Sara Gallego y Pol Retamal, jóvenes y finalistas en los Campeonatos Europeos

La catalana, plusmarquista nacional de los 400m vallas a los 21 años, lidera en Múnich la nueva generación del atletismo femenino español, y el velocista pasa a la final de 200m

Sara Gallego, durante la semifinal de los 400m vallas de Múnich.
Sara Gallego, durante la semifinal de los 400m vallas de Múnich.Martin Meissner (AP)

Cuatro años después de haber debutado en un Europeo a los 17 años, la vallista de Barcelona Sara Gallego puede dar fe de que no es ninguna bobada ni ningún lujo contrario al mito de la excelencia la costumbre de seleccionar para los campeonatos de Europa, la puerta de entrada natural para los españoles en el gran atletismo, a jóvenes aun no poseyendo la marca mínima. Y Pol Retamal, de Vilafranca del Penedés, bien puede asentir a su lado, e, incluso añadir que un Mundial tampoco es mala cosa para los jóvenes.

Gallego, de 21 años, se clasificó por la mañana, para la final de los 400m vallas, la primera española que lo consigue en la prueba de moda del atletismo mundial desde Cristina Pérez en 1990. Horas después, cuando ya había escampado la tromba de agua que retrasó la jornada y dejó eléctrico el ambiente en el Estadio Olímpico, Retamal, de 23, se clasificaba para la final de 200m (viernes, 21.20), la prueba en la que Bruno Hortelano fue campeón en 2016.

“Qué gusto da comprobar que todas las metas que me pongo, aun las que hasta a mí me parecen locas, las voy alcanzando año tras año”, dice Gallego tres semanas después de regresar de su debut en los Mundiales de Eugene, donde su compañera de prueba Sydney McLaughlin dejó al mundo con la boca abierta,

De Gallego habla y no para, y siempre con admiración, cualquier técnico del atletismo español, de su seriedad, de su clase, de su cabeza. 2022 está siendo el año del gran despegue de la barcelonesa, de 21 años, entrenada por Àlex Codina en el CAR de Sant Cugat, que el 25 de junio, en Nerja, dejó el récord de España en unos magníficos 54,34s, la quinta marca europea del año y la cuarta mejor de las participantes.

La lista europea la encabeza la tremenda neerlandesa Femke Bol (52,27s), subcampeona del mundo tras la imposible plusmarquista McLaughlin (50,68s), que busca en Múnich un triplete insólito. Una vez cerrado el oro en los 400m lisos, y casi en el bolsillo el de las vallas, en las que es intocable, también buscará ganar el relevo 4x400m.

Las europeas que la siguen, la ucrania Anna Ryzhykova (54,25s) y la británica Carolina Krafzik (54,32s), están más al alcance de Gallego. “Y es lo más bonito, estoy creciendo justo cuando más crecen los 400m vallas en todo el mundo, y conmigo Carla García, que ya está en 56s, cuando antes en España costaba bajar del minuto”, dice la atleta. “Con el tiempo he aprendido muchas cosas, que las vallas no es solo cuestión de ser muy rápida en 400m, que es algo más, que todo es cuestión de ritmo, que hay que saber regular”.

Retamal pasa por tiempos, el último hueco, tras terminar tercero (20,38s) la tercera semifinal, ganada por el favorito italiano Filippo Tortu. La carrera, su magnífica curva de salida, su espléndido esfuerzo en la recta para adelantar finalmente el pecho por delante del eslovaco Ján Volko, finalista de los 100m. La centésima que le da el pase tiene quizás el valor simbólico de la reivindicación de su poder. Por una de las extrañas decisiones de la federación que tienen confundidos a los atletas, Retamal viajó al Mundial de Eugene, pero solo para participar en el relevo pese a que su ranking le habrían permitido inscribirse en el 200m, que vio desde las gradas. La final de Múnich será su acto de afirmación.

El día de las buenas noticias de los jóvenes sin telarañas en la cabeza lo culminó la clasificación de Lucía Pinacchio, de brillante provenir, para las semifinales de los 800m femeninos, una prueba en la que no hay finalistas españolas en un Europeo desde Mayte Martínez en Gotemburgo 2006. Para acercarse un poco pasando a semifinales, Pinacchio, de 19 años, debió bajar casi un segundo su mejor marca (la dejó en 2m 1,63s, ya acercándose a niveles de excelencia), y después de hacerlo le brillan los ojos, y se siente muy halagada cuando se le recuerda que ya hacía falta un puntal fuerte en el 800m femenino, una atleta que siguiera los pasos de la vallisoletana Mayte Martínez, medallista en el Mundial de Osaka 2007 al aire libre y en el Europeo de Múnich, justamente, hace 20 años, y Pinacchio no había ni nacido. “Hay que seguir ahí, hay que seguir ahí. Se necesita constancia para volver a esas marcas y seguir compitiendo igual”, dice la atleta de Arturo Martín, el entrenador también de Arturo Casado, el último español campeón de Europa de 1.500m, y de Fernando Carro, medallista del 3.000m obstáculos en los Europeos de Berlín 2018. “Lo tenía en mente, en cabeza toda la temporada, desde que competí por primera vez en 2.2 y luego lo volví a repetir. Sabía que para hacerlo solo necesitaba pasar en 58s los 400m y sentir que me achuchaba, no tener que correr sola como en España a esos ritmos, y, luego, aguantar la carrera. Cabeza fría, cuerda, paciencia…”

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Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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