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La incansable protesta de Alfredo Perales

A los 40 años del incendio de Canfranc, uno de los afectados sigue reclamando "justicia y reparación"

En 1944 se quemó el antiguo pueblo de Canfranc, que fue en parte reconstruido pocos años después. En torno a esa reconstrucción se produjeron graves injusticias y arbitrariedades. El tema resurge periódicamente porque desde hace 40 años Alfredo Perales, uno de los afectados, no ha cesado de exigir "justicia y reparación".El viento huracanado, encajonado en el estrecho valle del Aragón, convirtió en terrible lanzallamas la pequeña chispa que salió de la chimenea de Casa Luis, en aquel verano de 1944. Salvo un puñado de edificios situados a barlovento, solo quedó del pueblo, en muy pocas horas, negros y calcinados muros de piedra. Los casi mil habitantes que por entonces tenía la histórica villa perdieron vivienda y enseres.

Volvía a repetirse la maldición de los repetidos incendios que a lo largo de los años habían venido asolando este estratégico enclave pirenaico. La catástrofe fue esta vez tan enorme que logró conmover a un país que hacía poco había salido de la guerra civil, y que sabía diariamente de los horrores de la II Guerra Mundial.

El casi recién estrenado régimen de Franco puso en marcha toda la demagogia populista de sus primeros tiempos. El caudillo ordenó la rápida construcción de Canfranc y adoptó al pueblo. "El Gobierno decretó que el siniestro de Canfranc era una catástrofe nacional, declarándolo también pueblo siniestrado, lo cual permitía oficialmente ordenar la gratuita e inmediata reconstrucción, por 'cuenta y en nombre de la nación' (Boletín Oficial del Estado de fecha 12 de agosto de 1944)", según Alfredo Perales, pintor y uno de aquellos damnificados que hoy vive en Francia y que a pesar del paso del tiempo sigue firme en sus peticiones de revisión. La Delegación Nacional de Sindicatos abrió una suscripción en toda España. A los funcionarios, civiles y militares, se les descontó por decreto un día de salario paria ayudar a los damnificados. Dos meses después del siniestro se realizaba a bombo y platillo la inauguración oficial de las obras.

Pero tras la propaganda vino, mucho más triste, la realidad. Del importe y destino de la suscripción nunca se ha sabido nada. Seis años tardó la Obra Sindical del Hogar en construir 52 viviendas, no en Canfranc, sino a cuatro kilómetros, con las mismas piedras de las casas quemadas, que después del siniestro fueron mandadas dinamitar. Sólo 15 damnificados, o descendientes de ellos, ocupan hoy esas viviendas; otros no pudieron adquirirlas dadas las elevadas cuotas de amortización. A los propietarios de los hogares siniestrados les fueron expropiadas en 1951, a precios irrisorios, las parcelas que aquéllos ocupaban. Sólo muchos años después han revertido a algunos esos terrenos. El rosario de desafueros sería interminable de contar.

Tenacidad

A la familia Perales se le quemó su casa de Canfranc. De la nueva vivienda adjudicada, y tras haber pagado varios años la cuota de amortización, fueron desahuciados arbitrariamente, según reconoce el Ayuntamiento de Canfranc en un documento de 1970. Por las dos parcelas que tenían en el pueblo les pagaron 797 pesetas. Obras Públicas y Urbanismo les ha pedido 60.507 pesetas en 1982 para revertirles una de esas parcelas.Aparte de la desaparición de los fondos de la famosa colecta, que hizo época, lo extraordinario de este caso no son las injusticias, con ser muchas, porque otras, y mayores, hubo en la época. Lo asombroso es la tenacidad de Alfredo Perales en la protesta. Desde el primer momento inició la guerra por su cuenta, exigiendo justicia y reparación, y todavía no ha depuesto las armas. Armas que han sido las infinitas instancias, cartas, telegramas y llamadas lanzadas desde Francia, en donde hace muchos años que reside.

Se dirigió a Franco y a todos sus Gobiernos. Durante más de 20 años, los gabinetes correspondientes recibieron el largo telegrama de Alfredo Perales reclamando justicia para los damnificados. Muerto Franco, Perales escribió al Rey, a Adolfo Suárez, a instituciones de todo tipo, a partidos políticos... Muchísimas han sido las personalidades políticas, religiosas y militares que han recibido las quejas de Perales. Su colección de resguardos de las cartas que ha remitido durante todos años es casi un nomenclátor de los dirigentes españoles de las últimas décadas: Francisco Franco, Luis Carrero Blanco, Alberto Martín Artajo, Antonio María de Oriol y Urquijo, Tomás Garicano Goñi, Alfredo Sánchez Bella... Pocas han sido las respuestas: algún que otro acuse de recibo de que se transmitía el asunto al organismo correspondiente. La Prensa, a partir de los setenta, comenzó a mencionar el problema

Olvidar el pasado

Un diputado socialista formuló en las Cortes una pregunta sobre este tema el año 1978. La respuesta del Gobierno Suárez no aclaraba nada y daba a entender que todo había sido normal; era expresión en el fondo de la filosofía gubernamental de que no había que entrar en el examen de las injusticias pasadas, aun en el caso de que siguiesen vigentes.La llegada de los socialistas al poder alienta a Perales. Dirige a principio de 1983 una instancia al gobernador civil de Huesca en la que, tras señalar que en 1975 ya puso al corriente a Felipe González, quien le prometió hacer justicia "tan pronto como políticamente le fuera posible", añade: "Confiando que como gobernador de esa provincia, lejos de proteger a los culpables del monumental robo a las víctimas de la catástrofe de Canfranc, el más repugnante escándalo de la provincia, V. I. preferirá hacer algo bien por reparar en lo que es posible a estas víctimas siniestradas. Como no es mi deseo molestar en nada -todo lo contrario- al actual Gobierno, suspendo por el momento todas las gestiones en curso cerca de la Liga Internacional de los Derechos del Hombre, del Consejo de Europa, del Mercado Común... que respecto a este humanitario caso había iniciado".

Perales no pretende beneficiarse materialmente. Para que quede claro, desea dedicar a un fin altruista, relacionado con su profesión de pintor, lo que se le restituya. Así se lo comunica al director de Obras Públicas y Urbanismo en instancia de 1983: "... Tengo la intención de crear en esa zona una institución artístico-cultural, tipo simposio de escultura, museo de un tipo de pintura, de carácter internacional, si las autoridades actuales no me ponen las dificultades de las anteriores. Para ello necesitaría me vendieran más metros de terreno, para hacerlo, o bien me devolvieran la casa de Canfranc, que la Obra Sindical del Hogar le robó a mi padre en el año 1953, ¡legal y arbitrariamente, lo que es muy fácil, pues hay tres casas de éstas (una igual a la nuestra) en poder del Gobierno y en Canfranc".

Hablamos con Alfredo Perales en Jaca. Ha venido a cuidar a su madre, accidentada. Sus reivindicaciones siguen sin ser atendidas.

"Últimamente vienes poco a España, ¿no?", le decimos.

"Ahora no vengo. Yo no vengo a un país donde no hay justicia. Y las más altas instancias no tienen interés en que haya justicia".

Y Alfredo Perales, al cabo de los años, sigue su protesta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 1985