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Tribuna:

Soplan buenos vientos

Por primera vez en mucho tiempo se unieron, enila sesión de ayer de los mercados de valores, una cantidad suficiente de elementos, cada uno de los cuales tenía por sí mismo capacidad suficiente para marcarle un rumbo determinado a la evolución de la sesión o, cuando menos, influir en su desarrollo.En primer lugar, y por orden de actuación, hay que poner el tradicionalismo de los asistentes, que reclama invariablemente el que tras unas subidas de cierta consideración, como las que se han registrado estos días, el viernes, por el simple hecho de estar situado tras los otros tres días de sesiones, hay que recoger aquello que se sembró, que en esta ocasión no ha sido poco. Esta actitud de la inversión a corto plazo es una de las más fuertemente arraigadas en el ánimo de la mayoría de los que participan en este juego. De haberse dado sólo este factor en los mercados la sesión habría resultado más negativa, pero chocó con otra serie, de causas que contrarrestaron sus efectos.

La más importante ha sido la solidez de la actual tendencia al alza, que de haberse basado exclusivamente en la inversión a corto habría muerto casi al tiempo de nacer. La falta de papel institucional, principal causa de esta tendencia, y la persistencia de una más que discreta demanda de títulos, pudieron más y fueron capaces de evitar que los índices generales sufriesen pérdidas superiores a un punto o, como sucedió en Valencia, que no se llegasen a registrar pérdidas.

Los otros elementos a que antes aludíamos los proporcionó el último Consejo de Ministros: subida de las tarifas eléctricas con un incremento medio del 6%, congelación del programa nuclear y envío a las Cortes del proyecto de ley que impondrá normas sobre coeficientes de caja obligatorios, similares para todos los intermediarios financieros.

El incremento de las tarifas eléctricas ya había sido registrado por los mercados de valores días atrás, provocando una mejora general en el sector que se había venido manteniendo hasta ayer; la congelación del programa nuclear, con la pérdida -aunque también sería mejor hablar de congelación- de las inversiones realizadas hasta ahora, es uno de los factores que pueden llevar a la tan traída y llevada disminución de dividendos a percibir por los inversores, pero ya en el incremento de tarifas se destinan fondos para paliar el posible quebranto que puedan suftir las compañías y, por tanto, los inversores.

El último capítulo es el de los coeficientes de los intermediarios financieros, aunque queda postergado por el momento. Pero un primer vistazo es suficiente para ver que la gran beneficiaria de esta medida es la banca nacional, que verá cómo sus rivales pierden competitividad en la captación de recursos. En última instancia puede llegar a suponer un alivio para la situación de estas entidades, bastante deteriorada por los sucesivos aumentos del coeficiente obligatorio de que han sido objeto. Mientras tanto, su situación en las bolsas no pasa de ser regular.

Barcelona, por su parte, vivió una jornada con un clima menos activo que en días anteriores y con un desarrollo irregular. La presencia de una oferta más decidida en algunos valores industriales, en su intento de materializar beneficios, frenó la evolución alcista del mercado. Los grupos de servicios y varios, cementos, construcciones e inmobiliarias siguieron disponiendo de una demanda decidida, aunque con una orientación más selectiva.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de octubre de 1983