El mundo del ciclismo carga contra el sistema de descensos en la élite: “Es la mayor estupidez jamás cometida”

Corredores, aficionados, organizadores y dirigentes de un deporte especialista en el absurdo critican un esquema de puntos que distorsiona la participación en algunas carreras y amenaza al Movistar y otros conjuntos

Enric Mas, de Movistar Team, cruzando la línea de meta de la 15ª etapa de la Vuelta a España.
Enric Mas, de Movistar Team, cruzando la línea de meta de la 15ª etapa de la Vuelta a España.Tim de Waele (Getty Images)

“¿Cómo que lo firmamos todos? Nos obligaron, cómo para decir que no”. Eusebio Unzué, más de 40 años dirigiendo uno de los mejores equipos del mundo (ahora Movistar), se rebela cuando oye por ahí que los equipos aceptaron voluntariamente un sistema, el de liga abierta, con ascensos y descensos, que casi unánimemente, el mundo del ciclismo considera, como el dirigente navarro, “la mayor estupidez” jamás cometida por su deporte. Y el ciclismo, una especialidad en la que la volatilidad ya es elevada por su propia naturaleza (la supervivencia de los equipos depende solamente de la voluntad de sus patrocinadores), de estupideces cometidas no anda precisamente escaso.

Se ha convertido en el deporte del absurdo, en el que se ansía más un cuarto puesto entre ciclistas desconocidos en una carrera ignota de un día en Baltimore que, el mismo día, el domingo pasado, luchar por la victoria y quedar segundo, en la etapa reina de la Vuelta, en Sierra Nevada. Los puntos lo son todo, y no atienden ni a la épica, ni a la historia, ni al valor de las carreras, sino a la mente de algún burócrata aburrido.

El ciclismo está organizado en ligas. Está la Champions, el WorldTour, con los 20 mejores equipos del mundo por solidez económica, seriedad o ética en su funcionamiento y nivel deportivo. Tienen garantizada la participación en las mejores carreras. Su presupuesto no baja de 20 millones de euros anuales. Después están la segunda y la tercera división. Hasta este año, era una liga cerrada a la que accedían nuevos equipos solo si ocupaban la plaza de uno que desaparecía o que renunciaba por falta de capacidad económica. En 2019, sin embargo, los grandes organizadores presionaron, y la Unión Ciclista Internacional (UCI) aceptó, abrir la liga, organizar un sistema de ascensos y descensos, y reducirla a 18 equipos a partir de enero de 2023. Se tendrán en cuenta los puntos conseguidos hasta el 18 de octubre por los 10 mejores corredores de cada equipo en las tres temporadas anteriores (20, 21 y 22). La UCI ha ratificado esta información con un comunicado publicado este viernes, en el que sostienen que “no se ha tomado ninguna decisión para modificar las reglas vigentes”, ya que esta normativa se decidió en 2018.

Llegados los últimos minutos de la competición, todos lloran. Llora Unzué, cuyo Movistar tan grande, está al borde del descenso, del horror, y lloran media docena de equipos aún inmersos en la lucha; lloran los aficionados, que no entienden que algunos de sus ciclistas favoritos no vayan a las carreras más importantes; llora el seleccionador español de ciclismo, Pascual Momparler, al que los equipos no le dejan sus mejores corredores para el Mundial porque los necesitan para ganar puntos, y llora la UCI, finalmente, que teme que su gran fiesta anual, el Mundial, este año en las antípodas, en Wollongong, Australia, sea una farsa.

Lloran también ASO y RCS, los grandes organizadores de Tour, Vuelta, Giro, los monumentos y las demás grandes carreras por etapas, que observan cómo de participar en sus joyas los grandes equipos borran a algunos de sus mejores corredores, porque necesitan que vayan a la caza de puntos. Y casi todos los equipos retiran a corredores de sus carreras para que corran en otras más rentables. Fueron ellos, precisamente, los que más propugnaron la reducción a 18 para ampliar a cuatro el número de wild cards, invitaciones a Tour, Vuelta y Giro a pequeños equipos a los que exigen compensaciones y pagos en especie: les obligan a comprar espacios publicitarios, a disputar las metas volantes o organizar escapadas todos los días para animar las etapas.

“Solo están contentos los pequeños organizadores, que se encuentran con participaciones inesperadas y ven que los grandes equipos nos tenemos que apuntar a sus carreras, porque, con el baremo ridículo que se ha fijado, dan más puntos que las grandes”, dice Unzué. El mejor ciclismo está en la etapa reina de la Vuelta: Mas queda segundo y se lleva 40 puntos. Balmer, del BikeExchange, queda noveno en la Maryland Classic, en Baltimore, y se lleva también 40 puntos. Vale menos, 120 puntos, ganar una etapa del Tour, que imponerse en el circuito de Getxo, 125, o en la Clásica Jaén Paraíso Interior. “Y ello nos crea grandes problemas de logística. No es nada sencillo ni económico irse a Estados Unidos a correr una carrera de un día, como la de Baltimore, y eso lo hicieron solo cuatro equipos necesitados, EF, BikeExchange, Israel y Trek, que se repartieron 1.200 puntos”.

El 25 de septiembre es el Mundial, que otorga 600 puntos a su ganador, en una escala que da 100 al décimo, 40 al 15º, y tres al 60º. “Y con otro elemento absurdo”, dice Unzué, que no dejará acudir a sus mejores ciclistas con la selección porque el viaje a Australia, y la necesaria estancia de casi dos semanas para aclimatarse para un día le privaría de ellos en multitud de pequeñas carreras por todo el mundo (quedan 52 aún en el calendario en países como Japón, Malasia, Rumania, Chequia, Taiwán, Azerbaiyán, Canadá…), que rentan mucho más. “Que los puntos que se consigan allí se suman al equipo, y el valor de la selección es que ciclistas de un equipo trabajan para que gane su líder, que puede ser de otro equipo”. Por ello, el Cofidis ha advertido que no irá ninguno de los suyos para ayudar a un Movistar, si este fuera. Y el Ineos no deja a Carlos Rodríguez, porque quiere que todos los suyos sumen puntos en Europa para quedar primero de la clasificación que ahora comanda el Jumbo.

Momparler se siente desamparado –”no sé cómo voy a completar el cupo de ocho”, dice-, y José Luis López Cerrón, el presidente de la federación española, se siente prisionero. “Podría castigar a los que no quieren ir al Mundial, porque la norma dice que si renuncian a una llamada de la selección solo puede ser por lesión o enfermedad, y no podrían correr en otro sitio”, reflexiona Cerrón. “Pero no lo haré. No quiero que después digan que la federación tiene la culpa de que baje el único equipo español en el WorldTour”.

Puedes seguir a EL PAÍS Deportes en Facebook y Twitter, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.

Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS