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Montreal 76

Sólo dos países africanos, Costa de Marfil y Senegal, continúan en Montreal

Cuatro récords olímpicos, uno de ellos del mundo, y dos de España, cayeron en la mañana de ayer. De nuevo la natación inició la jornada con constantes superaciones. El equipo de relevos USA 4x2OO, Andrea Pollack en los cien mariposa femeninos, la soviética Marina Koshevaia, el equipo español de relevos, y David López Zubero, fueron los artífices de estos cambios, que obligan a quienes seguimos el desarrollo de las pruebas a corregir constantemente la documentación que manejamos.

El récord del mundo de relevos 4x2OO lo lograron los norteamericanos Northway, Shaw, Burner y Furniss. En Kansas City, Favero, Shaw, Steve Furniss y Bruce Furniss, lograron el año pasado un registro mundial de 7-30-54, y ayer lo dejaron en 7-30-33. El récord olímpico conseguido en Munich por Kinsella, Tyler, Genter y Spitz, estaba en 7-35-78. El equipo español que tomó parte en la serie de Ios estadounidenses ocupó la cuarta plaza, con un tiempo de 7-49-22, con lo que López Zubero, Fuentes, Gómez Reino y Esteva rebajaron el récord nacional, que estaba en 7-57-89. Al tiempo, López Zubero, que hizo el segundo mejor tiempo del primer relevo -sólo fue superado por Northway- estableció una nueva marca nacional de la distancia, que poseía él mismo desde anteayer en 1-54-57. El lunes, López Zubero nadó esta distancia en 1-54-88. Para la natación española ha habido una pequeña superación. El equipo no se clasificó para la final, ya que entre diecinueve fue duodécimo, pero el esfuerzo realizado fue meritorio. Peor suerte corrió Canadá, cuyo conjunto fue descalificado por lanzarse el tercer participante antes de tiempo.Prueba vibrante fue la de los doscientos mariposa femeninos. En la primera serie eliminatoria, la canadiense Boivin superó el récord olímpico. En la segunda, hubo una mayor mejora a cargo de la estadounidense Boglioli, y finalmente, en la sexta ronda, Andrea Pollack dejó el récord de la japonesa Aoki, que estaba en 1-03-34, en 1-01-43. Kornelia Ender, actual recordwoman, con I-00-13, fue primera de su serie, pero pasó a las semifinales con el séptimo mejor tiempo. La canadiense Boivin, pese a haber batido el récord olímpico en la serie inaugural, se ha clasificado en el octavo puesto.

Montserrat Majó participó en la segunda serie y de las seis participantes ocupó el último lugar, con 1-06-79, que no es récord de España, cuestión que debería ser obligatoria en estas competiciones, puesto que a otra cosa no podemos aspirar. Montserrat fue trigesimotercera entre treinta y nueve participantes.

En los doscientos braza femeninos, el récord olímpico ha venido esta vez desde la URSS. Las soviéticas sólo han sido oro una vez en esta prueba, gracias al triunfo en Tokio de Prozumenshikova. Esta misma nadadora fue bronce en México, y fue bronce en Munich Stepanova. Para la final se clasificaron ayer tres soviéticas, tres germanas democráticas y dos británicas. Las estadounidenses han quedado fuera de combate.

La marcha negra

Los países africanos continúan su éxodo. A los abandonos anunciados ayer hay que añadir hoy el de Marruecos. Los marroquíes participaron ayer; uno de sus boxeadores fue derrotado por Vicente Rodríguez. Pero a media tarde decidieron marcharse. En este momento, únicamente quedan en competición Costa de Marfil y Senegal. Sin contar a marroquíes, egipcios y tunecinos, últimos en retirarse, el total de participantes que han abandonado la Villa Olímpica, es de trescientos cuarenta y nueve. Los deportes en donde más se notarán las ausencias son atletismo, ciento cincuenta y cinco retirados, boxeo, setenta y seis, y fútbol, sesenta y uno.

Si lamentables son las bajas del atletismo, porque entre los inscritos se encontraban algunas figuras de auténtica talla mundial, donde el desastre ha sido mayor es sin duda en el boxeo. Hasta hoy algunos participantes no han entrado en combate pese a haber ganado dos eliminatorias por no presentación del adversario. En algún peso se da la circunstancia de que bastará una victoria para obtener medalla de bronce. El no haber rehecho a tiempo el sorteo ha producido diferencias de fortuna muy acusadas. Así, mientras algunos serán medalla tras cuatro victorias, otro lo será con una y habrá quien ganará tres peleas y volverá a su casa de vacío.

La triste anécdota de la descalificación del campeón soviético de pentathlón, Onistchenko se vive en la Villa Olímpica en el más profundo de los silencios. Onistchenko, héroe hasta hace dos días, es ahora un ser del que nadie quiere hablar. Entre los representantes soviéticos, incluidos los periodistas, Onistchenko es ya un desconocido. Nadie parece haberle tratado nunca. Parece que Onistchenko será castigado severamente al igual que el técnico que le facilitó la colocación del botón electrónico que daba tocados cuando no los había. Onistchenko, a los treinta y ocho años, tenía pánico a la derrota. Se asegura que incluso perderá su título de profesor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de julio de 1976

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