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El cine en la pequeña pantalla

París bien vale una cama

Ninette y un señor de Murcia es una comedia de Miguel Mihura que ronda la perfección. Es un trabajo medidísimo, de tiralíneas, con una colección de personajes en la mejor línea del ingenuismo en que su autor fue un maestro. Tan redonda obra de escenario tenía una difícil traducción al cine. Fernando Fernán Gómez eligió, a mi juicio, el mejor camino, el menos pretencioso, el más humilde y, a la postre, el más eficaz.Este camino fue llevar a la pantalla, casi literalmente, el tempo teatral de la comedia. Las variantes introducidas por Fernán Gómez fueron mínimas, tanto en el guión como en la filmación. Algunas escenas, muy escasas, de exterior, relajantes, distensoras, y pare usted de contar. El resto es el interior contínuo de la comedia de Mihura, con sólo una redistribución menos concentrada de la continuidad de las secuencias.

Dentro de este esquema pobre Fernán Gómez se mueve con envidiable seguridad y consigue una realización de gran soltura, moviéndose casi permanentemente entre cuatro paredes, y con la inevitable teatralidad del juego perfectamente asumida, y hábilmente atenuada por un gran sentido del ritmo y del encuadre.

En realidad, el acierto de Fernán Gómez, lo que salva a la película como tal, es su trabajo de interpretación propia y de dirección de los otros actores. El trabajo de todos es excelente. Fernán Gómez rebaja su gesto, pese a moverse en un medio teatral que le es propicio para su irresistible sentido de la exageración y la caricatura, con maestría y se autodirige con un rigor raro en este tipo de duplicaciones, lo que indica en él un agudo conocimiento de sí mismo.

Pero si él está convincente en su papel de burguesito murciano, que va a visitar París y se pasa sus vacaciones metido en la cama de una españolita hija de exiliados, desde la que ve unos metros cuadrados de tejado parisiense, el resto de los intérpretes borda su trabajo. Rosenda Monteros es una buena actriz mexicana -pasó recientemente por Madrid con La vida es sueño, y protagonizó con Marlon Brando el filme, dirigido por éste, El rostro impenetrable- que hace una Ninette muy graciosa.

Pero el trío que, a mi juicio, se lleva la pequeña gloria de este pequeño filme lo componen Alfredo Landa -antes de su Vecino del quinto y, por tanto, antes de su torrente de popularidad- y dos admirables veteranos de la comedia española: Aurora Redondo y Rafael López Somoza. Su trabajo, en un par de adorables personajes de exiliados políticos de la guerra civil, padres de Ninette, es magistral, sobre todo por parte de él, un actor fuera de serie, que desapareció hace unos años en el anonimato y que merece la pena recuperar como uno de los grandes rostros injustamente olvidados del cine y el teatro español.

Ninette y un señor de Murcia se emite hoy a las 21.35 por la segunda cadena.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de mayo de 1982