Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:ELECCIONES DEL 8 DE MAYOTRIBUNA LIBRE

Los liberales nunca estarán con Jorge

El autor de este artículo, candidato a la alcaldía de Madrid por el Partido Demócrata Libreral (PDL), comenta las dife rencias de este partido respecto al socialismo y al PSOE y lo que les distancia de los conservadores y de AP.

Todos saben lo que nos diferencia del socialismo y del PSOE, pero muchos se preguntan -desde luego, con la mejor intención- lo que nos separa de los conservadores y de AP. Distingamos, pues, donde debe distinguirse.Nos separa de AP su temor a la mutación, su miedo a lo nuevo por ser simplemente nuevo. La postura del PDL, por el contrario, es abierta y confiada. A los liberales nos atrae, por principio, todo lo que sea cambio libre y evolución.

Nos separa de AP nuestra actitud prospectiva activa. Al PDL no le gusta conducir por retrovisor. AP, por su propia condición, jamás ofrece ni ofrecerá alternativa alguna, porque el triste signo del conservador es ir siempre arrastrado por los acontecimientos. El PDL, por el contrario, trata de avizorar el futuro y aprestarse a él.

Nos separa de AP nuestra ausencia de temor sobre cuán lejos y a qué velocidad va el país; lo único que le importa al PDL es aclarar si marchamos en la buena dirección.

Nos separa de AP el que nuestra ubicación en el espectro político no depende de dónde se sitúen los demás partidos políticos. Los liberales tenemos objetivos específicos que todavía no han sido alcanzados enteramente a lo largo de la historia; por ejemplo, suprimir los innumerables obstáculos con que se impide el libre desarrollo de los ciudadanos; luchar contra todo tipo de coacción (venga de donde venga, como suele decirse). Ser liberal no depende del mapa político; no es una condición geográfica: es una ideología. Nos separa de AP nuestro rechazo del paternalismo. El temor de los conservadores a que operen libremente las fuerzas sociales explica su afición al autoritarismo.

Nos separa de AP la profunda creencia del PDL de que nadie tiene capacidad suficiente para ejercer sabiamente poderes omnímodos. Lo malo es el poder político ilimitado. Por eso preocupa el PSOE. Es verdad que la democracia arrebató legítimamente el poder de un reducido grupo de privilegiados, pero ahora lo recusable es el ilimitado poderío de los que dirigen la cosa pública. ¿Por qué no se limita el poder de la mayoría, como se intentó siempre hacer con el de todo gobernante?

Nos separa de AP y de sus compañeros de candidatura la convicción del PDL de que en política toda verdad es penúltima. El mundo de las creencias y de las conductas derivadas de ellas es otro mundo. Para el PDL, nadie debe ser coaccionado por razones de moral o religión.

Nos separa de AP la repugnancia de los conservadores a la teoría abstracta y a la imaginación, lo que les deja por completo indefensos en la batalla de las ideas. El PDL está convencido del poder y la fuerza que a la larga tienen las ideas.

Nos separa de AP la creencia del PDL de la necesaria presencia de la España moderna en todos los ámbitos internacionales, que es donde en verdad se toman las decisiones. La repugnancia que el conservador siente por todo lo nuevo y desusado parece guardar cierta relación con su hostilidad hacia lo internacional y su tendencia al nacionalismo patriotero. Tal actitud resulta perjudicial para la postura conservadora en la batalla de las ideas. Las ideas de cada época se desarrollan en lo que constituye un gran proceso internacional, y sólo quienes activamente participan en el mismo son luego capaces de influir de modo decisivo en el curso de los acontecimientos.

Nos separa de AP nuestra ausencia de misticismo autoritario. El PDL tiene un modo franco y objetivo de enfrentarse con la humana ignorancia y reconocer lo poco que sabemos, rehuyendo todo argumento de autoridad y cualquier explicación de índole religiosa en la esfera política. El PDL es escéptico, pero no cínico; independiente, pero no neutral; racional, pero no dogmáticamente racionalista.

Nos separa de AP el serio intento de los liberales de transiormar Espaile en un Estado moderno, donde prevalezca la vida diaria de las comunidades concretas sobre el mundo abstracto de las macroestructuras sociopolíticas; el ritmo humano de la persona sobre la tiranía del futuro; el individuo sobre la sociedad, y la sociedad sobre el Estado.

Nos separa de AP el que estamos casi convencidos de que es necesario algo más que una carta de ajuste para amordazar la libertad de expresión.

Nos separan de AP algunos otros pequeños detalles, como, por ejemplo, la pena de muerte, la concepción del Estado autonómico, etcétera. Por eso, el PDL -con el mayor respeto y colaboración con todas las fuerzas en presencia para la consecución de una democracia avanzada- es un partido claro y distinto. Los liberales no están ni estarán nunca con Jorge. Es pura y llanamente imposible, y es por eso por lo que, sin perjuicio del respeto a las ideologías contrarias, hemos iniciado las acciones legales oportunas para que se retiren de las vías públicas unos carteles publicitarios, inaceptables y ofensivos para nuestra posición, que sólo pretenden confundir a la opinión pública.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 1983