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La indifencia de los aficionados empobrece el balance final de la Spartakiada

En la tarde del pasado domingo se iniciaba en el estadio central Lenin, de Moscú, la definitiva cuenta atrás de las Olimpiadas-80, con la clausura de la VII Spartakiada de los pueblos de la URSS. Las experiencias recogidas durante el último mes en Moscú, Leningrado, Kiev, Minsk, Tallin, Vilnius y Kaunas, donde han competido 10.000 soviéticos y 2.000 deportistas procedentes de cien países, servirán, sin duda, para que los organizadores de los Juegos Olímpicos corrijan los fallos observados durante estas semanas.

El desarrollo de las competiciones ha resultado impecable. El cuidado de los atletas, el traslado a los recintos deportivos y el cumplimiento de los horarios de las pruebas se han hecho con minuciosidad y sin que hubiera ningún tipo de quejas, excepción hecha de los deportistas extranjeros de tiro. Por otra parte, el éxito deportivo, según los resultados finales, no ha sumado datos destacados en cuanto a récords se refiere. Los deportistas soviéticos deberán entrenarse duramente en los próximos doce meses para alcanzar las marcas que les hagan acreedores al mayor número de medallas.La mayor sorpresa de la VII Spartakiada fue la indiferencia demostrada por los aficionados. El acontecimiento no ha sido realmente popular. Reconocido por los propios organizadores, han cargado las culpas sobre la propaganda, insuficiente y mal dirigida. No obstante, creemos que el motivo principal ha sido la ausencia de figuras internacionales. Asimismo, la utilización permanente de un canal de televisión para la retransmisión de las competiciones y diversos resúmenes especiales hechos en otros programas han retraído al público de los estadios, donde se exponían a los cambios de temperatura en estos días de verano-otoño, que solían terminar siempre con chaparrones o aguaceros.

La buena disposición de los organizadores hacia el millar de informadores acreditados se vio reflejada en las oficinas de prensa, instaladas en los recintos deportivos, atendidas por numeroso personal de servicio, que intentaron suplir los fallos de los sistemas electrónicos de elaboración de datos. A pesar de haber acotado lugares para que los periodistas presenciaran las competiciones, la mayoría de los estadios resultaron incómodos ante la falta de asientos, que obligaba a sentarse sobre el suelo de las tarimas. Como compensación, insuficiente, cada oficina de prensa contaba con lujosas y funcionales cafeterías bien atendidas.

Interés por los países africanos

La participación de los 2.000 deportistas extranjeros ha tenido en los japoneses la mejor atracción. Ciento treinta informadores nipones han escrito y transmitido en directo por radio y televisión los éxitos de sus deportistas en gimnasia, judo, voleibol y en la maratón, a pesar de que los principales atletas se han quedado en las islas preparando la Olimpiada, según un programa especial. Sobre el papel español, ya hemos comentado que se limitó a ser discreto, con dos españoles, el nadador Rafael Escalas y el atleta José Abascal, que participaron en las pruebas finales.Los organizadores de la Spartakiada han dedicado especial interés en atender a los deportistas africanos, que constituyen una quinta parte de los 134 países que participan en el movimiento olímpico. A la Spartakiada vinieron representantes de 32 países africanos, la mayoría de los cuales recibe una fuerte ayuda de la Unión Soviética. Además de abastecerles de accesorios deportivos, entrenadores de la URSS trabajan en muchos países africanos y forman boxeadores y atletas en Zambia, Mozambique, Angola, la República de Chad... De estas ayudas ya han salido campeones como los etíopes Abebe Bikila y Mamo Wolde, el corredor Henri Rono y el boxeador Steven Musoke, de Kenia. Tanzania envió a estas competiciones recién terminadas en Moscú al mejor atleta africano en los 1.500 metros, Philbert Beyi; al más fuerte maratoniano del continente, Gidamis Shalianga, y a la joven corredora Mwinga Mwanjala.

Los dirigentes soviéticos han aprovechado las ruedas de prensa de estos días para insistir una vez más en la posición de los organizadores de la Olimpiada sobre el tema del racismo: «Las puertas del Moscú olímpico estarán cerradas para los que inculcan el racismo y el apartheid en el deporte», subrayó el vicepresidente del comité organizador, V. I. Popov. «Nosotros sostenemos una postura negativa en cuanto a los contactos en cualquier deporte con los equipos y deportistas del movimiento olímpico internacional por practicar el racismo y el apartheid en el deporte. Tenemos en alta estima y apoyamos la posición que sostienen el COI y su presidente, Lord Killanin, ante esta cuestión.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 1979

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