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Advertencia del electorado francés a los socialistas en la primera vuelta de las cantonales

Al término de los diez primeros meses de gestión socialista, en la primera cita electoral tras la victoria del presidente François Mitterrand, la pasada primavera, el electorado francés maniriesta una cierta desafección por el nuevo poder. Esta es la lección mayor ofrecida por los resultados de la primera vuelta de las elecciones cantonales celebradas el domingo. Segunda enseñanza importante: la confirmación del declive del Partido Comunista. El socialista, por el contrario, se reafirma como el primer partido de Francia. La oposición conservadora liberal, globalmente, ha conseguido una leve mayoría de votos en el país.

Más de doce millones de electores acudieron a las; urnas el pasado domingo para elegir 2.015 consejeros generales de otros tantos cantones. Los partidos de la coalición gubernamental y de diversas izquierdas totalizaron el 49,59% de los sufragios, contra el 52,50% que habían conseguido en las anteriores cantonales de 1976. La oposición conservadora, es decir, chiraquistas, giscardianos y otras formaciones menores de derechas, consiguieron el 49,92% de los votos, lo que supone un progreso de más de dos puntos respecto a la misma consulta de 1976.El gran perdedor de la mayoría gobernante es el Partido Comunista francés (PCF), por el que ha votado el 15,87% del electorado, en vez del 22,80% en el año 1976. A pesar de que el partido socialista (PS) ha progresado y se acerca al 30%, reafirmándose como el partido dominante del país, no ha podido compensar las pérdidas comunistas y, con ello, la coalición mayoritaria en la Asamblea, en votos, es levemente minoritaria desde anteayer a nivel local.

Estos resultados deben ser complementados por los de la segunda vuelta, que se celebrará el próximo domingo. Sólo entonces se sabrá si la ligera mayoría de sufragios conseguida por la oposición se traduce en una mayoría de Consejos Generales. El escrutinio de 1976, a pesar de ser minoritaria en votos, le dio a la coalición chiraquista-giscardiana, de entonces 51 presidencias de los 95 Consejos Generales del país. Ahora, el ministro del Interior, Gaston Defferre, acaba de efectuar una nueva división cantonal que pidiera favorecer a los socialistas y, comunistas a la hora de repartirse las presidencias de los consejos.

Es significativo que la oposición ha sido beneficiada por su táctica de unión: en la mayoría de los cantones han presentado candidatos únicos, contrariamente a los comunistas y socialistas, que acudieron cada cual con su representante, hecho, por otra parte, que caracteriza aún más el fracaso del PCF. También se anota como dato que ha podido favorecer a la oposición la movilización sin prece dentes del electorado (votó el 70%).

Al margen de todos estos detalles y de las querellas suscitadas por las cifras oficiales (se le reprocha a Defferre el incluir en el haber de la mayoría un 1,8% de diversas izquierdas), todas las formaciones políticas y toda la opinión coinciden en que esta primera consulta tras la victoria de Mitterrand, el año pasado, constituye una advertencia seria al poder. Las reformas, la intolerancia y los affaires socialistas que la derecha y alguna Prensa han inventado o exagerado, el desbordamiento del poder sindical, que también la oposición le echa en cara a la Francia socialista, son elementos que pueden explicar el voto de anteayer. El comentarista del diario independiente Le Monde resumía así este primer revés nacional de Mitterrand "Diez meses después de la alter nancia, el poder de la izquierda aún no ha adquirido derecho de ciudadanía. Para muchos continúa siendo un extranjero que inquieta más por las intenciones que se le atribuyen que por la realidad de su trayectoria".

El otro capítulo esclarecedor de las cantonales lo representan los siete puntos que ha perdido el PCF, hecho más grave aún si se tiene en cuenta que los comunistas, en Francia, siempre han sido favorecidos por las consultas de carácter local, en donde se valora, sobre todo, su gestión.

Ya se especula sobre una remodelación del Gobierno y el resultado del domingo podría acelerarla. Incluso los comentaristas favorables al Gobierno estiman que Mitterrand debiera reducir y cohesionar su equipo para convencer, que el cambio que él encarna no conlleva una ruptura de sociedad, que es lo que aún temen muchos de los ciudadanos de esta Francia que continúa dividida en dos, como siempre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de marzo de 1982

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