Ir al contenido
_
_
_
_

La pareja sueca prefiere probar antes de casarse

Primero, vivir juntos, y, después de casarse. Tal parece ser la filosofía que se ha impuesto progresivamente en la pareja sueca, según las conclusiones del Instituto Sociológico de Upsala, que ha investigado el problema.

Esta tendencia, que comenzó a hacerse evidente en la década de los sesenta, alcanzó su pico más alto de mediados del setenta y se mantiene con pequeñas oscilaciones. En siete años el número de casamientos legales disminuyó en un 40%. Las causas son diversas, pero atribuye gran influencia a la actitud de la sociedad sueca, que considera totalmente normal que dos personas vivan juntas sin es casadas. Esta ausencia de coacción social facilita a su vez a los individuos la puesta en práctica de una experiencia matrimonial sin condicionamientos legales hasta estar relativamente seguros de que la elección de la pareja ha sido correcta.

Al cabo de siete u ocho años, si la experiencia ha resultado satisfactoria y hay bastante seguridad su estabilidad afectiva, los cónyuges deciden casarse, generalmente cuando el primer hijo alcanza edad escolar. Curiosamente, la mayoría lo hace con ceremonia religiosa. La decisión de casarse, una vez pasada «la prueba» radica, por una parte, en que el consenso general de que la situación normal debe ser el matrimonio legalizado y, por otra, que si bien no hay compulsión social, las disposiciones legales no son las mismas en ambos casos.

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_