Juanpe López, esperanza para el ciclismo español, conquista el color blanco del Giro de Italia

Los veteranos españoles cumplen a su nivel habitual una carrera en la que el ciclista de Lebrija ha dado el gran salto

Juanpe López, en el podio de Verona.
Juanpe López, en el podio de Verona.LUCA BETTINI (AFP)

Está el Giro de los optimistas eternos del ciclismo español, que, cuando les apuntan que, desde que Ion Izagirre ganara la etapa de Formigal de la Vuelta del 20, ningún ciclista español ha ganado ninguna de las 96 últimas etapas de las tres grandes, Giro, Tour y Vuelta, prefieren señalar la clasificación general –tercero, Landa, 32 años; quinto, Bilbao, 32 años; noveno, Juanpe, 24 años, y 11º, Valverde, 42 años–, y resumen el Giro como lo hace Eusebio Unzue: “Nuestros veteranos han estado muy bien, siguen entre los mejores, y, a la vez, preparando el relevo y dejando la puerta abierta a los que vienen, representados por Juanpe, quien, después de llevar superdignamente la maglia rosa 10 días, acaba entre los 10 primeros y mejor joven”.

Para los más realistas, el análisis voluntariamente benigno olvida, al valorar el buen puesto en la general de los tres veteranos, la especie de inversión térmica que se produjo en el Giro quizás más aburrido de las últimas décadas: los ciclistas más brillantes –la generación Van der Poel, Girmay, Kämna, Covi…– se olvidaron de la general y se dedicaron a descansar un día y atacar el siguiente. Fue el Giro del triunfo de las fugas casi todos los días grandes, y en ellas nunca estaban los españoles, salvo Antonio Pedrero, que, con otros veteranos, luchaban en la general.

Landa acabó tercero, como hace siete años, pero diferente. En 2015 creó expectativas. Anunció un ciclismo nuevo, de ataque. Dos etapas victoriosas, un ataque que dejó al borde del KO a Contador, ganador final. En 2022, el podio lo ha conseguido sin más brillo que el de su capacidad de estar ahí, un pasito por detrás de dos, un paso por delante de todos los demás, durante tres semanas de mayo, de Budapest a Verona. A su rueda, Bilbao, fue quinto como hace dos años, pero en 2019 ya había ganado dos etapas. Solo lleva nueva luz Juanpe, el primer español que se lleva la maglia blanca de mejor joven. “Este Giro ha sido un salto en mi vida”, dice el ciclista de Lebrija vestido de un color que más que de esperanza, y también, es señal de que el proceso de trabajo paciente que dirige Josu Larrazabal en su Trek, que crezcan si prisa y vayan cubriendo etapas poco a poco, es el camino correcto. “El siguiente paso será que logre no solo estar con los mejores en los momentos más importantes, sino que empiece ya a atacarlos en montaña”, dice Larrazabal. “Y seguir trabajando más la contrarreloj. Pero con calma todo”.

“Puede ser que este Giro suponga un antes y un después, pero seré el mismo”, promete el ciclista lebrijano, que ya tiene la cabeza puesta en su siguiente objetivo, la Vuelta. “Un Giro especial, para no olvidar nunca… 10 días en rosa, el maillot blanco… Muy bonito, y el recuerdo del Etna, cruzar la meta y que te digan que eres maglia rosa, sin palabras”.

Más correcto, en todo caso, que la filosofía que en la RAI propone con altas voces Mario Cipollini, el gran sprinter italiano, para solucionar la aparente crisis de su país –Nibali, 37 años, cuarto; Pozzovivo, 39, octavo, sus mejores en la general–, y, no solo eso, también un ciclismo con corredores que se olvidan del instinto y solo siguen, corderitos, las directrices miedosas y calculadoras de sus directores. “Italia tiene que crear un gran equipo”, dice Cipollini. “Y hacer las cosas a la italiana. No olvidemos que los dos grandes creadores del mejor ciclismo, de la matemática del ciclismo, fueron italianos, los doctores Conconi y Ferrari”. Y al oír tan alto los nombres de los dos magos de la EPO, aparentemente ya olvidados, la sala de prensa, superado el escalofrío inicial, romper a reír en carcajadas.

En cuanto a la actuación de su Movistar, tan invisible el mismo equipo que en 2019 llevó a Carapaz a la victoria brillante, y al día siguiente perdió a Landa, a Carapaz, a Nairo, a todas su figuras, Unzue matiza. “Hemos venido con Valverde, a acompañarle en su última carrera, y lo ha cumplido dignamente”, dice. “En cuanto a Iván Sosa, del que esperábamos mucho, las alergias tan brutales que ha sufrido le han impedido estar a su nivel y al de nuestras expectativas”.

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Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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