Cruel desenlace de España en la final del Europeo de balonmano

Un penalti transformado por Suecia con el tiempo cumplido ahoga a la selección, que se queda sin la triple corona continental consecutiva (27-26)

Niclas Ekberg bate desde los siete metros a Gonzalo Pérez de Vargas con el tiempo cumplido en la final del Europeo.
Niclas Ekberg bate desde los siete metros a Gonzalo Pérez de Vargas con el tiempo cumplido en la final del Europeo.ATTILA KISBENEDEK (AFP)

España se quedó a un paso del cielo, frenada en seco con un portazo en las narices. Después de un Europeo que ni soñado, presente en una final que costaba imaginar solo dos semanas antes, acabó sin el oro de la peor forma, con un penalti transformado por los nórdicos con el tiempo cumplido. En la última posesión de un encuentro claustrofóbico, todo quedó abocado a un duelo desde los siete metros en la noche de Budapest entre Niclas Ekberg y Gonzalo Pérez de Vargas.

El primero había abandonado el confinamiento por covid este domingo por la mañana y solo apareció en pista el tiempo justo (1 minuto y 20 segundos) para lanzar cinco penaltis (falló uno, pero cazó el rechace). El segundo había salido un rato antes para tratar de suturar las heridas de una portería que sangraba. No perdonó el nórdico, que liquidó al toledano con un lanzamiento terminal por arriba. Cosas de la vida, seis años antes, los mismos protagonistas se citaron en otra acción tan dramática o más: a falta de cinco segundos para la conclusión del torneo preolímpico de Río, el sueco batió también al español y dejó a la selección sin Juegos en el mayor trauma para toda una generación.

En el desenlace español todo se movió alrededor de Joan Cañellas, el jugador que ha vivido 15 días en una noria de emociones, entre subidones, frustraciones y reivindicaciones tras un pasado reciente que le dejó sin ir a Tokio. Todo lo que ocurrió en el último minuto pasó por él. A él le pitaron los siete metros decisivos por una penetración de Albin Lagergren que no encontró muchas quejas más allá del lamento desesperado del catalán. Y, unos segundos antes, un lanzamiento suyo acabó manso en las manos de Andreas Palicka, aunque, ahí sí, reclamaron los de Jordi Ribera falta sobre él. No fue sancionada y todo se condujo a un último ataque sueco de 19 segundos.

Su líder, Jim Gottfridsson, nombrado horas antes el MVP del torneo, tomó la palabra en el tiempo muerto previo por encima del seleccionador y ordenó a los suyos las maniobras a voz en grito. La escena, por conocida, no dejó de sorprender en un momento tan crítico. De vuelta a la acción, la pelota le llegó a Lagergren, encontró a Cañellas hundido y el dedo de los árbitros señaló al punto fatídico. Más que nunca para España. Suecia, que había comenzado el partido dando vida a la selección con dos fallos seguidos desde ese punto, terminó levantando el trofeo con un penalti.

La selección había vuelto a hacer de las suyas cuando ya solo colgaba de una mano del choque. A falta de cuatro minutos, perdía por dos y Suecia atacaba. La posesión tuvo todo el aire de un match ball, pero los nórdicos se la dejaron por el camino y España repitió otro de sus renaceres agarrados a la defensa. Empataron Figueras y Cañellas (26-26), Suecia colapsó de nuevo en ataque, y a la selección le quedó un minuto para vencer. Sin embargo, el lanzamiento de Cañellas acabó en el limbo entre quejas. Tan cerca y, esta vez, tan lejos.

Después de la gesta en semifinales ante Dinamarca, España aspiraba a subir otro peldaño en la historia: ganar su tercer título europeo seguido, algo que solo había logrado, precisamente, Suecia (1998, 2000 y 2002). Los nórdicos conservaron ese honor y regresaron a lo más alto de un campeonato 20 años después. Exuberantes en los noventa, poco a poco se fueron perdiendo por el camino (su último título databa del Mundial 2002) hasta que este 2022 regresaron a la cima. A media tarde, Dinamarca se quedó con el bronce tras derrotar a Francia (32-35) en la prórroga.

Veteranos a escena

El primer paso del partido lo dio la portería de Suecia. Ahí andaba Andreas Palicka, sin duda, entre la aristocracia bajo palos. Y se hizo presente nada más arrancar con un puñado de intervenciones que sirvieron para poner a los suyos en ventaja. Los nórdicos detenían atrás y corrían adelante. Ese era el plan y lo cumplían. Su único problema, paradójicamente, eran sus errores desde los siete metros, dos seguidos de Hampus Wanne (otro que acababa de desconfinarse).

A España le había costado durante el torneo poner el motor en marcha, y la última etapa no fue la excepción. Pero ningún equipo como ella para corregirse. Agradecida por los errores ajenos, fue encontrando sus propias soluciones: dando con un eficaz Ángel Fernández en el extremo izquierdo, con la pericia de Adrià Figueras en el pivote y con Tarrafeta picoteando desde el central en alianza con Cañellas. Llegó a tener Suecia posesión para una diferencia de tres tantos (11-9) y acabó el primer acto por detrás (12-13) porque su ataque se había pasado casi ocho minutos a oscuras y la producción de Palicka ya no era la misma.

La segunda parte se estrenó al ritmo de Tarrafeta, que sumaba sin fallo y asistía al pivote hasta de espaldas. En la otra costa respondía Bergendahl. Era un intercambio de golpes en el que parecía sentirse más cómoda España, que atrapó una ventaja de dos goles (14-16), nada despreciable con un tanteador bajo. Los novatos mandaban en España: Tarrafeta y Casado se hicieron los dueños.

Viniendo desde atrás, el panorama era alentador para los muchachos de Jordi Ribera, pero el encuentro no se rompió y la final se encaminó hacia un callejón opresivo. Figueras percutía desde los seis metros y Gottfridsson dirigía ante la desesperación del seleccionador español, que pedía más atención. Las porterías no pesaban mucho, aunque la sueca tenía un punto más. Corrales, sin aciertos que llevarse a la boca en 15 minutos, le dio el relevo a su amigo Pérez de Vargas, que sí se apuntó alguno, pero nada diferencial.

Con las piernas agarrotadas y Suecia a punto de romper el choque con esos dos goles de diferencia, el técnico español se jugó las lentejas con todos los veteranos en escena. Replegó a Casado y Tarrafeta, y dio carrete a Sarmiento. Así volvieron los Hispanos a la vida tras verse casi noqueados. Hasta que murieron cruelmente en la orilla. Otra vez con Ekberg en el papel de liquidador ante Pérez de Vargas.

Suecia, 27 - España, 26

Suecia: Palicka (1); Chrintz (1), Lagergren (1), Bergendahl (5), Carlsbogard (2), Gottfridsson (3) y Wanne (4) —equipo inicial—; Thulin (ps), Darj (1), Ekberg (5, 4p), Daniel Pettersson (2), Fredric Pettesson (-), Claar (2), Pellas (-), Persson (-) y Wallinius (-).

España: Corrales; Aleix Gómez (6, 4p), Maqueda (1), Sarmiento (-), Casado (1), Ángel Fernández (4) y Figueras (6) —equipo inicial—; Pérez de Vargas (ps), Gurbindo (-), Peciña (-), Cañellas (1), Ariño (-), Gedeón Guardiola (2), Tarrafeta (5), Migallón (-) y Odriozola (-).

Marcador cada cinco minutos: 2-1, 5-3, 6-6, 9-7, 11-10 y 12-13 (Descanso) 15-16, 18-18, 21-21, 23-22, 26-24 y 27-26 (Final).

Árbitros: Schulze y Tonnies (GER). Excluyeron por dos minutos a Darj, Carlsbogard y Claar por Suecia; y a Aleix Gómez, Migallón y Peciña (2) por España.

MVM Dome (Budapest): 15.000 espectadores.

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