El portero de Ecuador se marcha de Chile por hostigamiento tras la batalla legal de los dos países por una plaza en el Mundial

Hernán Galíndez, que había firmado el mejor contrato de su carrera con la ‘U’, denuncia episodios de acoso a su familia y se va al Aucas ecuatoriano

Hernán Galíndez, hace un año en la Copa América durante el Argentina-Ecuador.
Hernán Galíndez, hace un año en la Copa América durante el Argentina-Ecuador.Leco Viana (Cordon Press)

El portero Hernán Galíndez firmó a principios de 2022, muy cerca ya de cumplir los 35 años, el mejor contrato de su carrera, como confesó él mismo. Después de nueve temporadas en la humilde liga ecuatoriana, dio un pequeño salto hasta el Universidad de Chile, la conocida U, donde nada más llegar se convirtió en un fijo en el once. Y, poco después, coronó su ascensión tardía con el gran hito de su vida deportiva: clasificarse para el Mundial de Qatar con su selección de acogida, Ecuador. Originario de Rosario (Argentina), le bastó ese largo periodo en el torneo local del país para nacionalizarse (allí no son necesarios antecedentes familiares) y que se le abra el cielo ante la expectativa de disputar la Copa del Mundo del próximo otoño en el Golfo Pérsico.

Nada parecía fallar en la recta final de su trayectoria hasta que a Galíndez, según su testimonio, le explotó en la cara un problema imposible de prever: que entre Chile y Ecuador se desatara una batalla en los tribunales de la FIFA por una plaza en el Mundial y que a él le pillara en medio.

Chile, séptimo en la fase de clasificación de Sudamérica, denunció ante el máximo organismo internacional del fútbol la presunta alineación indebida en la Tri (cuarta) de Bryon Castillo. El país andino presentó documentación para probar que el lateral derecho de 23 años había nacido en Tumaco (Colombia), sin que luego mediara ninguna nacionalización, y por tanto reclamó que a Ecuador le quitaran los 14 puntos obtenidos en los ocho encuentros en los que participó Castillo. La reclamación, sin embargo, no fue atendida y, en ese clima excitado y de enfado, probablemente no había en ese momento en Chile un personaje público más vinculado a Ecuador que Hernán Galíndez.

Más allá de los insultos de personas anónimas a través de las redes sociales, la familia del guardameta sufrió varios episodios de hostigamiento, según revelan desde el entorno del jugador, que les hizo seleccionar con cuidado los lugares por los que se movían. No calificaron esos sucesos como “amenazas”, pero sí describieron escenas de acoso.

La incomodidad, aseguran ahora, se asentó en el clan Galíndez y en el propio portero. “Un día, cuando estaba con la selección, subí una foto a las redes, como siempre hago, para mostrar el orgullo que siento, y la gente, que no era de la U, creyó que les estaba retando por el fallo [de la FIFA] y me decían que me daba de comer un equipo de Chile”, desvelaba estos días.

El desencadenante

Pero lo que terminó de precipitar los acontecimientos fue un trance que al rosarino le tocó la fibra: el llanto de su hijo de cinco años en un centro comercial cuando varias personas, asegura, les gritaron: “Ecuatorianos tramposos, no van a ir a Mundial”. Ahí decidió poner pie en pared, llamó al club y pidió la salida inmediata del Universidad de Chile, donde era titular indiscutible en la primera mitad de campeonato.

La negociación entre las dos partes fue “atípica e incómoda”, según apuntan desde el lado del portero, porque no se trataba de un problema deportivo. Llegados a ese punto, además, la intención de Hernán Galíndez era plegar velas internacionales y regresar a su casa de Quito para estar, sobre todo, cerca de la selección. Con la Tri debutó hace apenas un año, acumula 11 partidos, pero se convirtió en fijo en la recta final de la fase clasificatoria y la posibilidad de jugar un Mundial ha abierto un horizonte inimaginable para él.

Después de entrenar una semana al margen del grupo, el destino fue el Aucas (a cambio de 240.000 euros), quinto clasificado en la primera vuelta de la modesta liga ecuatoriana (acaba de empezar la segunda). “Económicamente, bajó. Todo bajó. Pero hay cosas que la plata no puede comprar. Quería estar en el Mundial, que es lo más importante para un futbolista”, comenta una persona muy cercana al guardameta.

Chile no se rindió y apeló ante la FIFA, aunque esa batalla legal a Galíndez le pilla ahora al calor del hogar, lejos del cabreo andino. “Me equivoqué en irme allí. No salió como esperaba”, sentenció estos días tranquilo.

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