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Insultos y lágrimas en el entierro de María Luz Nájera

María Luz Nájera Julián, de veinte años, fallecida a causa de las heridas que le produjo un bote de humo disparado por la policía durante una maniestación de protesta por el asesinato del joven Arturo Ruíz García, fue enterrada -ayer por la tarde, en el cementerio del pueblo de Barajas. Numerosos jóvenes, mayoría de las 3.000 personas que aproximadamente se congregaron en el camposanto, profirieron gritos.

A las dos de la tarde fue trasladado el cadáver de María Luz, desde la sala de autopsias a la de velatorio, en el Instituto Anatómico Forense, en la calle de Santa Isabel, de Madrid. Los familiares, que se encontraban en el vestíbulo, fueron informados y pasaron al lugar del velatorio. En la puerta del Instituto, al advertirá los numerosos policías armados de servicio en la zona, los llamaron «asesinos» y manifestaron su protesta contra el ministro de la Gobernación y el Gobierno en general, a quienes calificaron de responsables de la muerte de la joven. Los policías se mantuvieron impasibles.Además de los padres, hermanos y novio de María Luz, unas treinta personas ocuparon la sala de velatorio donde se encontraba el féretro con el cadáver de la joven envuelto en una sábana blanca.

La fuerte emotividad que sufrían los allegados a la joven, alcanzó un grado tremendo al contemplar éstos el rostro de la muchacha, completamente desfigurado por el impacto del proyectil. La sala del velatorio se convirtió en un recinto de gritos de dolor, sollozos e insultos. La cabeza de la joven fue tapada con un pañuelo.

Poco a poco fueron llegando coronas de flores enviadas por alumnos de la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, donde estudiaba tercer curso. María Luz, y de otros centros.

El secretario general de la Universidad Complutense acudió a la sala del velatorio y dio el pésame a la familia. Al domicilio de ésta, en la barriada de Alameda de Osuna en Barajas, había llegado anteriormente un telegrama de condolencla del Ministerio de Educación y Ciencia y la visita de un representante del Gobierno.

A las cuatro y media de la tarde se efectuó el traslado del cadáver al cementerio de Barajas.

La comitiva fúnebre se detuvo a la entrada del camino del cementerio. Sacaron el féretrb del furgón y lo tomaron a hombros. Un nutrido grupo de jóvenes encabezaban la manifestación de duelo, con unagran pancarta negra en la que se leía, en letras blancas: «Mar, Luz, tus compañeros de facultad no te olvidan.»Con paso lento, la manifestación se encaminó hacia el cementerio, distante un kilómetro aproximadamente, cantando La Internacional.

A la puerta del cementerio esperaban unas 3.000 personas. Al llegar el féretro le dedicaron una gran ovación.

Según su familia, María Luz nunca había expresado en su casa que perteneciera a ningún grupo político. No sabían que hubiese participado en la manifestación que le costó la vida. Conocieron la tragedia previo aviso del hospital donde fue ingresada.

A última hora de ayer, uno de los jóvenes que recogieron el cuerpo herido de la joven, durante la manifestación, nos informó que quería salir al paso de ciertas versíones. Y señala lo siguiente: «Estábamos un grupo. Llegó cerca, un coche de la policía. Bajó un policía armado. Disparó un arma. Yo sentí que algo pasaba junto a mi cabeza. Entonces cayó la chica, de bruces, al suelo. Pudo ser un bote. de humo, pero no hubo humo.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de enero de 1977

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