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Opinión
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Mikel Arteta termina con el síndrome Wenger

En su cuarta temporada, el entrenador español ha transformado radicalmente al Arsenal empeñado en un proceso de decadencia igual o mayor que el del Manchester United

Mikel Arteta abraza a Bukayo Saka durante el partido entre el Tottenham y el Arsenal.
Mikel Arteta abraza a Bukayo Saka durante el partido entre el Tottenham y el Arsenal.AFP7 vía Europa Press (AFP7 vía Europa Press)

Ningún pronóstico consideraba al Arsenal como aspirante al título de campeón en la Premier, dominada en los últimos cinco años por el Manchester City y el Liverpool. Media temporada después, no hay campeón más probable que los gunners, conducidos por Mikel Arteta. En su cuarta temporada, ha transformado radicalmente al Arsenal, empeñado hasta ahora en un proceso de decadencia igual o mayor que el del Manchester United.

Cerrados los 19 partidos de la primera vuelta de la Liga inglesa, el Arsenal ha sumado 50 puntos, cifra apoteósica que le coloca en posición de atacar la barrera de los 100, proeza que sólo ha conseguido el Manchester City (temporada 2017-18). En aquella edición, Arteta era el joven aspirante a entrenador que ejercía de principal ayudante de Pep Guardiola. Era su primera experiencia como integrante de un cuerpo técnico. Un año antes se había retirado después de una ilustre carrera por clubes de gran renombre: Barça, Glasgow Rangers, Real Sociedad, PSG, Everton y Arsenal.

Centrocampista por naturaleza, en la línea de la extraordinaria saga de medios que surgieron en el fútbol español en el cambio de siglo, Arteta se constituyó en un referente de sus dos últimos equipos. Le reverenciaron los hinchas del Everton y fue indiscutible en el Arsenal que dirigía Arsène Wenger. Sin un físico aparatoso, triunfó por su inteligencia, calidad técnica y liderazgo.

Quienes le frecuentaban no tenían la menor duda de sus condiciones para consagrarse como entrenador. Un año después de su retirada, Arteta se integró en el City como segundo de Guardiola, que no había logrado título alguno en su primera temporada al frente del equipo. El impacto fue inmediato: el City ganó la Premier League, llegó a los 100 puntos y marcó 106 goles. Guardiola atribuyó a Arteta, que conocía al dedillo las peculiaridades del campeonato inglés, una importante contribución al éxito.

Encerrado en su juguete en los últimos 10 años, el Arsenal sufría el peso de la leyenda de su entrenador, el francés Arsène Wenger, que había transformado al club en todos los aspectos. Refinó un equipo con fama de aburrido, inyectó talento internacional, creó una prestigiosa cultura de juego y ganó tres veces la Premier League, la última en 2004. Su impronta terminó por retrasar la regeneración del equipo. Dejó el club en 2018, mucho más tarde de lo conveniente.

Al igual que Álex Ferguson en el Manchester United, la sucesión de Wenger se convirtió en un taladro. En diciembre de 2019, Arteta abandonó el City y recaló en el Arsenal, donde su liderazgo como jugador estaba todavía reciente en el recuerdo. Pocos entrenadores se han encontrado con una misión más complicada y muy pocos la han resuelto mejor. En medio de las convulsiones internas del club y al frente de una plantilla de jugadores caros, veteranos y sin ambición, Arteta atravesó por dos años de críticas y penurias —octavo puesto en las dos temporadas siguientes—, pero impuso su criterio en todos los aspectos.

El Arsenal que venció el domingo al Manchester United y aventaja al City en cinco puntos es la culminación de un trabajo excepcional. Del equipo titular, sólo un jugador, el suizo Xhaka, procede del periodo anterior a Arteta. Todos los demás —Odegaard, Ben White, Gabriel, Thomas Partey, Ramsdale, Zynchenko…— han llegado al club en los últimos tres años, se han forjado en la cantera, caso de Saka, o llegaron muy jóvenes, como el brasileño Martinelli.

Los gunners tienen vuelo en su fútbol, armonía en sus líneas y una pasión desbordante. Su moderno estadio, frigorífico ambiental desde su inauguración, se ha convertido en una caldera hirviente. Nadie lo sospechaba, pero este intrépido Arsenal, dirigido con mano maestra por Mikel Arteta, recorre la temporada como un obús imparable.

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