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El Atlético ganó el Carranza por tercera vez consecutiva

Esta vez el Atlético de Madrid tuvo la suert¿ de cara y sin hacer más méritos que el River, e incluso jugando menos al fútbol que elconjunto argentino, se adjudicó la XXIV edición del Trofeo Carranza, triunfo que alcanza por tercera vez consecutiva. La táctica conservadora que planteó Héctor Núñez dio buen resultadoy sin jugar ni mucho menos un buen partido, los rojiblancos consiguieron el gol queademás de otorgarles el trofeo servía como desquite del Villa de Madrid, que ganó el River. Los argentinos bajaron de tono en relación a su partido con el Valencia, pero hicieron, no obstante, el mejor fútbol de la noche. Un par de intervenciones felicísimas de Reina, entre otras cosasevitaron el triunfo argentino.No pudieron olvidarlos jugadores, entrenadores y árbitros el lamentable encuentro final del Villa de Madrid. Esto y quizá el ver cómo,se desenvolvió el River frente al Valencia hizo que Héctor Núñez se obstinara en su táctica excesivamente defensiva sin arriesgar un ápice y jugando más bien como aspirante que como campeón. Amontonó hombres en la defensa -Marcelino, Pereirá, Arteche, Julio Alberto y Eusebioy dejó la posibilidad de hacer gol a merced tan sólo de algún contraataque o a alguna acción individual.

Esto, sin embargo, se vio favorecido porque también el River salió algo encogido y más pendiente de frenar al Atlético que de desarrollar su propio juego. Es fácil entonces sacar la consecuencia de que, los noventa minutos fueran deslucidos, broncos y escasos de calidad.

Esta sólo se pudo apreciar en acciones individuales y en algunas jugadas, especialmente por parte del River.

Eusebio se encargó de Beto , Alonso, pero a raíz de la expulsión de Merlo lo hizo Guzmán; Arteche seguía a todas partes y con mé todos no muy ortodoxos a Luque, mientras que Julio Alberto, también le enseñó los tacos a González cuantas veces hizo falta. Por fin, Marcelino luchaba lo que podía por sujetar a Ortiz. Por parte argentina era Saporitti el encargado de seguir a Aguilar, mientras que Perfumo y Pasarella se alternaban la vigilancia de Rubén-Cano. Más superioridad en los delanteros argentinos, que desbordaban siempre a sus oponentes, pero que se veían luego con un Pereira incansable que sacó muchos balones con etiqueta de muy peligrosos. Esta vez el brasileño no se permitió las alegrías ofensivas que con los italianos.

La expulsiónde Merlo perjudicó mucho al River. Merlo, jugador duro donde los haya, es también una pieza muy importante en el engranaje del conjunto argentino- y su medio campo baja bastantes enteros sin él. Esto sirvió, sin embargo, para que el River diera muestras de que se trata de un magnífico equipo de fútbol y poco a poco fue situándose en el campo de tal forma que nadie advirtió la superioridad numérica del Atlético, entre otras cosas, porque éste, como decíamos, no arriesgó nunca ni «subió nunca a la red», empleando símil tenístico. Pese a perder es justo decir que el River mostró más entidad en el campoe hizo más y mejor fútbol que el Atlético. También es'verdad que posee individualidades que están muy cerca de lo genial y que con esos hombres es fácil que surja una buena concepción del fútbol, un fútbol de muchos quilates. Con todo insistimos en que no llegó a «soltarse» del todo y sólo le disculpa el jugar con un hombre menos.

El Atléticono acaba de cuajar, pero no hay que olvidar que cmpieza la temporada el domingo y sería absurdo que el equipo estuviese ahora a punto. No se puede mantener un conjunto a tope lo que dura una temporada. Hay que establecer una especie de gráfico. Por otra parte, difícilmente Héctor Núñez abandonará esta táctica tan tremendamente conservadora, porque al balance de los dos torneos hay que anotar siete goles a favor y dos en contra y él sabrá, como todos los entrenadores, que al final los seguidores atléticos le van a pedir títulos y trofeos antes que un fútbol vistoso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 29 de agosto de 1978

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