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Reportaje:

Los gitanos quieren llevar sus problemas a la Constitución

Gitanos de Madrid van hoy a Presidencia del Gobierno a explicar sus problemas de marginación. Educación, vivienda y sanidad son sus principales preocupaciones. Algunos brotes racistas hacen aún más insufrible su existencia. Quieren que el Estado contemple la cuestión gitana en el articulado de su próxima Constitución, y esperan que haya un plan de desarrollo que les favorezca y en cuya programación intervengan ellos. Sobre estos temas, Juan Cruz Ruiz ha hecho una entrevista con un portavoz de la Asociación de Desarrollo Gitano, y Félix Grande escribe un análisis de la situación.

Los gitanos de uno de los barrios de Madrid le entregarán hoy al presidente del Gobierno español una carta sobre la situación de los miembros de su raza. Firman la carta unas 2.400 personas, entre ellas Felipe González, secretario general del PSOE; Juan de Dios Ramírez Heredia, diputado de UCD; Alberto Iniesta, obispo; Kristina Bonilla, del grupo pro derechos de las minorías de la ONU, y Joaquín Ruiz-Giménez, José Luis L. Aranguren, Fernando Claudín, Félix Grande, Cristóbal Halffter y otros representantes de la cultura y la política.Los gitanos le explican a Adolfo Suárez que los principales problemas que padecen comienzan por la vivienda y la educación, insuficiente en ambos casos. Con relación al primero, citan una serie de circunstancias que han hecho insostenible la situación en Madrid.

Los que entregarán esta carta en Presidencia son representantes de los gitanos que viven al final del paseo de Juan XXIII. Sus chabolas fueron destruidas en 1975, sin que se les concediese vivienda a cambio. «No esperábamos este comportamiento de la Administración, ya que desde 1971 habíamos informado a la gerencia municipal de Urbanismo de nuestra situación y, posteriormente, al Ayuntamiento y al Ministerio de la Vivienda.»

Los gitanos esperan que esta visita a Presidencia pueda desencadenar una serie de acciones gubernamentales que sitúe su problema en la Constitución del Estado.

«La cuestión gitana tiene que contemplarse con la misma seriedad que la de las de las nacionalidades del Estado español», nos dijo ayer un portavoz de la Asociación de Desarrollo Gitano, una entidad mixta de gitanos y payos.

«Los problemas de los gitanos ya no pueden estar en manos de la beneficiencia y de la Iglesia, incapaces de resolver por sí mismas las dificultades de un grupo de 300.000 personas que siempre han estado marginadas», afirmó el mismo portavoz.

Los gitanos saben que si no se federan las organizaciones cívicas en las que están, integrados se debilitaría el planteamiento de sus reivindicaciones. La Asociación de Desarrollo Gitano ha iniciado un movimiento federativo cuyo primer objetivo será el de pedir a la Administración un respaldo que ahora es parcial y escaso.

«No basta con que se seleccionen grupos de familias o de barriadas para adjudicarles una guarderia o una escuela. Hay que hacer un programa global que estudie los intereses de todos los gitanos.» La asociación que hemos citado aboga por la creación de, un plan de desarrollo en cuya redacción participen gitanos y representantes de los partidos políticos y de la Administración.

Ese plan debe incluir aspectos educativos a todos los niveles. «No basta con dar viviendas a los gitanos que son analfabetos o que tienen una cultura insuficiente. Es preciso darles los medios necesarios para que sepan utilizar las ventajas que provengan de ese plan de desarrollo.»

Otro problema de solución urgente es el sanitario. Según la Asociación a la que nos hemos referido, «es muy raro que haya familias gitanas que no tengan en su seno al menos un enfermo grave». Es preocupante para ellos, por otra parte, la presencia de grupos racistas contra cuyos puntos de vista debía haber un artículo en la próxima Constitución.

«El de los gitanos es un problema político que hay que tratar a nivel de Estado y que difícilmente podrá resolverse-añade el portavoz de la Asociación de Desarrollo- si en las entidades que se ocupen de él no hay gitanos que tomen bajo su responsabilidad el estudio de cómo debe arbitrarse su integración en la sociedad.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de noviembre de 1977

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