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FC BARCELONA
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El equipo que sostuvo al club sin la red de Leo Messi

Pese a los escándalos y al caso Negreira, la marca Barça resiste después de conquistar un título que en los años de bonanza no garantizaba la continuidad del entrenador

Xavi da instrucciones desde la banda en el partido contra el Espanyol en que su equipo sentenció la Liga. Foto: ÁLEX CAPARROS (GETTY IMAGES) | Vídeo: EFE
Ramon Besa

Nadie se atreverá a liquidar a un club arruinado que tiene a un equipo campeón de Liga. Hay alivio en el Camp Nou. Hubo un momento en que algunos empleados temieron por la nómina ante la cola de acreedores que acechan al Barça. No hay día que no se discuta sobre el modelo societario del FC Barcelona después de que el desajuste ordinario supere los 200 millones, la deuda ascienda a más de 1.200 millones y la Liga advierta que para alcanzar el juego limpio se necesitarán 250 millones. La reputación quedó también manchada por el caso Negreira. La marca Barça, sin embargo, resiste después de conquistar un título que en los años de bonanza no garantizaba la continuidad del entrenador, como sabe Valverde. Ahora, en cambio, se anuncia incluso una rúa por la ciudad una vez se ha recuperado una corona esquiva desde 2018-2019.

Los jugadores, alguno de los cuales fue acusado de saquear al club con la anuencia de Bartomeu, han salvado de un apuro extremo a Laporta. Ter Stegen, Pedri, Araujo y De Jong fueron más decisivos que la mayoría de fichajes del verano por un importe de 158 millones —más de 200 si se añaden los del mercado de invierno con Ferran—. La herencia era en cualquier caso tan envenenada que quitó las ganas de presentarse a las elecciones de 2021 a un carrusel de notables de la sociedad civil de Cataluña. A Laporta en cambio le estimuló y ahora aspira a que le ayude a justificar una gestión igualmente cuestionada por cuantos miden la salud de los clubes y más por la Liga.

El presidente optó por simplificar el organigrama, inspirado por Florentino, y se encomienda a un entorno familiar y de amigos después del desencuentro que ha tenido con distintos profesionales que han salido sin que se sepa el motivo por el que entraron en el Camp Nou. Ha habido cambios en departamentos estratégicos y el director deportivo Mateu Alemany ha anunciado su partida de la misma manera que ya se fue el CEO Ferran Reverter, por no recordar la retirada de Jaume Giró. La figura que queda de cuantos se incorporaron, necesitado como estaba Laporta de avalistas y después de un marco legal que salvara su proclamación, es el vicepresidente económico Romeu: “La cuenta de explotación deber ser sostenible sin necesidad de operaciones extraordinarias”, anuncia. “Únicamente se podrá fichar si hay traspasos”, remata Romeu. La venta de futbolistas como Ansu Fati, Ferran Torres o Kessié puede ser una solución después de que ya no queden palancas ni hipotecas a las que recurrir y se haya activado el Espai Barça. La remodelación del Camp Nou, cuya financiación se tasó en 1.450 millones, ha provocado muchas suspicacias —hay socios que piden explicaciones a la junta— y se sabe que el traslado la próxima temporada a Montjuïc supondrá perder 55 millones. Habrá además un recorte del 15% en las secciones profesionales, así como limitaciones económicas en general, y se temen más despidos después de que en junio deje de emitir Barça TV.

La manera que tiene Laporta de dirigir el club ya fue discutida en 2008 cuando superó una moción de censura, después de una crisis que acabó con la salida de los directivos más profesionales y la entrada de los más próximos, punto final al círculo virtuoso de 2003. El mandato del presidente finalizó en 2010 con una acción de responsabilidad presentada por la directiva de Rosell. La junta entrante anunció que el Barça estaba arruinado y la saliente presentó un superávit de 11 millones.

Nadie discutió, sin embargo, el éxito deportivo alcanzado en 2009 después de que Laporta apostara por Guardiola como sustituto de Rijkaard en 2008. El icono del éxito es ahora la Liga alcanzada con Xavi después de prescindir de Koeman. El presidente no tuvo inconveniente en contratar a Xavi y a Jordi Cruyff, los líderes de su rival electoral Víctor Font en 2021, en una decisión que desarticuló a la posible oposición y demostró la capacidad para metabolizar al barcelonismo que ha adquirido Laporta. El título ayuda a atenuar el desespero económico y mantiene el prestigio de un equipo que por otra parte se ha quedado por segundo año consecutivo fuera de Europa. El Barça necesita ahora remodelar su plantilla para mejorar sus prestaciones —solo cinco jugadores habían sido antes campeones: Ter Stegen, Busquets, Alba, Sergi Roberto y Dembélé—. La prioridad es poder inscribir a Araujo, Gavi y Balde, que su plan de viabilidad sea aprobado por la Liga y que la UEFA no le deje fuera de la Champions.

A pesar de la desconfianza de sus números, Laporta ha logrado que su ejercicio de funambulismo, necesariamente ruidoso para dar fe de vida, sea visto con indulgencia mientras el equipo sostenga al club ante el acecho de los poderes fácticos y el asombro del Madrid. El próximo salto mortal es resistir en Montjuïc sin el factor campo —el Camp Nou ha sido este año el gran aliado del Barça—. A Laporta parece que le gustaría tener como red a Messi (o a eso parece jugar) después de sobrevivir sin el 10.

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Sobre la firma

Ramon Besa
Redactor jefe de deportes en Barcelona. Licenciado en periodismo, doctor honoris causa por la Universitat de Vic y profesor de Blanquerna. Colaborador de la Cadena Ser y de Catalunya Ràdio. Anteriormente trabajó en El 9 Nou y el diari Avui. Medalla de bronce al mérito deportivo junto con José Sámano en 2013. Premio Vázquez Montalbán.

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