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Tribuna:

Pringue

Probablemente estamos demasiado juntos, los autores de libros, los pintores, los cantantes, los políticos, los periodistas. Y esto, que, por proximidad, da calor, es realmente un pringue. En el hacinamiento, casi todo son cuestiones personales y, si se apura, hasta cuestiones humorales. Es casi imposible así que una crítica profesional o institucional no se traduzca en un asunto de animadversión o amor. El ejemplo de la querella del ministro del Interior contra este periódico fue una muestra eximia, pero en suma no deja de ser un coherente reflejo de la situación ge neral. No hay comentario (le un ley, de una pintura o de un libro que se reciba como un honesto ejercicio de esa función. 0 bien el crítico es de antemano sospechoso de apegos personales y se le descalifica por ello, o bien el criticado los reclama y se encona si no los encuentra.Estamos tardando demasiado en terminar con este engrudo de amistades y enemistades protervas. Más que una sociedad en cuya interacción se fuera eliminando la mediocridad como un escombro, la realidad se demora en estos guisos de gallinejas. No seré yo quien diga que no es sabroso o divertido, contemplado desde fuera. Adentro se chapotea.

Prácticamente la totalidad de los hombres y mujeres críticos que emergen en este país, con lucidez y talento, acaban al poco disueltos en una solución de ambigüedad. Sólo unos pocos resisten a esta maceración, pero éstos, justamente por su rareza, no son bastantes para invertir la tendencia.

El miedo a la crítica, de un lado, y el miedo al crítico, de otro, llegan a un pacto que con frecuencia conduce al apelmazamiento y a. la oscuridad social. El mal y el bien, lo vivo y lo lerdo, lo extraordinario y lo mediocre, se confunden en un mismo lenguaje erosionado por el descrédito. Todo son gallinejas. 0 bien: cuando la crítica, presionada y desvirtuada, perece, con ella se pierde la oportunidad de distinción. Doblemente: 'ni vale: nada realmente, ni merece la pena suponer que algo será a su vez distinto y valioso. No creo que pudiera diseñarse un medio de cultivo más propicio para que pululen los tontos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de julio de 1985