Caeleb Dressel: “Quiero ser el mejor nadador posible, no solo el mejor velocista”

El hombre más rápido de la historia con bañador textil y aspirante a siete oros en Tokio, reflexiona sobre su oficio

Caeleb Dressel se lanza a la piscina este mes de junio antes de los Juegos.
Caeleb Dressel se lanza a la piscina este mes de junio antes de los Juegos.Jeff Roberson (AP)

El estadounidense Caeleb Dressel es el primer hombre que, sin la ayuda de un bañador de poliuretano, nadó 100 metros en menos de 47 segundos. Sus 46,96s en la final del Mundial de Gwangjou fueron la culminación fugaz de casi 20 años de meditación, de análisis, incluso de una obsesión maníaca por anotar cada incidente de cada sesión de entrenamientos en dos diarios paralelos. No faltaron en su adolescencia los episodios de asfixia, hiperventilación, y desvanecimiento derivados del aturdimiento psicológico. A punto de cumplir 25 años parece más sereno. Se ha presentado en la piscina del Centro Acuático de Tokio como la figura incontestable. Su programa incluye al menos 13 carreras en un total de siete pruebas: 50 y 100 libre, 100 mariposa, y relevos de 4x100 libre, 4x200, 4x100 estilos y 4x100 mixto. Antes de viajar a Japón atendió a EL PAIS en su teléfono móvil para responder a una batería de preguntas sobre su adiestramiento.

La primera cuestión señala una de sus armas indefendibles: la salida del poyete más bestial de la historia. Un golpe de piernas y cadera que se cifra en 106 kilos de fuerza, 28 kilos más que la media de los nadadores olímpicos, y que le brinda una ventaja de medio metro sobre los demás antes de entrar al agua. “Veo vídeos de atletismo con bastante frecuencia”, dice, “y creo que hay muchas similitudes entre la natación y los saltos, o las salidas en las carreras de velocidad. He hablado mucho con Grant Holloway y otros atletas de los Gators. Sus consejos me han ha ayudado a mejorar en el agua”.

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Holloway no es cualquier experto. Es el candidato al oro en 110 vallas en estos Juegos. Junto con otros deportistas de la Universidad de Florida, comparte con Dressel el gimnasio que anida bajo las gradas del estadio Ben Hill, El Pantano, en Gainseville. Ambos comenzaron jugando al fútbol americano como receptores, un puesto que reclama a la casi totalidad de los mejores esprínteres de Estados Unidos.

”La velocidad punta es subacuática”

Cuando Dressel se impulsa hacia arriba sin tomar carrera, su salto vertical alcanza 110 centímetros. Muchos jugadores de la NBA no llegan a tanto. Preguntado por su fuerza en las piernas, explica que rehúye de los ejercicios específicos. “Nunca aíslo grupos musculares”, dice. “Con Matt de Lancey, mi entrenador de fuerza, hemos trabajado juntos durante siete años y nunca hemos seguido un programa de piernas, o de brazos. Tienes que fortalecer todo el cuerpo al mismo tiempo”.

Pocos entrenadores tienen más halo mítico que Gregg Troy. El viejo coach de la Universidad de Florida, formado como profesor de historia y transformado en demiurgo de las piscinas, convirtió a Ryan Lochte en plusmarquista mundial de 200 estilos a la edad de 26 años, gracias a una mezcla de entrenamientos de fuerza y ejercicios en apnea que le aproximaron a la condición de cetáceo. La clase de entrenamientos que con Dressel han explotado la energía de su entrada en el agua para impulsarlo como un rayo por debajo de la superficie en los primeros 15 metros de piscina.

“Todos los martes y jueves hacemos trabajos subacuáticos”, dice Dressel. “Cada práctica es un desafío que Troy presenta al grupo y depende de nosotros sacar provecho de su mente genial y de las combinaciones que se le ocurren. El nado subacuático es crucial tanto en el 100 mariposa como en el 100 espalda. Si divides cada prueba en dos mitades, tanto la primera mitad en la salida como la segunda en el viraje, el subacuático es importantísimo para conseguir una ventaja”.

Dressel y Troy han diseccionado cada pulgada de las carreras de 50 y 100 metros de forma que la fuerza generada por el primer apoyo se transfiera con fluidez al siguiente, creando una cadena de impulsos armónicos. La transición del nado subacuático al nado libre o a la mariposa merece un capítulo aparte. Se trata de una operación que hay que realizar con mucho cuidado para no desperdiciar energía en el elemento inestable. “A esa porción en la que el cuerpo sale a la superficie la llamamos ruptura, dice el nadador. “La velocidad punta de una carrera se produce bajo el agua, en las salidas y en los virajes, cuando conviertes el impulso de tu patada contra el poyete o la pared en velocidad de natación. Es vital conservar esa velocidad durante 15 metros bajo el agua para lograr la ruptura perfecta cuando emerges”.

“Trabajo en la técnica todos los días”

“Trabajo en la técnica básica todos los días”, confiesa. “De ninguna manera tengo todo resuelto. Gran parte de la potencia que consigo en la brazada proviene de la rotación del torso y las caderas para convertir eso en energía cada vez que coges el agua. Cada parte del cuerpo desempeña un papel importante en la brazada. Eso es lo divertido del deporte. Que siempre te presenta un nuevo reto y un nuevo interrogante”.

Dueño de una clase única en mariposa y crol, el nadador nacido en la remota localidad de Green Cove, en el norte de Florida, asegura que no tiene predilecciones. “No tengo un estilo preferido”, dice. “Simplemente disfruto de las carreras. Quiero seguir mejorando en mi oficio. Cuando establezco una marca como objetivo lo hago de acuerdo a los tiempos que estoy haciendo en los entrenamientos. En este deporte recoges lo que siembras. La natación es un deporte muy justo. Si sigo buscando formas de mejorar y concentrarme día tras día, los tiempos estarán ahí. Tuve una gran experiencia de aprendizaje en Río. Ciertamente que no me quedé satisfecho con mis resultados individuales [fue sexto en 100 libre]. Pero fue un honor representar a Estados Unidos y espero que mi patria se enorgullezca de en estos Juegos”.

Caeleb Dressel detesta que le comparen con Michael Phelps. Si el mejor nadador de todos los tiempos poseía un organismo adaptable a las pruebas de resistencia, el suyo es la máquina más perfecta para ganar velocidad en distancias cortas. “Creo que todos tenemos un talento natural y eso es lo que nos da un mapa general de hacia dónde ir”, dice. “Ciertamente no descarto nadar pruebas de 200 libre o 200 estilos. Quiero ser el mejor nadador posible, no solo el mejor velocista posible”.

Con un poco de suerte, en Tokio coronará la cima de su meticuloso monumento.


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