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El espacio 'Vivir cada día' cambia de formato y de ojetivos

Vivir cada día, espacio de la primera cadena de Televisión Española, prepara su nuevo formato de la mano de su director José Luis Rodríguez Puértolas para primeros de año alargando su espacio de emisión. También cambia el objetivo, que hasta hoy alcanzaba a los sectores marginales de la sociedad española, y a partir de enero el intermediario para los espectadores no será el locutor en off ni el ojo frío del cristal.

Un protagonista convertirá cada semana a Vivir cada día en un docudrama. La palabra es horrenda, pero la idea es buena: un hombre o una mujer se desnudarán hasta donde permita su pudor o la pericia del realizador para dar así sentido a su historia. Un ejercicio de pública sinceridad, una confesión de esperanzas y puntos negros.

En la isla de Mallorca se ha filmado uno de los primeros episodios. Es un buen comienzo: ¿quién mejor que Jaime Santandréu para ilustrar un drama documentado y filmado?

Sacerdote, misionero en América y Africa, escritor, camarero, vendedor de helados de playa, poeta, acusado de banquillo por pensar ladrón en voz alta, periodista, hombre de barriga tranquila y rostro afable que oculta las convulsiones del alma que se resiste a los latigazos de la historia. Jaime Santandréu no abandona nunca el escalón del sótano en donde duermen los desahuciados, los borrachos, los desesperados. Por ellos insulta, reza, no duerme, escribe, recorre caminos a pie como peregrino imposible que no llega nunca, y lo peor: admite los estigmas de la fatiga, el acecho de las envidias crueles que todo lo matan.

Todo eso confesará con voz propia desde la televisión. Para poner a su imagen borrones, no sea que alguien se la crea del todo.

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