Lo futbolístico es político

El sociólogo Ramon Usall plantea un viaje por el planeta a través de 47 equipos. Un trayecto que comienza, igual que el fútbol, en las islas británicas

Portada del libro Futbolítica.
Portada del libro Futbolítica.

La personalidad de los clubes de fútbol se construye a través de décadas y décadas de historia. Los ingredientes de un cóctel formado por sus orígenes, las decenas de miles de almas que los han animado, las directivas que han regido sus destinos o el papel que jugaron en momentos históricos para sus comunidades, hacen que el nombre de los equipos vaya asociado a una serie de valores que sumarían algo parecido a una ideología o forma de entender la vida. El balompié es un elemento muy interesante para explicar las sociedades. Por ejemplo: todos los países del mundo con algún tipo de tensión territorial tienen su Madrid-Barça. Al adentrarse en la singular historia —y presente— de algunos clubes, se descubre también la historia contemporánea de sus países o territorios.

En Futbolítica (Altamarea), el sociólogo Ramon Usall plantea un viaje por el planeta a través de 47 equipos. Un trayecto que comienza, igual que el fútbol, en las islas británicas. Lo hace con la historia de un club nacido en una parroquia de Manchester con el objetivo de evitar el distanciamiento entre la iglesia y los jóvenes. Con un marcado carácter obrero y comunitario. Y cuya historia cambió en 2008 al pasar a ser propiedad de un jeque árabe.

El viaje descubre historias como la del Sport-Club Tasmania, un equipo berlinés cuyo nombre surgió a partir de una discusión de bar entre marineros. Una concatenación de hechos hizo que, en 1965, la Bundesliga se quedara sin un representante de Berlín en plena Guerra Fría. La geopolítica obró el milagro y, 15 días antes del inicio de la competición se informó al Tasmania de que jugaría en la máxima categoría. Otra cosa fueron los resultados: últimos, con 8 puntos, 15 goles a favor y 108 en contra. Y ahí ya sí que ni geopolítica ni nada. Descenso.

También reivindica, una vez más, el papel aglutinador del fútbol. Con el ejemplo del Al-Wehdat Sports Club, que recogía las ilusiones —y las frustraciones— de miles de refugiados palestinos en Jordania. Después de muchas batallas campales, de vaivenes en la gestión del club y de prohibiciones de exhibir banderas de Palestina en las gradas, sus triunfos se han seguido celebrando en el campo de refugiados del mismo nombre, así como en Cisjordania o en Gaza. “Un día, cuando los palestinos no teníamos voz, el Al-Wehdat era nuestra voz”, llegó a decir Yasir Arafat.

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Sobre la firma

Pedro Zuazua

Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo, máster en Periodismo por la UAM-EL PAÍS y en Recursos Humanos por el IE. En EL PAÍS, pasó por Deportes, Madrid y EL PAÍS SEMANAL. En la actualidad, es director de comunicación del periódico. Fue consejero del Real Oviedo. Es autor del libro En mi casa no entra un gato.

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