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"Las historias populares sobre San Vicente Ferrer son similares a las de Mazinger «Z»"

La portentosa vida del padre Vicente, película que se estrenó ayer en Madrid, se ha convertido antes de su presentación al público en una de las películas más polémicas y conflictivas del País Valenciano, país en el que se realizó y del que recoge como protagonista a uno de sus ciudadanos-leyenda mas ejemplares: San Vicente Ferrer. Presiones del arzobispado y del sector más integrista de la ciudad han conseguido, al menos hasta la fecha, el, que no se estrena en dicha ciudad. Carlos Mira, su realizador, habló sobre todo ello con Angel S. Harguindey.

Carlos Mira, 31 años, realizó tres cortometrajes y hoy se estrena su primer largometraje, La portentosa vida del padre Vicente, basada en la vida, obra y milagros de San Vicente Ferrer, en una adaptación que él mismo califica de «libertina».«Buscando algo que tuviera una tradición popular, encontré en mi ciudad, Valencia, unos festejos muy aprovechables. Los miracles de San Vicent, que consisten en la representación de unas pequeñas piezas de teatro, casi entremeses, que son representados por niños en la calle. Esto se hace el día del santo. Investigando sobre esta costumbre, que considero una muestra de la cultura popular, encontré toda una literatura fechada en el siglo XVII que utiliza estas vidas de santos, mitificándoles. Hay que comprender que estos santos varones eran para el siglo XVII -en pleno imperio de la Inquisición- el equivalente a los héroes populares actuales, es decir, algo así como el Mazinger "Z" de la televisión. Y, naturalmente, se contaban historias eróticas fantásticas, utilizando el truco de convertirlas en "tentaciones" a los místicos. De igual manera, las historias de aventuras, llenas de acción, las protagonizaban aquellos héroes religiosos.»

«En todo este tipo de literaturas había un denominador común que no era otro, al menos a mi juicio que el de mostrar al pueblo una ilusión de la realidad. Es decir, no eran historias reales, sino que mostraban un mundo fantástico, aparentemente real. Personalmente creo que era un método consciente de alienación popular. Lo importante era mantener al pueblo en un estadio de ignorancia y temor. Así se contaban historias en las que el protagonista era capaz de acostarse encima de unas brasas al contemplar un desnudo femenino, la insistencia en que el fin del mundo estaba próximo, en definitiva, una utilización de todos los elementos imaginarios que potenciaran la capacidad de aterrorizar.»

«Para mí, lo positivo de la película sería el acertar en mis deseos de desenmascarar esta manipulación. Si el espectador se ríe o deja de creer al contemplar estas imágenes, en el fondo, pienso, se estará riendo de la moral que unas clases sociales dominantes impusieron durante mucho tiempo. Debemos darnos cuenta de que toda esta metodología de la alienación no está tan distante en el tiempo como pueda parecer. Al Papa todavía le llevan entre espectaculares caballeros en su silla gestatoria y quedan muchos sacerdotes que amenazan con las llamas del infierno a cualquier adolescente que confiesa haberse masturbado.»

La película está realizada desde un intento de aproximación real al lenguaje popular. No pretende ser, en absoluto, una película «populista», pero sí parte de la convicción personal de su realizador de que la cultura popular tiene y mantiene una vigencia y unas posibilidades inmensas. Carlos Mira insiste en que su filme pretende distanciarse por igual del concepto burocrático y típicamente franquista de «cultura popular» como de las películas sofisticadas y de élite, aquellas que exigen una gran preparación cultural previa para entenderlas con plenitud. La imagen que presenta de San Vicente Ferrer en su película es, en realidad, la imagen que muestran esos libros beatos y baratos, pero llevada su adaptación hasta el final de sus absurdas elucubraciones. (Un ejemplo: la tradición insiste en que Vicente Ferrer fue invitado en cierta ocasión a comer en una casa de campesinos, en Morella -Castellón-. Al sentarse a la mesa comprueba que el manjar que le ofrecen -lo que los campesinos consideraban que era lo más selecto y exquisito que había en la casa- era un niño de dos o tres años, un «lechón» humano. Vicente se da cuenta de lo que se le ofrece y hace el milagro de resucitar al niño.)

La película todavía no se estrenó en ninguna ciudad española; sin embargo, el arzobispado de Valencia ya adoptó una clara actitud contraria a su posible estreno, pese a que oficialmente no la han podido ver. Al parecer, la simple publicación de un reportaje en un semanario especializado sobre la película fue suficiente para que arremetiera a través de un duro artículo en el Boletín de Medios de Comunicación Social de la diócesis. En él se acusaba al realizador de querer «insultar al pueblo valenciano». La respuesta de Carlos Mira se produjo por la vía judicial: ha interpuesto una querella por injurias al arzobispado en la que solicita diez millones de pesetas por daños y perjuicios.

Albert Boadella es el protagonista de la película. Precisamente cuando se necesitaba su colaboración para la fase del doblaje, surgieron los ya famosos problemas con la justicia militar. Tuvo que ser doblado por otro actor.

«La película fue también atacada por el sector más integrista y reaccionario de Valencia, calificándola de ser un producto del "imperialismo catalán", En esto hay que explicar que desde que el País Valenciano ha vuelto a tomar conciencia de nacionalidad, la derecha siempre utiliza Cataluña como el fantasma pérfido que quiere robar al País Valenciano todo lo que de genuino y puto tiene, desde la paella a la senyera. Mi película, al escoger como protagonista a Vicente Ferrer, despertó también la iras de los "nacionalistas de casino", que en realidad son el bunker de siempre. En cualquier caso, toda esta campaña contra una película que todavía no se ha visto tiene lamentables repercusiones para su comercialización. En Valencia, ninguno de los tres exhibidores importantes que hay quieren estrenarla. Nuestra intención es que se estrene en Alcoy, como estreno para el País Valenciano. Lo cierto es que el País Valenciano votó en gran medida a la izquierda, que tiene un presidente de Consell que es socialista, pero, por lo que se ve las fuerzas reaccionarias todavía controlan, en gran medida, los medios de comunicación del país, y « esa derecha se ha comportado con los mismos métodos de manipulación que los escritores de esa literatura apocalíptica y pseudomística de la que hablábamos.»

En La portentosa vida del padre Vicente sólo intervienen tres actores profesionales: el ya citado Albert Boadella, Angela Molina y Ovidi Montllor; el resto eran habitantes de Alcoy que tenían una cierta vinculación con el teatro, pues no hay que olvidar que en esta ciudad, antes de la guerra, existían tres compañías teatrales populares, es decir, es una ciudad con una gran vocación hacia las actividades culturales de todo tipo.

«La película tuvo una fase de preparación de cinco meses, algo que no suele ser frecuente en la industria española. Desde el principio tuve mucho interés en que colaboraran en el proyecto gentes de sensibilidad. artística manifiesta, puesto que al ser una película de época (la acción es el siglo XIV) era muy importante la ambientación y decorados. Colaboraron conmigo varios pintores de Alcoy -Alejandro Soler y Roc Candela, sobre todo-, que hicieron una labor estupenda. Consiguieron recrear un ambiente en el que el factor "mediterráneo" tiene una importancia decisiva. El vestuario fue también algo, importante para el resultado final: hicimos más de cuatrocientos trajes, intentando aproximamos a las ropas de la época. Se hicieron mano, con tintes naturales y con una textura muy similar a la empleada en el siglo XIV. A modo anecdótico, puedo decir quip se utilizaron muchas mantas sobrantes de la famosa marcha verde marroquí.»

«Pese a esa campaña de la derecha reaccionaria valenciana, lo cierto es que los habitantes de Alcoy se identificaron plenamente con la película. Durante una semana teníamos que rodar unas secuencias de procesiones nocturnas, Al no tener un cuerpo de extras profesionales pedimos la colaboración de los habitantes del lugar; pues bien, hubo noches en que no teníamos suficientes trajes para vestir a toda la gente que se presentaba voluntariamente.»

«Esta película tuvo una producción mixta: una parte invertida por el capital profesional, otra buscada entre círculos familiares y de amistades y otra tercera, ya en plan cooperativa, en la que el capital invertido es en realidad el propio trabajo. El presupuesto final fue de cerca de veintiocho millones de pesetas, una cantidad importante.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de septiembre de 1978

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