Reportaje:

Carter parece estar más cerca que nunca de la Casa Blanca

Jimmy Carter, según los primeros sondeos de opinión, obtuvo una ligera ventaja sobre el presidente Ford en el último debate televisado de la campaña electoral. Sin embargo, el enfrentamiento del viernes en Williamsburg, pese a ser el mejor de los tres celebrados, no tuvo el carácter decisivo que se le atribuía inicialmente en ambos bandos.Ninguno de los dos candidatos cometió errores graves durante el debate, que podrían haber tenido influencia en la relación de fuerzas existente, a sólo diez días de la fecha electoral. En este sentido, el más perjudicado es el presidente, que va detrás en los sondeos y al que sólo una rotunda superioridad sobre su adversario podía haber colocado en una posición favorable.

Carter, en cambio, ve reforzada su privilegiada posición. Candidato de un partido mayoritario, favorito en todos los sondeos y previsiones de voto, el ex gobernador de Georgia está ahora más cerca que nunca de la Casa Blanca, salvo imprevistos de última hora, que es muy difícil que se produzcan.

El presidente se mantuvo a la defensiva durante prácticamente todo el debate, y trató de convencer a los electores de que había hecho una buena labor en sus dos años de administración. En su declaración final, Ford repitió las palabras que ya había pronunciado en el discurso de aceptación de la nominación republicana, asegurando que estaba convencido de que el pueblo norteamericano le diría el día de las elecciones: «Jerry, has hecho un buen trabajo. Continúa haciéndolo ... »

El candidato demócrata, bien asesorado, abandonó la actitud ligeramente irrespetuosa que había mantenido durante el segundo debate, en el que miraba a Ford irónicamente mientras éste hablaba. En esta ocasión, Carter se mantuvo impasible durante el turno oratorio de su adversario, se dirigió a él en una ocasión llamándole «presidente» y al final dijo que Ford era «un hombre bueno y decente».

Siete preguntas

Durante los noventa minutos que estuvieron frente a las cámaras, los dos candidatos respondieron siete preguntas cada uno, todas ellas, excepto una, sobre temas de política interior. La entrevista de Playboy, las declaraciones del general Brown, las acusaciones de encubrimiento del caso Watergate hechas a Ford, el aborto, el control de armas particulares, la política urbana, la elección de vicepresidentes, el medio ambiente... Estos y, otros temas fueron sacados a colación por los periodistas encargados de hacer las preguntas, que se mostraron en esta ocasión mucho más agresivos y directos que sus predecesores en los otros enfrentamientos.La pregunta sobre política internacional estuvo a punto de costar un disgusto a Jimmy Carter, cuando afirmó que bajo su administración Estados Unidos no intervendrían en caso de que la Unión Soviética, tras la muerte de Tito, decidiera invadir Yugoslavia para incorporar este país a su órbita. Carter dijo que estaba bien asesorado sobre el problema y que la tesis de una invasión soviética era utópica, pero que además no consideraba el asunto como esencial para la seguridad de Norteamérica, por lo que defendería la no intervención.

Ford se apresuró a responder que un presidente no debe decir con anticipación las decisiones que va a tomar sobre un tema concreto, insinuando que la declaración de Carter equivalía a incitar a los rusos a que invadieran Yugoslavia si lo consideraban necesario, sin temor a una respuesta norteamericana.

Sin que hubiera pregunta previa sobre el tema, Carter sacó a relucir la famosa entrevista que concedió a Playboy y reconoció que había sido un «error», que no volvería a cometer si se le presentara la ocasión.

Desinterés

Ninguno de los dos candidatos tuvo una respuesta convincente cuando se les preguntó qué grado de responsabilidad se autoatribuían en el escaso interés que la presente campaña está despertando entre el electorado. Carter se refirió a la desilusión creada entre los ciudadanos por el escándalo Watergate, y Ford dijo que, según sus noticias, el interés había aumentado en 1as últimas semanas.En general, Ford pasó todo el debate tratando de convencer a los votantes de que no lo había hecho tan mal durante sus dos años y medio en la Casa Blanca y de que, por tanto, se merecía una nueva oportunidad de cuatro años que le permitiera proseguir su labor, en un país «en paz y, libertad», que está «en plena recuperación económica" y «a la cabeza del mundo libre».

Carter insistió en la necesidad para el de un nuevo liderazgo y expuso las ventajas que podrían derivarse de un presidente demócrata, en vez de la situación actual de enfrentamiento casi constante, del que es buena prueba el record de vetos que posee el presidente Ford.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 23 de octubre de 1976.

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