Comedia de fórmula
No pudieron imaginar quienes filmaron en 1947 Botón de ancla, una comedia optimista sobre las venturas y desventuras de los jóvenes cadetes de marina, la cantidad de imitaciones que recibiría su propuesta a lo largo de los años. El éxito de aquel filme animó a muy distintos productores a continuar su saga, y desde una Trinca del aire a otro Botón de ancla en color, numerosos títulos incidieron en la fácil alternativa de escribir un guión con historias paralelas cuyo nexo en común era el uniforme de turno.Hacia la mitad de los sesenta proliferó la fórmula de nuevo. Los chicos del Preu sucedía a Operación Plus Ultra, Novios 68 a Las secretarias, y todas ellas a Las chicas de la Cruz Roja y Las muchachas de azul.
Fue Pedro Lazaga, ya fallecido, quien dirigió la mayor parte de estos títulos, incluido Los guardiamarinas. Los críticos que merodeaban alrededor de Film Ideal coincidieron en considerar a Lazaga como un director de real importancia. No era cierto. Su mecanismo de fabricación se limitó las más de las veces a ilustrar con oficio esquemático los guiones que le ofrecían ("a veces", dijo, "me los daban un sábado por la tarde para rodar al lunes siguiente"). Es cierto que la decadencia de la comedia de consumo ha hecho bueno aquel cine de Lazaga, pero otros críticos lo rechazaron para apoyar en su lugar el que comenzaba a abrirse un hueco más digno en el panorama de nuestra cinematografía. El mismo año de Los guardiamarinas fue, por ejemplo, el de La Busca, de Angelino Fons, Juguetes rotos, de Summers, Fata Morgana, de Vicente Aranda, Noches de vino tinto, de Nunes, Último encuentro, de Eceiza, y Una historia de amor, de Grau, aunque también el de varios de la Montiel, Raphael, Manolo Escobar, Rocío Dúrcal, Palomo Linares y Paco Camino. En el centro quedó el oficio de Lazaga.


























































