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Liberado el empresario Serra Santamans previo pago de un rescate a sus secuestradores

, El empresario catalán Jesús Serra Santamans, secuestrado en Barcelona el pasado 26 de marzo, fue liberado en la madrugada de ayer en las inmediaciones del pueblo de Candasnos (Huesca). La liberación -tras dos meses y una semana de cautiverio- se produjo en virtud de las negociaciones llevadas a cabo por el hijo del secuestrado, José María Serra. Tales negociaciones han supuesto el pago de un rescate, aunque se ignora la cantidad que la familia del señor Serra ha librado a los secuestradores.

Tanto los familiares como fuentes oficiales confirmaron ayer a este periódico el pago del rescate. Fuentes oficiales, tras no descartar el móvil político del secuestro, señalaron desconocer la cantidad del rescate. "Quizá", manifestaron las fuentes, «no la sepamos nunca; la familia ha actuado con una absoluta discreción». Las fuentes oficiales confirmaron que la cantidad exigida al principio fue de cincuenta millones.El hermano del señor Serra Santamms, Antonio Serra, manifestó a este periódico: «Hubo negociaciones, todas ellas muy laboriosas y llevadas directamente por mi sobrino José María. Creo que sin negociaciones no se resuelve nada, como en todas las cosas». El hermano del secuestrado expresó sus dudas sobre la identidad y los móviles de los secuestradores. «En un primer momento», dijo, «creí que era un asunto económico, ahora no estoy tan seguro, pero sólo son suposiciones. Mi hermano lo explicará todo dentro de tres o cuatro días».

Atado en un saco de dormir

Jesús Serra Santamans fue abandonado por sus secuestradores al filo de las cinco de la madrugada en las afueras del pueblo de Candasnos, situado en los inicios de la comarca de los Monegros, en Huesca, en una zona desértica. Atado en un saco de dormir, el señor Serrá pudo deshacerse de sus ligaduras. Repuesto, hizo auto-stop, sin conseguir que los escasos vehículos que circulaban por la carretera se detuvieran. Por ello se decidió a ir andando hacia Candasnos, en donde durmió en un pequeño hotel. No pudo llamar por teléfono a sus familiares debido a que, según explicaron estos últimos, el servicio telefónico en aquella localidad se suspende por las noches.

Por la mañana, el señor Serra entró en contacto con sus familiares, quienes se ocuparon de trasladarlo a Barcelona. Anoche, el señor Serra se encontraba en su casa de la calle de Enrique Giménez, en el barrio barcelonés de Pedralbes. Allí piensa descansar durante cuatro días, transcurridos los cuales ofrecerá una conferencia de prensa para explicar su secuestro y cautiverio.

Según fuentes de la familia, el estado general del señor Serra era, tras su liberación, correcto. «Llevaba barba, pero se afeitó en seguida tras ser liberado», explicó ayer su hermano Antonio. «Ha perdido peso», creo, «y piensa someterse a un chequeo; por ahora no ha sido necesario que ni tan solo le visite un médico. Mi hermano estaba contento por su liberación, y desmoralizado por lo sucedido», añadió.

Las mismas fuentes explicaron que Serra Santamans permaneció totalmente aislado durante su cautiverio. Cambió varias veces de lugar y no pudo ver periódico alguno ni escuchar la radio, en presencia de sus secuestradores, que hablaban en castellano;

siempre iba con los ojos vendados. El secuestrado ignora totalmente el lugar in que estuvo recluido y sólo tiene la impresión de que «le hicieron hacer muchos kilómetros».

Empresario de seguros

Jesús Serra cuenta en la actualidad con 68 años de edad. Está casado y es padre de dos hijos. Su actividad empresarial se centra principalmente en el ramo de seguros. Es consejero delegado y director general de Catalana Occidente, primera empresa catalana del ramo y uno de los principales accionistas de la empresa promotora de la estación de esquí de Baqueira Beret, en el Valle de Arán (Lérida).

El señor Serra es además presidente del Real Club de Tenis de Barcelona. Fue precisamente a la salida de la sede de esta entidad cuando fue secuestrado. El hecho ocurrió sobre las nueve de la noche del pasado 26 de marzo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de junio de 1980