Jacopo Guarnieri, el ciclista contra los ultranacionalismos: “Confío en que los jóvenes se levantarán contra esa mierda”

El ciclista del Groupama desafió las leyes húngaras exhibiendo la bandera del movimiento transexual en la presentación del Giro de Italia en Budapest: “Fue un gesto silencioso, pero no tan silencioso, en el fondo”

Jacopo Guarnieri, a la izquierda, levanta el brazo izquierdo con el brazalete transexual.
Jacopo Guarnieri, a la izquierda, levanta el brazo izquierdo con el brazalete transexual.

El ciclista del Groupama Jacopo Guarnieri (Vizzolo Predabissi, Milán, 1987), el último hombre del sprinter Arnaud Démare, añadió hace años una bandera arcoíris a su perfil de Twitter. Para él entonces no era más que un signo de paz. Cuando le explicaron el valor del símbolo para la comunidad LGBTQ+, no solo la mantuvo sino que se añadió la lucha contra la homofobia y la transfobia en parte de su discurso público, también centrado en la denuncia del racismo, la defensa de los derechos de los inmigrantes, de los derechos de todos los amenazados por el ascenso de la ultraderecha en el mundo. Su último gesto fue lucir en alto un brazalete con los colores azul, rosa y blanco, la bandera de las personas transexuales en la presentación de los equipos del Giro del Italia en la plaza de los Héroes de Budapest, la capital de un país, Hungría, en el que una ley limita gravemente los derechos de la comunidad LGBTQ+ y prohíbe hacer “propaganda” de sus derechos. “Fue una especie de mensaje silencioso”, dice en una entrevista a EL PAÍS en el terreno más seguro de Sicilia. “Pero no tan silencioso, en el fondo”.

Pregunta. ¿El gesto fue una decisión en caliente? ¿Un impulso?

Respuesta. No. Para nada. Estuve dándole vueltas a la idea de hacer algo desde bastante antes del Giro, por lo menos desde que se aprobó la ley contra los homosexuales, a mediados de 2021. Y luego, en diciembre, hablé con Attila [Valter, ciclista húngaro del Groupama] y le pregunté cuál era el sentimiento de la gente en su país… Sí, llegué al Giro ya decidido a hacer algo.

P. ¿Y por qué eligió un brazalete transexual, justo una comunidad a la que las leyes del deporte están marginando en cierta manera?

R. En realidad, al principio pensé en hacer algo con la bandera arcoíris, pero, justo antes de venir al Giro un amigo me dio este brazalete con los colores de la bandera del movimiento transexual y me contó la polémica vivida en los mundiales de ciclocross que se celebraron en Fayeteville (Arkansas, EEUU), un estado que justo en diciembre había aprobado una legislación privando de derechos a las personas trans, y a las que la Unión Ciclista Internacional (UCI) no amparó durante los Mundiales. No sabía qué hacer para mostrarles mi apoyo, pero pensé que un brazalete es algo sencillo de ponerse, así que decidí mostrarlo en la presentación. Fue una especie de mensaje silencioso, pero no tan silencioso, en el fondo.

P. ¿Era consciente de que el asunto podría haber acabado mal, ya que su gesto está prohibido por las leyes húngaras?

R. Sí, por supuesto, claro que sabía el riesgo que corría. No somos ni superhéroes ni intocables, pero no pueden decirle a un extranjero que no puede llevar en público una cosa tan mínima como un brazalete azul, rosa y blanco. Me aproveché en cierta forma de que estaba en una situación un poco más segura, sí. Pero, por supuesto, sí que pensé que estaría cabreando a algunos. No hablo tanto de políticos o gobernantes, sino de algo más público. ¡Hasta pensé que durante la contrarreloj alguien podría acercarse y darme un puñetazo! Pero un puñetazo es algo que puedo aguantar, así que me dije, ¿por qué no? Después de todo es Europa, así que interiormente estaba seguro de que podría hacer llegar el mensaje sin arriesgarme en exceso.

P. Habla de Europa como un espacio de libertad, ¿pero no cree que esa libertad está amenazada por el ascenso de los partidos racistas y homófobos de la ultraderecha?

R. Esto tiene que ver también con la política, claro, porque este sentimiento homofóbico está muy unido al ascenso de los partidos de extrema derecha en todos los países. Por lo menos en Francia, solo de momento, somos afortunados. Pero sí, este sentimiento ultranacionalista, esta mierda, está creciendo. Tengo confianza en que las nuevas generaciones cambiarán, si no por sensatez, sí porque quieren libertad.

P. Muy optimista, ¿no?

R. Estoy seguro de que según pasen los años más y más personas querrán implicarse en esta lucha. Es una lástima que algunos políticos quieran usar la situación actual, la pandemia, la guerra, estas cosas, para apuntar con el dedo a un problema que no existe. Pero confío en que los jóvenes se levantarán contra ello.

P. ¿Cómo ha reaccionado el pelotón del Giro, ciclistas, dirigentes, técnicos, a su mensaje?

R. No me ha llegado ninguna reacción de otros corredores. Parece que a ninguno le preocupó o se sintió con ganas de decirme algo. Vi que fue muy bien recibido en las redes sociales, y ello me hace pensar en el tuit que hice [Apparently if you share love (and respect), you get love ‍⚧️, aparentemente cuando compartes amor (y respeto) recibes amor]. Cuando compartes un mensaje positivo, de inclusión, tienes respuestas positivas. Me encantó tener tanto apoyo, me hizo superar mis dudas por haber hecho lo que hice. Puedo decir que mereció la pena. Pero ni corredores ni equipos ni la organización del Giro han dicho nada, bueno o malo.

P. Claro, es una forma de convertir las redes en un lugar de diálogo, no de odio.

R. Se trata siempre de buscar apoyo donde puedas encontrarlo. No merece la pena tratar de convencer a un antivacunas de que se vacune, es mejor convencer a la gente de ello. Probablemente, los demás corredores están de acuerdo con mi mensaje, pero no me dijeron nada, así que quién sabe.

P. Quizás, después de todo, el Giro quizás habría hecho mejor no saliendo de Hungría…

R. Es complicado decir si el Giro se equivocó al organizar su salida en Hungría. Hay muchos factores que cuentan. Se tomó la decisión de ir hace tres años, cuando esta ley todavía no existía. Como no soy un organizador, no sé lo que hay detrás de todo. Pero mirando el lado bueno puedo decir que fui y los desafié mostrando mi apoyo a los perseguidos. Es complejo… es una mezcla de aislamiento y lucha desde dentro… Trato de ser 100% honesto conmigo mismo. Hay muchos sitios a los que no deberíamos ir. Es muy difícil encontrar un equilibrio entre luchar por lo que yo creo que es justo y tratar de sobrevivir haciendo mi trabajo. Y siempre será sí. No es mi papel decidir qué hay detrás de esto, pero puedo tener mi opinión personal sobre ello. Por un lado, siempre es justo cumplir un contrato, pero por otro, quizás no.

P. Pero habrá quién le acuse de una cierta hipocresía. Protesta en Hungría pero no en otros lugares, e, incluso, puede que algunos de los que le pagan el sueldo despierten dudas sobre este asunto…

R. No es fácil ser coherente, pero en este tema y en muchos otros vamos avanzando en la buena dirección. No es fácil estar de acuerdo al 100% con uno mismo, con tus actos y con tu moral.

P. Y durante el Giro pasará por regiones en las que los políticos más populares son los ultraderechistas Matteo Salvini o Giorgia Meloni

R. Respecto a la situación italiana, la extrema derecha está intentando aprovecharse de este momento para acusar a otros. A ellos no les gusta la gente del sur, los terrone, pero necesitan su apoyo, así que, de repente, les aman. Pero no son mayoría en ninguna parte. Y me encanta que haya un sentimiento contra ellos en toda la península. Salvini se ha ido para siempre, gracias a Dios, y espero que con Meloni pase lo mismo. Siempre he dicho que no vale para nada hablar de ellos, aunque sea para insultarles. Prefiero lanzar mensajes positivos, poner el foco en otro lado.

P. Usted es una excepción, ¿por qué cree que los deportistas o son muy conservadores o se mantienen mudos en el debate social?

R. Digamos que hay mucha gente en Fórmula 1 que está haciendo pública su opinión en estos temas, pero no creo que haya solo una razón para que el ciclismo esté mudo. Algunos colegas puede que no tengan ninguna idea formada, otros pueden estar en contra… no hay una sola cosa. Personalmente, yo siempre he hablado muy claro de mis ideas, y no me asusta proclamarlas. Cuando hay respeto, si otros no están de acuerdo conmigo, siempre podemos hablar de otras cosas. Después de todo, únicamente soy una persona, no un experto en política internacional o lo que sea. Intento ser positivo. No tengo una solución por lo que está pasando en Hungría, pero puedo compartir mi apoyo a las personas transexuales.

P. ¿Ha leído el libro de Guillaume Martin, otro ciclista excepción, sobre el pelotón? ¿Ha hablado con él?

R. No, no he hablado nunca con Guillaume, pero creo que es una persona interesante. No sé si su libro ya está traducido al italiano porque sí que hablo francés, pero leerme todo un libro en francés puede ser difícil.

Puedes seguir a EL PAÍS Deportes en Facebook y Twitter, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites

Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS