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Reportaje:

La triste historia de un amor de verano

ALBERTO VALVERDELos históricos acuerdos entre ENASA e International Harvester han durado apenas año y medio. El tiempo suficiente para que una multinacional de casi un billón de pesetas de ventas anuales se vaya a pique

Adriano Gómez Molina, jefe de prensa de la Empresa Nacional de Autocamiones, suele decir que el divorcio entre International Harvester y ENASA será poco complicado porque el suyo "ha sido un matrimonio sin hijos". Gómez Molina tiene razón en una cosa: la boda entre ambas compañías ha sido totalmente improductiva, pero quizá se equivoca respecto a la simplicidad de los trámites del divorcio. ENASA y IH se casaron por todo lo alto y, como suele suceder en las bodas poco pensadas, lo hicieron por el régimen de gananciales. Hoy, en vísperas del inicio de los trámites de separación, el contrayente pobre, que buscaba un matrimonio de conveniencia, corre el riesgo de contribuir en las responsabilidades de la bancarrota del cónyuge rico. IH está en manos de sus acreedores y éstos, como ha demostrado la forzada dimisión del presidente de la firma de Chicago, no perdonan.

Año y medio después de su firma, el histórico acuerdo por el que la multinacional norteamericana International Harvester entraba a participar en el capital de ENASA, con un 35% de las acciones hace aguas por todas las partes Hundida financieramente la multinacional, debido fundamentalmente a serios problemas de gestión y errores de bulto sobre la evolución del sector de automoción pesada en el mundo, el socio mayoritario de la Empresa Nacional de Autocamiones, el Instituto Nacional de Industria (INI), ha reconocido públicamente la inviabilidad del mismo y su intención de cancelarlo en el plazo más breve posible.Según la versión filtrada a la prensa, el INI está convencido ahora -seis meses después que se supiera en Estados Unidos que IH camina hacia la quiebra y liquidación- que sólo la denuncia de lo acuerdos puede corregir el error inicial de vincularse a una sociedad que, ya en 1977, estaba afectada por fuertes desequilibrios en su estructura financiera y "tocada de ala" (según una información del pasado miércoles, aparecida en el Wall Street Journal) dado su fuerte endeudamiento y sus altos costes operativos.

Después de negar durante meses la difícil situación de IH, ignorando incluso las señales de alerta que la comunidad financiera estadounidense dejó filtrar en los dos últimos años sobre la firma de Chicago, los directivos del INI tratan ahora de recuperar una gestión que entregaron a IH al precio simbólico de una peseta por acción y que, según denuncia de UGT, está costando nueve millones de pesetas mensuales al erario público español sólo en los treinta sueldos que ENASA paga a los técnicos y directivos norteamericanos.

El despido de McCardell

El inesperado y tardío descubrimiento por el INI de la desesperada situación de IH se ha materializado después que el consorcio de 225 bancos que exigen más de 4.500 millones de dólares en créditos vencidos a Harvester, haya decidido sustituir en la cúpula de la sociedad a Archie McCardell, el verdadero artífice de la situación actual de IH. Los bancos acreedores de Harvester -entre los que se encuentran dos españoles, por lo menos- habían dado un plazo. de seis meses a la empresa para que enmendara su posición y, al llegar a la conclusión de que eso puede ser imposible, han decidido poner en la presidencia y dirección de la sociedad a hombres más afectos a la defensa de sus intereses, como Louis Menk y William Carnes. Hay quien sospecha que el objetivo de estos hombres es negociar una favorable liquidación de la sociedad.

La súbita prisa del INI para romper sus lazos con IH quizá tenga su explicación, según medios próximos a los que intervinieron en el acuerdo inicial entre las dos empresas en el propio acuerdo y en la intervención directísima de Archie McCardell, en el mismo. El dimitido presidente de IH, amigo personal de alguno de los negociadores españoles del contrato, no sólo era directo responsable de aquella iniciativa sino que se había convertido en el principal abogado del futuro de la joint venture ENASA-Harvester. En los últimos meses, aseguran fuentes del INI, McCardell no sólo ha estado toreando a los bancos acreedores sino que, pese "a la incredulidad de los socios españoles", había asegurado que el futuro de ENASA-IH no se vería afectado por los males de la casa matriz.

Por eso, la confirmación, más o menos pública, de que IH está en fase de liquidación y venta de sus mayores activos, junto a la forzada dimisión de Archie McCardell, ha sorprendido a los socios españoles que, como "medida de precaución", pudieron llegar a unos acuerdos con el ahora ex-presidente de IH tan sólo ocho días antes de su salida de la firma. Este acuerdo, apuntan fuentes del INI, persigue garantizar a ENASA "el ahorro de muchos gastos derivados de la cancelación de los acuerdos del año ochenta".

Pero esta versión, aunque no hay razón alguna para dudar de ella, contradice la actitud mostrada por ENASA a lo largo de los seis pasados meses, cuando la tesis oficial del conflicto era muy distinta. Por de pronto existe ahora la impresión de que lo que se intenta presentar como iniciativa propia fue algo que el propio McCardell, quizá a título individual, pero muy claramente, dejó entrever a algunos directivos del INI a finales del pasado verano. El mensaje del ahora ex-presidente de IH era tan meridiano como la carta que Carlos Bustelo, presidente del INI y durante algún tiempo vinculado a la firma norteamericana, recibió en diciembre pasado: IH, por mandato de sus acreedores , debía concentrar sus esfuerzos en aquellas operaciones que dieran dinero inmediato y debía abandonar aquellas que suponían una mínima inversión.

El principio de la ruptura

Para medios bancarios relacionados con el asunto, el principio de la ruptura entre ENASA e IH se remonta a finales del verano del pasado año, es decir, apenas nueve meses después de la firma del acuerdo, el 29 de septiembre de 1981. Carlos Bustelo y Carlos Espinosa de los Monteros, vicepresidente del Instituto y ex-consejero comercial español en Chicago, viajaron a Estados Unidos a finales del verano y recibieron la primera constatación de los males irremediales de IH y de la política de shock aplicada en la sociedad. A partir de entonces, el INI decidió inclumplir algunos de los aspectos del contrato, que la hacían responsable de la nómina de todos los técnicos de IH que gestionaban la empresa española.

Una táctica empresarial

Pese a este aviso inicial, prosiguen las fuentes del INI, la constatación del incumplimiento de los acuerdos por IH no se tuvo, de manera oficial, hasta primeros de diciembre de 1981, cuando el consejero delegado de IH, Warren J. Hayford, visitó Madrid y comunicó formalmente la decisión de Chicago de incumplir el contrato. A partir de entonces, reconocen fuentes del INI, se cometió quizá la equivocación de ocultar este hecho y de comunicarlo, gradualmente, a la opinión pública. Así se explica que, en una primera fase, ENASA anunciase la suspensión, por un año, de los planes de inversión del grupo EIMSA (IH, 65%; INI, 35%) en la planta de motores de Torrejón de Ardoz; después, la interrupción indefinida de cualquier inversión y, finalmente, la llegada a un acuerdo en principio para denunciar los acuerdos del ochenta.

Lo que en fuentes solventes del INI se presenta como una táctica empresarial ("quizá equivocada, pero una táctica") en medios bancarios próximos al problema se califica como un esfuerzo protector de los posibles errores cometidos en el pasado, es decir en la entrega de ENASA a una firma que, aunque con un historial irreprochable, presentara síntomas de debilidad preocupantes en aquellas fechas. En este sentido, el hecho de que Harvester, por indicación de los bancos acreedores, iniciara una clara política de desinversión en todo el mundo, con ventas de sus activos más atrayentes, era razón más que suficiente para emprender una retirada. A este respecto, es significativo que Harvester sacara inútilmente a la venta su participación minoritaria en la DAF holandesa, después de un fracasado intento legal para tomar control de la compañía. Que, en el peor momento de las negociaciones con los bancos, vendiera por 500 millones de dólares la división más rentable del grupo, la de turbinas solares. Y que, incluso, entregara por 50 millones de dólares su participación en la joint venture (muy parecida a la de EIMSA) que tenía en la firma japonesa Kimco, junto a la Komasutu Ltd.

Poco que recuperar

Con estos antecedentes tras la espalda, algunos expertos del sector aseguran que los trámites del divorcio ENASA-IH no van a ser nada sencillos. Altos directivos del INI han manifestado que el "acuerdo informal" al que llegaron hace ocho días con McCardell prevé la recuperación por parte de ENASA de cualquier aportación que se haya hecho en la sociedad mixta, especialmente la de la planta de motores. Pero IH apenas ha puesto dinero en ENASA (las acciones las compró a un precio simbólico de peseta por acción) y el dinero que desembolsó en el capital social de EIMSA y que asciende a unos 480 millones de pesetas, se destinó a la adquisición de los terrenos de la planta de Torrejón de Ardoz.

Estos terrenos que se han convertido ahora en, prácticamente, el único activo de la sociedad y es presumible que, con el 65% de EIMSA en manos de IH, los bancos acreedores de la firma de Chicago tengan algo que decir sobre los "acuerdos informales" de Archie. No obstante, fuentes del INI señalaron a este respecto que, " aunque no se puede poner la mano en el fuego" sobre el cumplimiento por parte de IH de este compromiso, en el actual consejo de administración están presentes todavía personas que lo negociaron y ratificaron. En cualquier caso, el consejo de IH debe reunirse en los próximos días en Chicago y el INI espera y confía, según fuentes del instituto, en que se apruebe definitivamente.

En esencia, el compromiso negociado con el ex-presidente de IH persigue la cancelación definitiva de los acuerdos del 80, la recuperación de la gestión de la sociedad por parte de sus antiguos administradores, la renuncia de IH en favor del INI de la titularidad de las acciones que tiene en las dos sociedades y la aceptación como irrecuperables de los pagos que IH ha hecho como socio de ENASA y que, según fuentes del INI, no han sido cubiertos por parte de los accionistas españoles desde que Carlos Bustelo sospechó de la eventual ruptura del contrato del 80. Estas cantidades serían exclusivamente los salarios que han recibido los treinta directivos y técnicos norteamericanos presentes en ENASA y cuyas nóminas, según el sindicato socialista, ascenderían a nueve millones mensuales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de mayo de 1982