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Tribuna:TEMAS PARA DEBATE:LAS CÁRCELES ESPAÑOLAS

Es necesario el indulto

La situación de las prisiones españolas ha llegado a un punto que algunos especialistas califican como comparable o incluso más denigrante que la registrada en países del tercer mundo. A las malas condiciones de las instalaciones se suma un hacinamiento que multiplica frecuentemente por dos la capacidad de las celdas. Los largos procedimientos judiciales que dilatan abusivamente el tiempo de las detenciones preventivas y la pendiente reforma del Código Penal que tendería a sustituir los actuales penas de corta duración, forman parte de las causas que hacen convertir a las institución penitenciaria española en colmados almacenes de hombres.Cualquier pretensión dirigida a lograr una resocialización de los presos a través del tiempo de reclusión se revela hoy, observadas las condiciones reales, en una proclama que resulta a todas luces grotesca. De manera directa o implícita, todos los autores que participan en este debate, aluden al peligro cierto de que la prisión, lejos de ser un centro regenerador, se haya trasformado en una fábrica de delincuencia. Las noticias frecuentes sobre asesinatos y reyertas aunadas a tráfico de drogas y abusos sexuales dan una idea, todavía matizada, de la siniestra realidad intracarcelaria. El fiscal Martínez Zato, que ha recorrido gran número de centros penitenciarios españoles, hace aquí el relato vivo de ese escenario truculento. Situación penitenciaria que merece a lo largo de estos textos los apelativos de anticonstitucional, además de injusta e inhumana.

Hace no muchos meses en no sé qué discurso pronunciado por el anterior jefe del Gobierno al Congreso de los Diputados, explicaba con detalles las mejoras que en breve iba a experimentar la realidad española. Aumentaría moderadamente el producto interior bruto. Ascendería la deuda pública. Se frenaría en lo posible el paro. Ascenderían los índices de productividad. Se incrementaría el turismo y, en consecuencia, la inyección de divisas, y ¡asombrense! en los próximos doce meses aumentaría el número de internos de las prisiones españolas en un tanto por ciento elevado.Redordé entonces la amarga reflexión que un parado me hizo unos días antes. "A los desempleados nos pueden dedicar a construir cárceles", decía, "y luego cuando las terminemos, antes de volver de nuevo al paro, nos pueden ir encerrando en ellas".

Lo cierto es que para algunos sectores de la sociedad española el que haya muchos presos es saludable, como es saludable que haya mucho ejército y haya muchos policías. Y mucho mejor todavía les parecería que cada uno de nosotros se convirtiera en el policía de su vecino, cerrando de ese modo el círculo del orden público perfecto.

Creo también que hay quien puede incluso pensar que no es del todo malo que de vez en. cuando los delicuentes encerrados eliminen a algunos de entre ellos porque total para lo qué sirven... 'Hoy como ayer, la mayor parte de las cárceles españolas son lugares de encierro, por no decir de hacinamiento, inadecuados en los que no se reforma. Solamente se reprime. La institución penitenciaria pierde con ello su razón de ser, pero, pese a ello, no desaparece. Es increíble la falta de imaginación de esta generación que, persuadida del estruendoso fracaso penitenciario, es incapaz por otra parte de descubrir otro tipo de controles sociales adecuados al delito y distintos de la privación de libertad.

Deuda pendiente

La sociedad española tiene una deuda con los presos sociales o comunes. Ellos no han sido redimidos todavía del franquismo. Yo recibo muchas cartas de ellos. Cada uno tiene su nombre y apellidos, Cada uno su vocación de libertad. Cada uno su tragedia personal. Son personas humanas no mejores ni peores que usted lector o que yo mismo.

Muchos fueron condenados de acuerdo con leyes penales que protegen más la propiedad privada que la vida. Y hoy todavía no se ha procedido a una reforma en profundidad del Código Penal.

He oído decir que los italianos, cuando sus cárceles rebosan, conceden un indulto generaL

Nuestra Constitución lo prohíbe y desgraciadamente no se admitió una enmienda constitucional presentada por mí mismo que hubiera hecho posible un sólo y único indulto general para presos sociales antes de la entrada en vigor de la prohibición.

Pese a ello, todavía es posible una solución. La situación actual es insostenible. Que se tramiten todos los indultos particulares necesarios que pongan en libertad a quienes cometieron delitos menos graves, a quienes se hubieran visto favorecidos por la aplicación retroactiva del actual proyecto del Código Penal, a quienes tienen cumplida una buena parte de su pena y a quienes garantizen con su conducta o por sus condiciones personales y familiares un comportamiento futuro alejado de las leyes penales.

También el indulto, en casos como estos, puede ser una medida de estricta justicia.

Juan María Bandrés es abogado. Diputado en Cortes por Euskadiko Eskerra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de julio de 1982