escuchaban en TVE blandenguerías semejantes. El guerrero místico ha aportado a la programación de TVE un nuevo estilo de telefilme norteamericano. Ya de los indios no se respeta ni su memoria. Hasta ahora en las películas los indios eran incultos pero nobles, salvajes pero valientes. Con esta serie des cubrimos un nuevo tipo de indio Pocos pueblos han mostrado un nivel de cursilería semejante a lo mahtó.

La serie está basada en la novela de Ruth Beebe Hill, Hanta Yo, desconocida por estos pagos y ampliada, según rezan ambiguamente los títulos de crédito, con otras fuentes. Da la sensación de que la documentación antropológica de las costumbres de los mahtó ha quedado relegada por la ornamentación arbitraria y folclórica:

La realización, siguiendo la línea general de la serie, es tan pretenciosa como efectista. La mística a la que hace referencia el título queda reducida a los efectos electrónicos y a la superposición de imágenes estelares con caballos al galope y cuerpos de protagonistas pintados de forma no menos estelar. Abundan los movimientos de cámara y los encuadres gratuitos.

La música merece especial mención. Hay muy pocos momentos de cada capítulo en los que no se aprecie alguna pieza musical, bien en primer plano o bien como fondo de los diálogos. La banda sonora es una extraña mezcla de estilos.

Por un lado aparecen ritmos e instrumentos que recuerdan vagamente el ambiente indio en el que la acción se desarrolla. A ello se unen arreglos orquestales que sirven para occidentalizar y hacer accesibles las piezas a todos los públicos. Algunos toques de teclados electrónicos aportan el misticismo pretendido.

La serie parece intentar huir de los formatos convencionales de las series norteamericanas. A imitación de la escuela europea se intenta conseguir una lentitud reflexiva, como contraste del habitual vértigo en el montaje. La conclusión, debido a la pobreza del guión, es la de una serie aburrida y falta de ritmo. Es de esperar que en los próximos capítulos las batallitas aparezcan y la acción se haga presente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de agosto de 1985