Martín Landaluce, un socio para Alcaraz

El madrileño de 16 años, figura de la generación de 2006, conquista el US Open júnior y asoma como un buen compañero de viaje para el murciano, de 19

Landaluce eleva el trofeo de campeón júnior, este sábado en Flushing Meadows.
Landaluce eleva el trofeo de campeón júnior, este sábado en Flushing Meadows.Mary Altaffer (AP)

Martín Landaluce (Madrid, 16 años) irrumpe en una terraza exterior de la Arthur Ashe e impresiona con su físico. No hay trampa ni cartón, dice que le viene de serie. Su coronilla establece el 1,91 de estatura y por su aspecto se podría decir que es socio de Casper Ruud o alguno de los vikingos nórdicos que se desempeñan de manera discreta en el circuito, pero no es así. Ojos azules, pero revuelto y dorado, como las cejas; delgado, brazos y piernas larguísimas, y tres cadenas al cuello.

“Mis padres son españoles y el resto de mi familia también, así que no sé de dónde viene esto… El destino, o algo así”, dice la tarde previa a la conquista del US Open en categoría júnior, después de imponerse en la final (7-6(3), 5-7 y 6-2, en 2h 13m) al belga Gilles Arnaud Bailly, segundo cabeza de serie del torneo y al que ya había derrotado en los octavos de Wimbledon hace un par de meses. “Soy de Tres Olivos, que está cerca de Montecarmelo, al lado de la Federación, que es donde me entreno. Me queda poco por crecer. Creo que me he estancado, pero estoy bien así. Es una buena altura”, agradece.

El chico departe con mucho desparpajo, después de haberse desenvuelto perfectamente con los periodistas que le interrogaban antes en inglés. Cuenta que empezó a jugar al tenis “a los tres añitos” porque su familia le inculcó la pasión por la raqueta y que empezó a las órdenes de su padre Alejandro, cuando ensayaba en el Club de Tenis Chamartín e ingresó en la Federación. “Empecé a ir a torneos con 10 años y fui cogiendo nivel y haciéndolo medianamente bien, así que poco a poco hasta aquí. Aquí estoy”, señala antes de mencionar que hace dos años empezó a trabajar con el gallego Óscar Burrieza y que está acompañado en Nueva York por Esteban Carril.

Además de su envergadura física, a Landaluce se le señala como el mejor jugador de su generación, la de 2006. Los informes sobre el madrileño ya circulaban entre los bastidores del tenis español desde que era un crío, atentos los técnicos y los especialistas a un talento de patrón moderno, diestro y de poderoso revés; también, seguro de sí mismo y con personalidad. “Sí, la verdad es que tengo mucha confianza y me gustan los retos. Me gusta enfrentarme a cosas difíciles”, precisa antes de proceder a radiografiarse.

Zverev, sacrificio y la nueva página

“Mi estilo es bastante agresivo. Me gusta estar sobre la línea y ser yo el que manda y el que dirige el juego. Me gusta jugar rápido y hacer daño, resolver en pocos tiros. Desde hace años he seguido bastante a Zverev, porque creo que tenemos un molde bastante parecido, y desde que Alcaraz está rompiéndola en todos lados, he estado fijándome en él; además, es muy buena persona también, así que ambos son buenos referentes”, señala el madrileño, convertido ya en el tercer español que gana el júnior en Flushing Meadows tras Javier Sánchez Vicario (1986) y Daniel Rincón (19), triunfador el curso pasado.

Independientemente del éxito, Landaluce asoma como un buen compañero de viaje para Alcaraz, con el que comparte representación –ambos tutelados por la multinacional IMG– y con el que ya ha hecho buenas migas. Pese a ser solo tres años menor, añada de 2003 en el caso del murciano, el madrileño se inspira en su amigo –“hace cosas increíbles, ojalá esté yo también ahí dentro de cuatro años”– y adelanta que está listo para dar un nuevo paso: “Creo que este va a ser de mis últimos torneos júnior y ahora voy a meterme un poco en lo pro [profesional], en los futures [la categoría inicial]. Iré jugando y viendo qué tal va, y a los 18 decidiré: ser profesional o bien ir a la universidad”.

Landaluce tiene dos hermanos, un chico y una chica, que también juegan al tenis y están becados en Estados Unidos: “Él en Georgia y ella en Texas, San Antonio”. En lo personal, el chico se describe como “un tío que disfruta de las pequeñas cosas” y que acaba de empezar el bachillerato, que piensa terminar en dos años vía telemática. Escucha rock, reguetón, tecno, “un poco de todo”, y dice ser muy consciente de qué supone dedicarse a la raqueta y el peaje que conlleva: “Llevo años sacrificando algunas quedadas y cumpleaños. Tengo claro cómo va el tenis y estoy dispuesto a sacrificarme por ello”.

Invierte dos o tres horas diarias en la pista, y hora y media en el físico, llamativamente desarrollado para un joven de 16. Descansa uno o dos días a la semana, “en función de cómo tenga el cuerpo”, y empieza a dejar rastro con el destello en Corona Park. Este año, su ficha revela cinco trofeos en el mundial juvenil sub-18: Valencia, Cap d’Ail (Francia) y Plovdiv (Bulgaria), Roehampton y Nottingham (Inglaterra).

Ahora que el tenis español pasa definitivamente de página, con el adiós progresivo de varios símbolos (Ferrer, Almagro, Robredo…) y otros en la rampa de salida (Feliciano, Verdasco…), Alcaraz recoge el testigo e invita al madrileño –que ha llegado a enlazar 23 triunfos consecutivos esta campaña– a subirse al tren de la élite. “A Martín lo sigo de cerca, es un chico genial y muy trabajador. He podido entrenar varias veces con él y me parece muy bueno. Me alegra saber que soy un ejemplo y que le puedo ayudar de cara a su carrera”, comenta el flamante finalista, que le reserva un hueco a Landaluce.

DE LA PUENTE, HISTORIA SOBRE SILLA DE RUEDAS

A. C. | Nueva York

Landaluce festejaba este sábado en Nueva York y también lo hacía Martín de la Puente, que firmó otro logro histórico. El gallego, de 23 años y nacido en Vigo, se convirtió en el primer jugador español que gana un grande en la categoría de silla de ruedas. Él y Nicolas Peifer vencieron a los británicos Alfie Hewett y Gordon Reid por 4-6, 7-5 y 10-6.

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Sobre la firma

Alejandro Ciriza

Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra.

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