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Caza y pesca

La temporada cinegética finaliza el domingo en media España

Las medidas adoptadas por el Icona, publicadas el miércoles en el Boletín Oficial del Estado, suponen que la temporada de caza está ya prácticamente a punto de terminar en media España. El domingo será el último para la caza de las aves acuáticas en todo el territorio, y para la perdiz, en dieciocho provincias peninsulares.

Las aves acuáticas, tradicionalmente, suponían una prórroga de la temporada de caza cuando ésta llegaba a su fin. Hasta marzo se podían cazar en diversos terrenos, pero este año, a causa de la desaparición de las habituales zonas húmedas por la sequía, se determinó que quedaran protegidas a partir del domingo. Las lluvias de última hora, aunque útiles para el crecimiento de los pastos, de lo que se beneficiará la caza mayor, no supondrán apenas nada para las acuáticas. Estas se encuentran muy concentradas en la Albufera de Valencia y ya no hay tiempo material para que se disgreguen. Para que esto sucediera habría que recuperar las zonas húmedas habituales, donde las diversas especies tenían el hábitat durante su permanencia en España, por lo que las precipitaciones de agua tendrían que ser intensas y continuas.No, obstante, la orden ministerial contempla la posibilidad de que varíen las circunstancias que han aconsejado la implantación de la veda y faculta al Icona para que, previa consulta a los consejos provinciales de caza, disponga entonces de las medidas oportunas. También podrá levantarse la veda por daños a la agricultura. Independientemente de esto, las comunidades autónomas, en el ejercicio de sus competencias, pueden establecer las medidas que estimen convenientes.

El domingo también será el último día de caza para la perdiz en Cáceres, Badajoz, Huelva, Sevilla, Cádiz, Córdoba, Málaga, Jaén, Granada, Almería, Murcia, Alicante, Valencia, Cuenca Castellón, Teruel, Zaragoza y Huesca. En estas provincias se podrán seguir cazando las especies de caza mayor y menor, a excepción, lógicamente, de las ya vedadas -acuáticas y perdiz-. La actividad cinegética en estas zonas se ceñirá a las monterías y batidas de ciervo y jabalí, principalmente, y a las cacerías de liebre, conejo y zorzal, especie esta abundante y.que comenzará a tener atractivos para el cazador ante la veda de la especie reina, la perdiz roja.

Tampoco es fácil para la perdiz que la presencia de las lluvias derogue su veda. Más que contra la sequía se la quiso proteger de la presión de que era objeto por parte de los cazadores en un año en el que crió muy mal. Esta temporada se perdieron muchos polluelos y lo que se estaba matando eran los ejemplares adultos, con lo que el daño a la especie era considerable. A la escasez de parejas reproductoras se sumaba el que se estuviesen eliminando las que quedaban, con lo que se hipotecaba,la supervivencia de una especie que se considera soporte de toda la industria cazadora.

La pesca, beneficiada por las lluvias

La escasez de lluvias tampoco favorecía a la pesca. No sólo porque los niveles bajos de ríos y embalses obligasen a un anormal comportamiento de los peces, sino porque estaban en juego las posibilidades reproductoras de la especie principal, la trucha.Este mes es durante el que desova la trucha. Exceptuando los tramos fluviales de la zona norte, no había lugares idóneos donde los salmónidos pudieran efectuar su puesta. Incluso si ésta se llegara a realizar, el peligro, aún latente, de que la posterior crecida de las aguas se llevara las huevas hacía meditar mucho sobre las medidas que cabría adoptar para la próxima temporada. La llegada de las lluvias ha logrado, al menos, que la situación no empeore.

Respecto a las restantes especies, las precipitaciones también son beneficiosas. Donde todavía quedaba agua -la sequía provocó la desecación de numerosos embalses-, los niveles eran tan bajos que los peces mantenían un comportamiento extraño al tener que moverse por zonas no habituales para ellos, como lo son orillas sin vegetación que estuvieron años a muchos metros de profundidad Aunque de momento la lluvia no signifique un aumento de los niveles de los ríos, sí al menos renovará el oxígeno del agua, lo que contribuirá al movimiento de los peces y a mejorar las condiciones de pesca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de diciembre de 1981