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El 28 de octubre, elecciones generales

El 'goteo' de militantes de UCD hacia partidos centristas rivales, clave de la convocatoria anticipada

Cuando, en noviembre de 1981, Francisco Fernández Ordóñez, al frente de nueve diputados, anunciaba su salida definitiva de Unión de Centro Democrático para constituir un partido socialdemócrata propio, se daba el primer paso hacia la convocatoria de elecciones. Su salida era un duro golpe para el Grupo Parlamentario Centrista, ya muy mermado respecto a los 168 diputados que obtuvo en 1979.Diez meses ha durado la lucha de Calvo Sotelo por agotar la legislatura, mientras los escaños centristas disminuían de día en día. El presidente del Gobierno consideraba una cuestión de prestigio personal mantener abiertas las Cámaras durante cuatro años completos. Mediada la primavera de 1982, comprendió que era imposible. Agosto, con el continuo crecimiento, a costa de UCD, de partidos centristas rivales, ha sentenciado la cuestión.

Los rumores largamente desmentidos, de un inminente abandono de UCD por Oscar Alzaga, al frente de un grupo democristiano, hicieron ver que el desmembramiento se aceleraba. Era, acaso, la primera vez en la historia que un partido en el poder estallaba en pedazos sin que mediasen unas elecciones. Junto con una docena de diputados, Alzaga seguía, en julio, el camino marcado en febrero por Miguel Herrero y abandonaba UCD para aproximarse a una coalición con Manuel Fraga.

El 'puente'

El abandono de Miguel Herrero de Miñón, junto con dos diputados centristas de escaso relieve, Ricardo de la Cierva y Francisco Soler, levantó sospechas de que se fraguaba una operación puente entre el sector más conservador de UCD y Alianza Popular. Oscar Alzaga cruzaría el puente medio año después. Y, de acuerdo con algunas versiones, el tránsito no ha concluido aún.El 23 de mayo marca otra fecha importante en la curva descendente de UCD. El fracaso estrepitoso en las elecciones andaluzas servirá para acelerar los abandonos. Las reuniones de los órganos directivos sólo pueden constatar las irreductibles divergencias entre las distintas familias de UCD desde su creación, en mayo de 1977.

Los suaristas no olvidan los agravios recibidos desde el congreso de Palma, en febrero de 1981, cuando el sector afín al recién dimitido presidente del Gobierno se erigió en vencedor numérico frente al sector crítico. Una victoria efímera, ya que, en noviembre, el consejo político fuerza a los suaristas Rodríguez Sahagún y Calvo Ortega a abandonar, respectivamente, la presidencia y la secretaría general del partido, conquistadas en Palma. Sería Calvo Sotelo, sucesor de Suárez, quien se apoderaría también de la presidencia del partido, mientras un neutral, Migo Cavero, pasaba a la secretaría general.

A finales de julio, Suárez concluye las negociaciones tripartitas con Calvo Sotelo y Lavilla. La pretensión del ex jefe del Ejecutivo de alzarse con la presidencia de UCD se estrella frente a un Calvo Sotelo dispuesto a dejar el poder sobre el partido, pero no a favor de su antecesor y rival. Finalmente, Lavilla aceptaría la presidencia acelerando el abandono de Suárez y sus fieles.

Las últimas semanas, claves

Apenas cinco diputados habían acompañado a Suárez en su aventura de crear un nuevo partido, el segundo en cinco años, cuando se presenta el Centro Democrático y Social. El día anterior, Calvo Sotelo convocaba una de sus escasas conferencias de Prensa en la Moncloa. Allí reiteró su decisión de agotar la legislatura.Todo hace pensar que ha sido a lo largo de este mes cuando Calvo Sotelo se vio obligado a modificar sus deseos. El continuo goteo de parlamentarios y militantes desde UCD hacia el CDS y, en menor medida, hacia el PDP de Alzaga, habría sido el factor último que ha acelerado las elecciones. De los 149 diputados en que había quedado el Grupo Parlamentario Centrista, 16 han pasado al CDS y 12 al PDP. Y aunque todos ellos se mantienen en el mismo grupo parlamentario, nadie puede asegurar su total fidelidad de voto en las Cortes.

Tres mil bajas

Pero, sin duda, más que su debilidad parlamentaria, ha sido el deseo de evitar el crecimiento del gran partido rival, el CDS, lo que ha forzado a Calvo Sotelo a acelerar la disolución de las Cortes y convocar unas elecciones precipitadas, para las que apenas queda ya tiempo. La opinión unánime ayer entre la clase política subrayaba que el goteo desde UCD hasta el CDS obligó al decreto de disolución. La acción corrosiva combinada de CDS, PDP y, en menor medida, del Partido Demócrata Liberal de Antonio Garrigues -mucho más próximo a UCD que los dos anteriores- ha desguarnecido la infraestructura local ucedista en casi una veintena de provincias, de acuerdo con cálculos solventes.Más difícil resulta calcular los militantes perdidos por UCD en beneficio de los partidos recientemente surgidos, pero, atendiendo a las cifras facilitadas desde el PDP y el CDS, se podrían elevar a unos tres mil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de agosto de 1982