La Superliga, a los países contrarios a una competición cerrada: “Creen que la UEFA es solidaria, pero solo les da limosna”

Los abogados de las fuerzas en conflicto se enfrentan por la gestión del fútbol europeo ante el Tribunal de Justicia de la UE

Florentino Perez, y el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin.
Florentino Perez, y el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin.Mike Kireev/NurPhoto via Getty Images

El futuro del fútbol europeo se dirime desde este lunes ante el Tribunal de Justicia europeo, donde se enfrentan el modelo tradicional, liderado por la UEFA, con la alternativa en forma de Superliga planteada por una agrupación de clubes liderada por el Real Madrid con el respaldo fundamental del Barcelona y la Juventus. La vista celebrada en Luxemburgo, que concluye este martes, ha confirmado el choque frontal entre ambos bandos. La UEFA ha acusado a los grandes clubes, entre los que figuran el Real Madrid y el Barcelona, de querer montarse una competición privada para repartirse entre ellos los beneficios millonarios. La Superliga, en cambio, acusa a la organización futbolística de explotar un lucrativo monopolio del que abusa para frenar cualquier atisbo de competencia.

El primer duelo judicial entre la UEFA y la Superliga provocó la intervención, en la sesión de este lunes, de representantes de 21 países, incluida España. Según un abogado de la Superliga, la gran mayoría de países se manifestaron decididamente contrarios a la creación de una competición “cerrada”, al margen de la UEFA, dado que piensan “erróneamente”, que el formato secesionista no les garantiza los actuales estándares de solidaridad económica. “Se creen que la UEFA es solidaria porque les da un millón de euros, y eso no es solidaridad sino limosna”, señala esta fuente. “¿Desde cuándo los clubes de Lituania juegan en la Champions?”.

El conflicto será dirimido por la Gran Sala del Tribunal, compuesta por el presidente de la corte, el belga Koen Lenaerts, y otros 14 magistrados. Según las partes consultadas, el Tribunal tardará meses en pronunciarse y no es seguro que emita una resolución prescriptiva, con un mandato claro, o meramente indicativa para que luego sea la Justicia de cada país la que aplique la norma en virtud de los criterios que se indiquen. El caso reviste un carácter eminentemente español, hasta el punto de que la audiencia se ha celebrado en español con interpretación simultánea a otras lenguas de la UE. Y es que la Superliga se registró como sociedad en España, su presidente es Florentino Pérez, presidente del Madrid, y su vicepresidente es Joan Laporta, presidente del Barça. Ambas partes han estado defendidas por abogados españoles, entre otros. En el lado de la Superliga ejercía Miguel Odriozola, del despacho Clifford Chance; en el de la UEFA, Helmut Brokelmann, uno de los socios directores del despacho madrileño MLAB; y por la FIFA, Álvaro Pascual, del despacho Baño León.

La vista es el primer paso a nivel europeo del pleito que estalló en abril de 2020, cuando los clubes agrupados en la compañía European Super League anunciaron el lanzamiento de una nueva competición futbolística europea reservada solo para 20 clubes. La propuesta provocó un alud de protestas y condenas por parte de la UEFA y la FIFA, de otros clubes y aficionados, de autoridades nacionales y europeas, y hasta logró superar la brecha del Brexit y poner de acuerdo a Londres y Bruselas en el rechazo tajante a la iniciativa.

Ante la dura reacción, los promotores de la Superliga se replegaron a sus cuarteles de invierno a la espera de mejores tiempos para retomar la ofensiva. Pero mantuvieron viva la llama por la vía judicial, presentando una demanda contra la UEFA (Unión de Federaciones Europeas de Fútbol) y la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) ante el Juzgado de lo Mercantil número 17 de Madrid. La Superliga reclamó a la justicia española que declarase a ambas organizaciones culpables de abuso de posición dominante, de impedir la libre competencia con restricciones desproporcionadas y que se les ordenase poner fin a todas sus acciones encaminadas a abortar el nacimiento de la nueva competición.

“El Real Madrid ganó la Champions, pero no olvidemos que perdió en casa contra el Sheriff Tiraspol con un gol en el último minuto de un jugador luxemburgués”, recordó la defensa de la UEFA. “¡Imagínense el impacto de esta increíble victoria para los niños en Moldavia y Luxemburgo!”

Dada la envergadura del caso, el juzgado madrileño remitió una consulta prejudicial al Tribunal de Justicia de la UE, un procedimiento habitual cuando los jueces nacionales tienen dudas sobre la interpretación de las normas comunitarias. En este caso, el magistrado encargado preguntó a la Corte con sede en Luxemburgo si las normas de la UEFA y de la FIFA que supeditan a su autorización el lanzamiento de nuevas competiciones son compatibles con los artículos del Tratado de la UE sobre libre competencia.

La UEFA ha planteado el juicio en Luxemburgo como una batalla entre ella, en el papel de David defensor del fútbol de base, y una banda de Goliats dispuestos a apropiarse del deporte más popular del continente europeo y uno de los pocos elementos culturales que une a los ciudadanos europeos por encima de fronteras, idiomas o banderas. “El Real Madrid ganó la UEFA Champions League este año, pero no olvidemos que al comienzo de temporada perdió en casa contra el equipo moldavo Sheriff Tiraspol con un gol en el último minuto de un jugador luxemburgués”, ha recordado la defensa. Y enfatizaba de remate: “¡Imagínense el impacto de esta increíble victoria para los niños en Moldavia y aquí en Luxemburgo!”.

Para la UEFA, la ilusión de los clubes modestos y de sus aficionados hubiera tenido los días contados si la liga de gigantes impulsada por Florentino Pérez hubiera prosperado. ”La Superliga habría asestado un golpe fatal al modelo deportivo europeo, un modelo respaldado sistemáticamente por la Comisión Europea, el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo”, proclama el argumentario de la defensa de la UEFA al que ha tenido acceso EL PAÍS. “Es este modelo el que ha convertido a Europa en el mejor lugar del mundo para jugar y disfrutar el fútbol. La UEFA está aquí para defenderlo”, remata ese mismo texto, base de la intervención oral durante la vista.

Los abogados de la organización que preside Aleksander Ceferin han subrayado que la UEFA percibe el 6,5% de los ingresos netos procedentes de sus competiciones, lo que en el ejercicio de 2022 equivale a 190 millones de euros. “Comparemos esto con los ingresos colectivos de los clubes de la Superliga, de más de 6.000 millones de euros”, remacha la defensa del fútbol tradicional. La UEFA insiste, además, en que sus ingresos se destinan principalmente al desarrollo del fútbol base.

Miguel Odriozola, en nombre de la Superliga, abrió el turno de alegaciones señalando que la UEFA ejercía un poder perverso en su condición múltiple de regulador del fútbol, organizador de torneos y administrador del negocio. “La UEFA nunca permitirá una liga rival”, dijo Odriozola, atacando la nueva regulación del organismo europeo, que pretende abrirse a la gestación de nuevas competiciones de clubes. “La UEFA ya declaró su intención de prohibir la Superliga antes de conocer cualquier aspecto del proyecto. Siempre prohibirá la Superliga porque la UEFA tiene un conflicto de intereses”.

“¿Es el Tour de Francia contrario a la dimensión europea del deporte porque lo organiza una empresa privada?”, cuestionó Fernando Irurzun, promotor de la Superliga

Fernando Irurzun, representante de A22, empresa que promueve la Superliga, defendió ante el tribunal el carácter europeo de las compañías privadas cuando gestionaban deportes culturalmente arraigados en la comunidad. “Si hablamos de un supuesto modelo europeo y nos fijamos en otros deportes, la conclusión es que mayoritariamente la organización de competiciones profesionales de clubes no la llevan a cabo las federaciones internacionales”, dijo Irurzun, “así es en el ciclismo, el baloncesto, el motociclismo, el automovilismo, el pádel, el golf, el tenis... En el rugby, un torneo de selecciones como el Seis Naciones es organizado por una empresa participada por un fondo de inversión. La UEFA prefiere hablar de su modelo europeo porque su posición tiene poco que ver con la dimensión europea. Vayamos al ciclismo: ¿Es el Tour de Francia contrario a la dimensión europea del deporte porque lo organiza una empresa y tiene derecho a invitar a varios de los equipos participantes por motivos distintos al mérito deportivo?”.

En cuanto a los argumentos jurídicos, la defensa de la UEFA ha recordado que los tratados europeos reconocen la “especificidad” del deporte por su importante función social y educativa. Y que no se trata de una organización autoproclamada, sino que es fruto del acuerdo de 55 asociaciones nacionales. En cuanto a las normas para autorizar la aparición de competiciones alternativas, la defensa asegura que sin ellas “surgirían formatos, calendarios y estándares contradictorios que convertirían el fútbol europeo en una anarquía”.

Pero la especificidad del deporte no siempre ha eximido a los organizadores de cumplir con las normas de competencia. Este mismo lunes y en la misma sala del Tribunal en que se ha celebrado la vista sobre el fútbol, ha tenido lugar otra audiencia sobre un caso relacionado con el patinaje artístico y el patinaje de velocidad. En 2017, la Comisión Europea consideró que las normas de la Unión Internacional de Patinaje (UIP), un órgano equivalente a la UEFA o la FIFA en ese deporte, eran incompatibles con el derecho europeo de la competencia porque impedían que los patinadores participasen libremente en competiciones organizadas por terceros. La UIP recurrió la decisión de la Comisión ante el Tribunal General de la UE, que ratificó el dictamen de Bruselas. Este lunes se ha celebrado la vista de un nuevo recurso de la UIP, esta vez en casación. El veredicto definitivo sobre el patinaje podría sentar un precedente para un resbalón de la UEFA o una caída irremisible de la Superliga.

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