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Ciclismo

Un control médico francés transformó a Alberto Fernández y le capacitó para estar entre los mejores

A su regreso a casa el corredor español Alberto, Fernández manifestó a EL PAIS que quizá no esté capacitado para ganar el Tour, pero sí para subir al podio de París. Veintisiete años, 64 kilos, cinco temporadas como ciclista profesional, de los cuáles, tres en el Teka. Alberto Fernández Blanco, natural del pueblecito campurriano de Cuena, residente, hasta hace meses, en Aguilar de Campoo y afincado definitivamente en Santander, se hizo al pedal por las llanuras castellanas y tardó en ser conocido porque carecía de punta de velocidad en los sprints. Sus últimas etapas del Tour fueron espectaculares. Detrás estuvo un control médico francés que ha resaltado sus cualidades.

Alberto Fernández estrenó victoria hace diez años, el día de San Pedro, en la localidad cántabra de La Cavada. El domingo completó, en la capital francesa, su mejor actuación internacional. Tras perder nueve minutos, por culpa de cuatro pinchazos y una caída en el pavés, protagonizó un espectacular avance, pasando de la plaza 102 en la clasificación general a la 10. "Odio el pavés", dice el corredor, "está bien para una clásica, pero no para una vuelta de veintitrés días. Pero monsieurs Levitan y Godet son muy duros, no se les puede plantar cara y habrá que tolerar sus decisiones".También se ve obligado a admitir las bonificaciones de metas volantes y finales de etapa, en, las que no se benefició. Alberto Fernández las juzga injustas: "En las etapas llanas hay demasiada ventaja para los rodadores, que gozan de tales bonificaciones, no así los escaladores, en las jornadas de montaña".

Los técnicos le consideran un hombre-tour, física y técnicamente conformado para la prueba francesa. Desde que decidió seguir preparación Médica en Francia, de la mano del doctor Bellozq, su progresión sorprendió. Comenzó a situarse siempre entre los diez mejores especialistas contra reloj, cualidad que desconocía el propio ciclista. Supo dominar el corazón, que tantas etapas le ha hecho perder, utilizando la cabeza en los momentos claves. Acertó a pedalear cara al viento y a competir en el extranjero.

Como un motor diesel

Santiago Revuelta, gerente del Teka, considera que Alberto Fernández asimiló fácilmente la necesidad de cruzar la frontera: "Lo que para otros es un castigo, para él significó ponerle la miel cerca de los labios, cotejarse con los mejores y dominar el exceso de responsabilidad que tiene para con la firma que le paga, lo cual ha sido un perjuicio en su carrera".Galleta, cariñoso apelativo con el que conocen a Alberto Fernández los suyos, ya es un ciclista calculador, sabe sacar partido de su extraordinario fondo físico y se prepara para figurar pronto entre los tres primeros del Tour. El corredor dice: "En un año en que no he descansado más que quince días, logré llegar a la vuelta a Francia en muy buena forma; pude correr con más inteligencia, siempre al borde de mis posibilidades y dominando el corazón con la mente". Estima, sin embargo, sus limitaciones: "Soy como un motor diesel; asciendo a buena velocidad, con un ritmo constante, que me basta para andar en cabeza, pero carezco de la fuerza necesaria para demarrar en los últimos metros".

Alberto Fernández despuntó en el Zor, como aficionado. Ahora ya se le da como fichado por el Reynolds. Alberto Fernández insiste, no obstante, en continuar con el Teka. Para ello será preciso mejorar su contrato anual, pensar más las contrataciones y quizá hasta cambiar el director.

Ni médicos ni técnicos

Mantiene Alberto Fernández que en España faltan especialistas en medicina deportiva de auténtica categoría y técnicos de nivel internacional, "lo que, es una desgracia para nuestro ciclismo". El corredor añade: "En juveniles por ejemplo, se programan las mismas carreras que años atrás. Pruebas de setenta a ochenta kilómetros, plagadas de puertos de montaña, para chavales de catorce y quince años. Nadie reacciona. Los ciclistas llegan, por tanto, quemados a las categorías superiores, no saben andar en los pelotones y tampoco se los aconseja debidamente".El último tema analizado por AlbertoFernández es el del doping descubierto en la última Vuelta a España. Alberto, junto con Arroyo, Pedro Muñoz y Belda, dieron positivo, y todos, por culpa del mismo producto. Alberto Fernández reconoce los resultados: "Tomamos Lidepran, de venta en Bélgica, y que se receta para depresiones. Sabemos que está prohibido, pero quienes, otras veces lo usaron nunca tuvieron estos problemas. Lo empleamos únicamente como ayuda para soportar el sufrimiento sobre la bicicleta lo mismo que una persona cualquiera acude al café, la copa o el cigarro para calmarse. Con veintisiete años y un coeficiente intelectual normal no puede pensarse que iba a cometer voluntariamente una ingenuidad. Arroyo no supo enfocar, desde el principio el problema. Teníamos la necesidad moral de callarnos, pero cuando todo salió a la luz pública, había que hablar claro. Ni nos dopamos ni nos estimulamos, tan sólo ingerimos un antidepresivo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de julio de 1982

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