Mariano García y Adrián Ben, el orgullo recobrado del 800m español en los Campeonatos Europeos de Múnich

Los dos atletas, clasificados con suficiencia para las semifinales de los 800m de hoy, intentarán el paso a la final tras la frustración del Mundial de Eugene

Mariano García controla en cabeza, por el interior, la serie de 800m.
Mariano García controla en cabeza, por el interior, la serie de 800m.RONALD WITTEK (EFE)

Un campeón del mundo entra en acción. Suena el disparo y se lanza. Al instante suena un segundo disparo, inesperado, una nula, quién lo iba a pensar, y se lleva la mano al muslo, y da un gritito de dolor, como si le hubiera alcanzado una bala. Después, tranquilo, se da media vuelta y regresa al cubo de salida, calle uno. Es Mariano García, feliz. Dos estiramientos, un amago de pase de baile. En la línea de nuevo. Después correrá imperial, front runner a lo David Rudisha, la serie de los 800m. Tranquilo, 1m 47,66s.

“Atención a Mariano, que está muy bien”, advirtió unas horas antes el mánager del campeón del mundo en pista cubierta, Miguel Mostaza, quien no siempre vende milongas. Tiene razón. Las incógnitas sobre la capacidad del atleta de Cuevas de Reyllo (Murcia) en la pista de 400m, siempre más apagado que en la de los 200m de la pista cubierta, obligaban a dudar de su palabra. También su eliminación, como la de los otros dos ochocentistas españoles, Adrián Ben y Álvaro de Arriba, en los Mundiales de Eugene. El medio fondo español no es solo el 1.500 de moda, de Katir, de los otros García, Mario y Gonzalo, de Fontes. Ben, el gallego finalista de los Mundiales de Doha y de los Juegos de Tokio, el único español en la historia del 800m que lo ha conseguido, también pasó a las semifinales de Múnich (viernes, 20.27), donde les esperan en la pelea por las ocho plazas de la final algunos de los mejores del mundo, encabezados por el campeón mundial de los 1.500m, Jake Wightman, el británico que derrotó a Jakob Ingebrigtsen en Eugene con un ataque largo, y a Katir y García Romo, que ha cambiado de prueba, y llega atómico a Múnich, después de correr un 1.000m en 2m 13,88s, y por el francés Gabriel Tual, el único europeo en la final de los 800m de Eugene. No el salmantino Álvaro de Arriba.

“No he querido forzar para no gastar balas de más”, dijo García. “He cogido la cuerda y he ido controlando, y aguantando golpes, pisotones y clavos. Hasta me han destrozado las zapatillas, pero tengo otro par. He centrado toda la temporada al aire libre en los Europeos, que es donde tengo más posibilidades. Era imposible preparar bien Mundial y Múnich, y llego perfecto”.

Después de Eugene, Mariano García, de 24 años, se quedó en su pueblo, en la cámara hipobárica de su casa, y se pasó también unos días por Segovia, donde tiene la novia. Allí, en las pistas dedicadas a la gloria del atletismo segoviano, Antonio Prieto, Taca, coincidió con el grupo de atletas entrenado por Arturo Martín, con la pareja Águeda Marqués (eliminada en las semifinales de 1.500m)-Adrián Ben, el amor siempre por delante, al frente. Estos entrenaban la velocidad, sobre todo, series de 500m que le tiraba a Ben, también de 24 años, su suegro, Tinín, en bicicleta. Ah, la familia. “En la serie me he dicho, otra vez no, otra vez, no. No quería repetir la frustración de Eugene, donde caía a la primera. Me faltaba velocidad en la última recta, me faltaba, y he buscado trucos para encontrarla”, explica Ben, tan feliz casi como García, eufórico al menos, y muy dicharachero. “He hablado con especialistas en 400m para saber cómo aguantan ellos la subida del ácido láctico, cuando sienten que no pueden dar un paso más y, sin embargo, lo hacen perdiendo muy poca velocidad, para no dejarme engañar por el dolor de piernas…”

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Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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