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El socialista Rafael Escuredo, nuevo presidente de la Junta de Andalucía

Rafael Escuredo (PSOE), diputado por la provincia de Sevilla, fue elegido presidente de la nueva Junta de Andalucía en el acto de constitución de la misma, celebrado ayer en la sede de la Diputación sevillana. El señor Escuredo, que obtuvo dieciséis votos de socialistas y comunistas, frente a los catorce del candidato de UCD, Miguel Sánchez Montes de Oca, prometió ser un presidente institucional que «coordine, arbitre y represente la labor necesariamente colegiada de nuestro segundo gobierno preautonómico», y terminó su intervención con vivas a Andalucía y a España.

El acto de recomposición de la Junta tras las elecciones generales y municipales, que dio comienzo con cuarenta minutos de retraso, contó con la presencia, entre otras personalidades, del ministro de Cultura, Manuel Clavero; del presidente del Senado, Cecilio Valverde; del portavoz del Grupo parlamentario Socialista, Felipe González, y de los gobernadores civiles y parlamentarios de varias provincias andaluzas.Tras la elección del presidente, en la que se registró el voto en blanco del único miembro del PSA en la Junta, Miguel Angel Arredonda, se dio lectura a los nombres de los integrantes del Consejo Permanente: ocho representantes de las diputaciones provinciales y los ocho parlamentarios que estarán al frente de otras tantas consejerías ejecutivas. Tres de estas «carteras» (Interior, Obras Públicas y Cultura) estarán en manos del PSOE, y otras tres (Agricultura, Economía y Sanidad), de UCD, mientras que el PCE obtuvo Industria, y el PSA, Medio Ambiente.

Precisamente la intervención del representante del PSA se caracterizó por una dura crítica a la trayectoria anterior de la Junta, a la que acusó de haber llegado a la más absoluta inoperancia, subrayando que las conversaciones y preparativos para esta nueva etapa habían marchado por el mismo camino y que Escuredo se había mostrado «absolutamente mediatizado por los intereses centralistas de su propio partido, siguiendo la línea que tan desafortunadamente mantuviera su compañero, el anterior presidente».

En este momento, los murmullos que se habían ido produciendo tras las primeras palabras de Arredonda se convirtieron en abierta protesta, surgiendo gritos de «Fuera, fuera» en un sector del público en el que se encontraban algunos parlamentarios del PSOE. El orador alzó la voz para contrarrestar el griterío, mientras el recién elegido presidente amenazaba con desalojar la sala. Más adelante, el mismo sector prorrumpió en risas cuando Miguel Angel Arredonda se refirió al coto de Doñana pronunciando claramente Doña Ana, a pesar de que en el texto distribuido a los medios informativos la expresión era correcta.

Las intervenciones de los restantes portavoces insistieron en la necesidad de que la nueva Junta actúe con un programa común, que se convierta en portavoz de las reivindicaciones del pueblo andaluz y que acelere los trabajos encaminados a conseguir un estatuto de autonomía en el plazo más breve posible. Fernando Soto (PCE) puso el acento en los problemas sociales de Andalucía, especialmente el paro, subrayando que «no queremos una autonomía para administrar la miseria» y puntualizando que sus votos a favor de Escuredo no eran un cheque en blanco a los socialistas.

Miguel Sánchez Montes de Oca (UCD) indico, por su parte, que los centristas iban a la Junta a trabajar por Andalucía con entusiasmo y responsabilidad y que estarían en la oposición más intransigente si se intentan colocar los intereses del partido por encima de los intereses de Andalucía, insistiendo en el papel que en el proceso autonómico corresponde a ayuntamientos y diputaciones. Finalmente, José Rodríguez de la Borbolla (PSOE) señaló que, a pesar de sus limitaciones, la Junta de Andalucía había encarnado realmente en el pueblo y que los socialistas potenciarían el consejo permanente como órgano de gestión unitaria, quedando el debate y el enfrentamiento de posiciones para el pleno del ente preautonómico.

El nuevo presidente pide unidad

Tras unas palabras de despedida del presidente saliente, Fernández Viagas, correspondió clausurar el acto a Rafael Escuredo, quien comenzó declarando que se sentía desde ese momento presidente de la Junta de Andalucía y no haría política de partido durante todo el tiempo que durase su mandato. Esta fue la idea central de su discurso, en el que detalló los aspectos más Importantes de administración de transferencias y reivindicación de soluciones a los problemas andaluces que estarían presentes en su gestión. «Unidad para construir Andalucía y unidad para resolver sus problemas», repitió posteriormente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de junio de 1979

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