Zoetemelk, dos triunfos consecutivos, y Van Impe, Iíder

La décima etapa del Tour 76, Bourg-d'Oisans-Montgenevre, de 169,5 kilómetros, con tres puertos de primera categoría, fue mucho más igualada, que la anterior primera alpina. Se volvió a confirmar que Zoetemelk y Van Impe, el primero al ganar la etapa y el segundo al conservar el maillot amarillo, son los dos hombres más fuertes en carrera. Pero Thevenet respondió en esta ocasión mucho mejor y lo mismo Galdós, Bertoglio, Poulidor, Kuiper y Delisle. De los hombres importantes de la general sólo fallaron dos: Maertens, que centra sus aspiraciones ya únicamente en el maillot verde de la regularidad, y el italiano Baronchelli, que, escapado en el descenso del Izoard, sufrió un desfallecimiento en la última subida a Montgenevre. López Carril, Pesarrodona, y Martins, perdieron sobre 1,30 y Torres y Ocaña, más de tres minutos, la segunda etapa alpina fue una confirmación de la primera. Sin producirse tantas diferencias, nuevamente los hombres fuertes de la carrera se hicieron notar.En el kilómetro 2 de la etapa, saltaron Graciano y Conati, el primero parecía querer romper el pelotón por orden de Ocaña. Luego se vería que aun sin defraudar tanto como en la primera etapa alpina, nuevamente el de Priego perdería tiempo. Tras los dos escapados atacaron Laurent, muy activo estos días, pero sólo al principio de las etapas, Bourreau y los españoles Grande y Menéndez. El valenciano de la Scic demarró en cuanto estuvo en cabeza, y por primera vez en el Tour nos alcanzó un corredor a los coches que íbamos delante. Nos acordamos entonces de la vuelta a España, donde no dejan acercase ni a 200 metros del pelotón.

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La máxima diferencia de Grande fue de 1,04, pero pronto sería cazado por los tres ya citados, Bourreau, Laurent y Menéndez, más Kuiper, Martins, De Witte y Conati, que habían saltado nuevamente del pelotón. Su fuga solitaria había durado 20 kilómetros. En el 28 se descuelga del grupo de ocho de cabeza, Laurent, y por el Henri Desgranges, se imponía Conati delante de Menéndez. El primero obtenía unas 35.000 pesetas y el asturiano, la mitad.

Por el alto, el pelotón pasaba a 4,20 con una marcha tranquila confiando en que la etapa no había hecho más que comenzar, y la máxima diferencia sería de 4,45 en el kilómetro 74.

La fuga de los siete supervivientes terminó el 116, poco antes de iniciarse la subida al Izoard. Sólo Kuiper tiraba con fuerzas y le relevaban Martins, Menéndez y De Wite. Pero sin demasiada energía ante la dureza que faltaba.

A 12 kilómetros de Izoard atacó de nuevo Bourreau y antes del contraataque, de Thevenet, en el grupo de seis en cabeza iba López Carril. Demarró incluso un momento por la cima, y vuelta la tranquilidad al pelotón, que sólo perdía las unidades de siempre, pasó primero Van Impe, al que se le notaba cada vez más fuerte. Al comienzo del descenso, la lluvia que amenazaba desde el pie del col se hizo muy intensa, y mientras Thevenet sufría una caída sin consecuencias, Baronchelli se destacaba por aquello de que esta etapa terminaba a unos diez kilómetros de la frontera italiana. El jefe de fila de la Scic, sin embargo, no calculó bien su ración de comida, y en la última subida del col de Montgenevre sufriría la clásica pájara de los ciclistas y perdió en la meta casi cuatro minutos. Su única victoria, aparte la combatividad, fue el triunfo en el Point Chaud o meta volante al pie del último col.

En la subida, con un total de 13 kilómetros no tan duros como el día anterior, dejó de llover, y a 6 kilómetros de la cima, nuevamente atacó Van Impe, y sólo le siguió Zoetemelk, Galdós con Poulidor a rueda volvía sobre ellos, a 3 y justo lo hicieron en el momento en que Baronchelli era superado. Thevenet, Bertoglio y Kuiper, también se unieron en ese momento y ya hasta la línea de meta sólo hubo otro intento de Van Impe, inmediatamente respondido por Zoetemelk y Galdós, y también Delisle, que marchó en solitario un kilómetro antes de ser cazado a 500 metros de la llegada. En la última recta el holandés impuso otra vez su mejor sprint, y Thevenet formidable de coraje, superó a Van Impe, mientras López Carril, Pesarrodona y Martins, es decir, los otros hombres fuertes de Eusebio Vélez, lo hicieron poco después del minuto y medio, juntos. Torres y Ocaña, menos decepcionantes esta vez, sólo cedieron, 3-12 y 3-34 respectivamente.

Las diferencias entre los hombres de cabeza, con todo, continúan siendo pequeñas y dado que la etapa de hoy no tiene tanta entidad como las dos pasadas, habrá que esperar a los Pirineos para tener la decisión del Tour. Por ahora, en el caso de Van Impe, Zoetemelk quizá se les puede aplicar aquello de quien da primero da dos veces.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0005, 05 de julio de 1976.

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