El profesionalismo desaparecerá en Tercera División en un plazo de dos años

El profesionalisnio desaparecerá en Tercera División en un plazo máximo de dos temporadas. Los jugadores de esta categoría serán a partir de entonces aficionados o aficionados compensados. La compensación máxima que recibirán estos jugadores será cifrada en 300.000 pesetas. Estas medidas, incluidas en la reestructuración de la Segunda B y Tercera, División, serán planteadas en la próxima asamblea extraordinaria, señalada para el 23 del próximo mes. El objetivo principal de estas modificaciones es evitar los gastos de la seguridad- social de unos clubs que no son empresas con fines lucrativos y que llegarían a suponer una tercera parte de sus presupuestos anuales.

La Federación Española ha decidido que su asesor jurídico, Fernando Varla de Rey, y uno de los miembros del Comité de Competición de Aficionados y Juveniles, Francisco- Ortiz, como abogados que son, se encarguen de regular jurídicamente la figura del jugador compensado. Actualmente en categoría nacional existen dos categorías de jugadores: profesionales y aficionados, que son los menos. Hace años, y después de una corta experiencia, se decidió suprimir el amateurismo marrón, situación en la que estaban escasos jugadores.El proyecto de normativa presentado para su aprobación, con el fin de suprimir la profesionalidad en Tercera División, contempla además otras medidas restrictivas. Estas medidas tienen como objetivo principal sentar una base real para mejorar el fútbol nacional. Entre estas medidas cabe destacar el límite de edad y la supresión del derecho de retención, que sí se mantiene para los jugadores profesionales de categorías superiores.

El límite de edad para los jugadores de Tercera División, que necesariamente habrán de ser aficionados o aficionados compensados, se fijará en veintitrés años. Por el momento, se respetarán los contratos en vigor de los jugadores profesionales que existan hasta que hayan concluido. Al mismo tiempo, se permite a cada club contar con tres jugadores que superen los veintitrés años. Aquellos jugadores que hayan iniciado su carrera deportiva en un determinado club, si no cambian a otro y permanecen como aficionados, podrán continuar en Tercera División hasta su retirada. Aquel jugador que en el transcurso de estos años haya cumplido el servicio militar se le permitirá seguir un año más, es decir, hasta los veinticuatro.

Los jugadores de Tercera División, ante la imposibilidad dé ser profesionales, no tendrán otro contrato que una ficha diligenciada por la Federación. En esta ficha constará la cantidad que percibirá al año, y que no podrá superar las 300.000 pesetas. Será firmada por el jugador y el club, a través de su secretario y presidente. La Federación se encargará de garantizar su cobro. No se incluye en la ficha la forma de pago. Ahora la Federación estudiará la fórmula más idónea para que este jugador no quede desamparado médicamente. Se estudia la posibilidad de establecer un convenio especial entre la Mutualidad de Futbolistas -en la que obligatoriamente estará incluido todo jugador, sea profesional o aficionado- y la Seguridad Social.

No habrá retención

El derecho de retención no afectará para nada a estos jugadores. Actualmente el jugador aficionado cuenta con dos años de retención posible. En la normativa elaborada sobre este tema se establecerán unas cantidades determinadas, según el precio del traspaso, que irán a la Federación Española y ésta las distribuirá proporcionalmente entre los clubs a los que haya pertenecido el jugador.

Siete millones de pesetas, por otra parte, sería el coste fijado por los estudios realizados sobre este tema, que cada club debería pagar de seguridad social si sus jugadores fuesen profesionales. Se trata de una cantidad considerable si se tiene en cuenta los presupuestos anuales de esos clubs. Al. desaparecer el profesionalismo en Tercera División, los clubs de esta categoría no se encontrarán con la problemática económica que supondría esos gastos.

El jugador profesional requiere un régimen especial para su inclusión en la Seguridad Social. Esta es la opinión mayoritaria de todas las partes interesadas en el asunto. Los clubs serían los más perjudicados, y con diferencia, si esa inclusión se realiza según las tarifas normales. Mientras el jugador pagaría anualmente unas 20.000 pesetas, cada club, por cada uno de sus veintidós jugadores de plantilla, en el mismo período de tiempo, abonaría unas 13 8.000 pesetas. De ahí la diferencia de criterios que existe entre unos y otros, aunque todos coinciden en la necesidad de la seguridad social. Esas cifras, por otra parte, también afectarían a la Segunda División.

El jugador profesional de fútbol cuenta con unas características que necesariamente le obligan a contar con un régimen especial de la Seguridad Social. El seguro de desempleo difícilmente puede afectar a una profesión de tales características. Los ingresos de este trabajador complicarían la cotización de los mismos. Su jubilación sería otro problema, ya que la Seguridad Social establece cotizar a la misma un mínimo de treinta años para que le corresponda. La vida profesional de cualquier jugador es prácticamente imposible que llegue a esos treinta años, aunque tendrían validez las cotizaciones como jugador y las que continuase abonando en la siguiente profesión que desempeñe. Después de comprobar estas complicaciones, en parte es lógico que se quieran evitar. La mejor fórmula es suprimir la profesionalidad en Tercera División.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0023, 23 de enero de 1979.

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