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Los árbitros internacionales españoles, lejos de las condiciones físicas ideales

Ninguno de los siete árbitros internacionales que tiene España, de los que dos serán presumiblemente elegidos el lunes para dirigir encuentros del Mundial-82, reúnen las condiciones físicas que cabría exigir a una persona para seguir el juego durante noventa minutos. Los análisis clínicos vienen a demostrar que no siguen una dieta de deportista; que todos, menos uno, han engordado durante el último año, y hay quien se fuma hasta una cajetilla de tabaco diaria. Puede decirse, en general, que no se cuidan. De los siete árbitros, Soriano Aladrén es, quizá, el que presenta unos índices de los menos anormales para tratarse de un deportista consumado y contumaz.

Guruceta, Franco Martínez, Lamo Castillo, Miguel Pérez, Soriano, García Carrión y Sánchez Arminio fueron reconocidos a principios de año en el Centro de Medicina Deportiva del Consejo Superior de Deportes. El anterior reconocimiento se les realizó un año antes, lo que ya de por sí demuestra un mal seguimiento médico.A falta de la prueba del esfuerzo, básica para determinar la condición física, puede decirse que los análisis de los siete árbitros están muy lejos de lo que cabría calificar de ideal para un deportista de cierto nivel, como pudiera esperarse de un árbitro internacional. Posiblemente se deba a que prodigan las comidas irregulares y abundantes fuera de casa, propias de los que tienen profesiones liberales, como es la mayoría de los casos.

En el último año, Guruceta engordó seis kilos; Lamo Castillo, cinco; Franco Martínez, tres; García Carrión y Sánchez Arminio, dos, mientras que Miguel Pérez y Soriano mantuvieron sus 84 y 76 kilos, respectivamente. El peso de todos ellos, a excepción de Sánchez Arminio, está por encima del normal y es muy superior al de un deportista. Este exceso de kilos provoca que no puedan aprovechar al máximo su capacidad pulmonar. La relación peso-litros es notable en Sánchez Arminio, con una capacidad pulmonar de 4,6 litros para mover sus 71 kilos, y mala en Guruceta, con 4,45/90.

Emilio Soriano Aladrén, agente de ventas, 36 años, 1,73 de altura y 76 kilos de peso, es el árbitro que ha ofrecido unos análisis clínicos más compensados. Si adelgazara, estaría cerca del ideal.

Angel Franco Martínez, banquero, 43 años, 1,77 de altura y 81 kilos, presenta el obstáculo de su aumento de peso, que ya era superior al que cabría esperar de un deportista hace un año. Por lo demás, sus muestras también se sitúan en unos parámetros normales. No obstante, un hormigueo en el hombro y mano izquierdos hacen presumir que padezca de cervicales.

Victoriano Sánchez Arminio, representante, 38 años, 1,75 de altura y 71 kilos, ve denunciada su aparente buena forma física externa por una alta velocidad de sedimentación y elevado ácido úrico, quizá debido a un cambio en la alimentación, que hace pensar en la existencia de una posible infección -quizá una muela careada-.

Miguel Pérez, jefe de almacén, 43 años, 1,79 de altura y 84 kilos, presenta los mismos problemas que Sánchez Arminio, pero agravados por su mayor peso, y por que fuma una cajetilla diaria de tabaco.

José Luis García Carrión, comerciante, 45 años, 1,70 de altura y 76 kilos, además de tener también alta su velocidad de sedimentación, pudiera ir en disminución su capacidad de seguir de cerca el juego, porque presenta una posible anemia.

Augusto Lamo Castillo, industrial, 42 años, 1,70 de altura y 79 kilos, también tiene alto el ácido úrico y presenta un nivel alarmante en el análisis que revisa la situación hepática. Ya el año pasado se le advirtió de una posible hepatitis. Presenta tapones en los oídos.

Emilio Guruceta, industrial, 40 años, 1,75 de altura y 90 kilos, con una alta velocidad de sedimentación y colesterol, está amenazado interiormente de perder su condición física.

Diariamente, fuma diez cigarrillos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de marzo de 1982

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